Lenguaje y pensamiento

creenciasPor J.B.

El lenguaje humano es el único que posee universalidad semántica o la capacidad de producir un número ilimitado de mensajes nuevos sin pérdida de eficiencia informativa. Por contraposición a las llamadas del gibón, por ejemplo, el lenguaje humano tiene un potencial ilimitado de productividad.

Uno de los medios más importantes de alcanzar esta productividad es la arbitrariedad de los elementos que transmiten la información. A pesar de la importancia de la herencia genética para adquirir el habla, los lenguajes que se hablan en la realidad dependen totalmente de la endoculturación; además, las palabras en general carecen de una semejanza física o iconográfica con sus referentes.

Otro componente importante en el logro de la universalidad semántica es la dualidad de organización. Esta alude al uso de elementos codificadores arbitrarios en diferentes combinaciones para producir distintos mensajes. Los elementos codificadores básicos del lenguaje humano son los fonemas o clases de fonos contrastantes. Un fonema consiste en un conjunto de alófonos que contrastan respecto a los alófonos de otros fonemas. Las distintas lenguas tienen repertorios ampliamente diferentes de fonos, fonemas y alófonos. Ninguno de estos elementos porta significado en sí mismo.

La dualidad de organización es ilustrada por la combinación de fonemas en morfemas, que son las unidades mínimas de sonido con significado. Los morfemas son clases de fonemas y comprenden formas variantes llamadas alomorfos. Los morfemas pueden ser libres o ligados, dependiendo de si aparecen solos y constituyen locuciones, bien formadas.

La capacidad de enviar y recibir mensajes en un lenguaje humano depende de la existencia de reglas compartidas para combinar los fonemas en morfemas y éstos en oraciones. Estas reglas forman parte de la gramática de una lengua. Normalmente, se sitúan en un plano inconsciente. En el nivel fonémico, especifican las combinaciones permitidas y prohibidas de fonemas; en el nivel morfémico, especifican las secuencias de morfemas y alomorfos que requieren las locuciones bien formadas. Tales reglas se llaman sintaxis. El conocimiento de las reglas de la sintaxis nos permite construir locuciones totalmente nuevas y, sin embargo, comprensibles. Una teoría que explica esta propiedad de la sintaxis es que existe una estructura profunda a la que se pueden reducir locuciones superficialmente diferentes. Las oraciones nuevas son transformaciones de estas estructuras profundas y se pueden comprender recurriendo a sus componentes subyacentes.

Los recientes experimentos con simios han ayudado a esclarecer qué aspectos de la universalidad semántica humana están genéticamente determinados y cuáles se deben al uso de capacidades de aprendizaje compartidas con otros hominoides. El adiestramiento con el Ameslan ha sido especialmente revelador y ha acortado la diferencia entre simios y humanos. Los chimpancés y gorilas muestran capacidades inesperadas para la arbitrariedad, la productividad y el aprendizaje de reglas gramaticales. Los estudios sobre criaturas humanas muestran que es la gran capacidad general de aprendizaje, y no una estrecha programación instintiva, la que determina los pasos dados en la adquisición del lenguaje.

Todas las lenguas humanas son mutuamente traducibles y no hay pruebas de que algunas dispongan de gramáticas más eficientes que otras. Las categorías y vocabularios difieren ampliamente, pero estas diferencias no indican un defecto intrínseco en una lengua, ni tampoco una inferioridad intelectual por parte de los hablantes. Las categorizaciones generales y específicas, como en los números, las clasificaciones de plantas y los términos para los colores, reflejan la necesidad práctica de hacer distinciones generales o específicas bajo condiciones culturales y naturales concretas.

El punto de vista de que algunos dialectos de lenguas estándar son formas de habla «inferiores» refleja prejuicios étnicos y de clase. Dialectos tales como el inglés vulgar de los negros no inhiben un pensamiento claro y lógico.

Los intentos de mostrar que las diferencias en la gramática determinan cómo piensa y se comporta la gente en diferentes culturas no han tenido éxito. Existen muy pocas correlaciones, si es que hay alguna aparte del vocabulario, entre el lenguaje y las principales formas de adaptaciones demográficas, tecnológicas, económicas, ecológicas, domésticas, políticas y religiosas. Esto no significa que ciertas categorías y estructuras lingüísticas obligatorias, como las referentes al sexo, edad y diferencias de clase, sean aspectos triviales de la vida sociocultural. Hay que considerar y examinar con seriedad estos aspectos del lenguaje por sus posibles efectos perjudiciales.

Las lenguas, como todos los demás aspectos de la cultura, están sujetas a un cambio constante como consecuencia de procesos internos y externos. Todas las lenguas son «corrupciones» de lenguas madres anteriores. La glotocronología se basa en la premisa de que todas las lenguas no sólo cambian, sino que lo hacen a un ritmo predecible.

El estudio tanto del cambio lingüístico como de los demás aspectos de la lingüística pone de manifiesto el predominio de factores inconscientes en la vida sociocultural. Aunque la universalidad semántica es un gran don exclusivo del hombre, no nos otorga automáticamente plena conciencia y verdadera libertad de pensamiento. Para ser plenamente conscientes, debemos tratar de comprender cómo la cultura controla lo que pensamos y hacemos.


 

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