Las presuposiciones integradas en la sala de clases

Foto: G.Marvalli(LCC)

Foto: G.Marvalli(LCC)

Por Olga González Barahona

La maestría dentro de la sala de clases, no sólo está determinada por el manejo de los conocimientos cognitivos que entregamos a nuestros alumnos. La forma en que logremos entregar aquello es determinante, allí es donde reconozco el protagonismo, que en estos tiempos de comunicaciones complejas. Para que nuestros alumnos puedan iniciar una real conexión consigo mismos y desde allí ver, tocar, escuchar y sentir a otros (Virginia Satir); acción que les permitirá contactarse, para generar realidades que los lleven entregar y recibir del sistema mayor, semillas para una vida mejor; primero hay que adentrarlos en las cinco presuposiciones, de la PNL.

1. El mapa no es el territorio.
2. No hay error, sólo feedback.
3. Los recursos están en el sistema.
4. Toda conducta tiene una intención positiva.
5. Si es posible para otros es posible para mí.

Con esta creencia partí el desafío de incorporar el manejo de estas presuposiciones a los alumnos de primer año básico, que luego continuaron a segundo básico, en el reconocimiento y manejo de las presuposiciones propuestas.

Comencé en primero básico, cuando ya había avanzado la adquisición de la lecto-escritura. Los niños ya se manejaban con lecturas simples, reconocían personajes y aptitudes. Se conocían e interactuaban entre ellos, lo que generaba un nivel de mayor confianza en las reflexiones que hacíamos al comenzar cada mañana.

La psicología evolutiva de los niños en este periodo, primer año básico, está centrada en el mundo concreto, por lo cual el trabajo tenía que estar conectado con la experiencia personal. Ellos están en un periodo egocéntrico y con una necesidad importante de actividades lúdicas. En esta etapa se van expandiendo a la vida social y van aprendiendo normas para una mejor convivencia y surge la imitación que para ellos comenzaría a llamarse “modelar”

Utilizando experiencias ocurridas en el recreo, cómo “¡No me dejaron jugar!” o “¡Me pegó y yo no le hice nada!”, incorpore en las reflexiones, cuentos con títeres de dedo dónde los personajes miraban una misma situación desde su propio interés, dejando establecido que ambas miradas eran igual de valiosas.

De las múltiples reflexiones que surgieron lo más gratificante vino de cómo uno de ellos pudo extrapolar y decir: “Mi papá llega del trabajo y no quiere hablar, yo pensé que estaba enojado, tal vez le pase otra cosa”.

Con estas experiencias sencillas, aunque profundas en la idea de pertenecer a un sistema junto a otros; me di cuenta de que en esta primera etapa, se manifestaban como un gran recurso el manejo de la intención positiva y el mapa no es el territorio. Estas herramientas, les ayudaba a manejar el egocentrismo propio de la edad, para generar vínculos más saludables con sus pares y adultos.

Otra presuposición que fue de gran ayuda en esta etapa fue:”No hay error, sólo hay aprendizajes”, esta misiva fue incorporada en las comunicaciones a los padres, propiciando así el interés por el desarrollo del proceso, la retroalimentación y no por la calificación.

Las actividades de la clase, se planificaron para aprender del error, Si un alumno sumaba y se equivocaba en el cálculo, se le preguntaba como lo había hecho y luego de qué otras formas podrían haberlo resuelto. La pregunta siempre era ¿qué aprendes de esto? y varias veces escuche: “tengo que fijarme en los dedos que pongo”, acompañado de risas, lo que sin duda quitaba el stress a la situación y los acercaba a un mejor manejo de sus propias formas de hacer las cosas.

Durante este primer año, fue muy bonito ver cómo estos niños, estaban siendo capaces de mirarse y mirar desde otra perspectiva, vivenciar cómo sus reflexiones iban más allá de lo que aparecía a simple vista. La incorporación de las presuposiciones, más que por el nombre y el significado de cada una, fueron rescatadas de las situaciones que se presentaban en el día a día, con esto integramos a los niños en los manejos de la presuposición sin abrumarlos con nuevos conceptos, pues lo que importaba era la incorporación de un nuevo manejo.

Al año siguiente, en segundo año básico, los niños tienen una mayor valoración de si mismos. Surge un pensamiento lógico-concreto, pueden pasar de su mundo al de otros y con esto comienzan a ver su punto de vista como relativo frente a los puntos de los otros. Pueden manejar mejor su voluntad y el sentido de compañerismo se hace fuerte. La lectura les permite imaginar y sensibilizar.

Comenzamos con guías para rescatar las presuposiciones y a medida que las trabajamos publicamos un cartel, en la sala, con colores llamativos y dibujos que demostrarán lo que aprendíamos de cada presuposición. Luego sumamos el manejo de la presuposición en las animaciones de las lecturas domiciliarias.

Para “el mapa no es el territorio”, completaron guías de las distintas miradas que tenía un mismo recreo. Luego contrastamos los dibujos que realizó cada uno y respondieron preguntas cómo: ¿Eran distintos recreos? ¿Por qué nos fijamos en distintas cosas? ¿Tiene más razón uno que otro? .Aquí reflexionamos con el libro “Un perro confundido” (Cecilia Beuchart, editorial Andrés Bello), donde un perro salchicha cree que se lo van a comer, pues escucha a los niños comentar que van a preparar, “perros calientes”. Para los niños fue gracioso darse cuenta, de que muchas veces escuchaban y entendían algo muy distinto de lo que el otro estaba queriendo decir.
Para “Toda conducta tiene una intención positiva”, “El problema de Martina” (María Luisa Silva, editorial Alfaguara) fue el libro utilizado. En este texto el personaje principal, una puerca espina, hace todo lo posible por tener un vestido de novia que pudiera usar con sus púas. Su búsqueda genera varias situaciones difíciles con otros animalitos del bosque, que no entendían su obsesión. Desde aquí, rescatamos la forma en que nos mueve el generar algo bueno para nosotros. Con esta presuposición apuntamos, además, a dar solución a la intención positiva que tenían algunos niños al comerse las uñas. Al descubrir la intención positiva, la tarea fue generar nuevas conductas que trajeran: placer, cariño, movimiento y otras necesidades que manifestaron los niños involucrados.

Con el libro “Bony y tigre” (Kathrin Sander, editorial Norma) se hizo un trabajo muy enriquecedor para los niños más tímidos, incorporando “Los recursos están en el sistema”. Bony era un perro San Bernardo, temeroso de los gatos. El perro no tenía conciencia de las múltiples posibilidades de defensa que tenía. Recibe la ayuda de un pequeño ratón que le enseña a verse más valiente, a partir de las hazañas que van realizando.

En el manejo de la presuposición “Si es posible para otros es posible para mi”, realizaron un collage con las fotos de sus padres, hermanos o personajes más admirados. Allí los dibujaron o pegaron fotografías desde que eran bebes y luego fueron escribiendo todo lo que ellos habían ido aprendiendo a lo largo de los años, comer, leer, escribir, juegos de basquetball, títulos profesionales, etc. Después hicieron lo mismo con su propia historia. La reflexión rescató de los niños un mayor optimismo frente a nuevos desafíos: “si aprendí a leer, puedo aprender muchas cosas”.

En nuestra sala de clases se convirtió en lema: “No hay error, sólo hay aprendizajes”. Esto ayudó a bajar los niveles de ansiedad frente a los nuevos aprendizajes y frente a las situaciones de difícil manejo para ellos.

Redimir de los textos de lectura las presuposiciones, aumento la comprensión, facilitó que los niños pudieran asociar la propia experiencia a las de los personajes y con ello rescatar aprendizajes para su propia vida.

Esta experiencia, marca un antes y un después en mi forma de enfrentar los desafíos con mis alumnos. El generar un espacio dónde ellos se sintieran capaces, las equivocaciones no eran fallas, se respetó su mirada distinta y se aceptó su intención positiva apoyando la búsqueda de acciones más sanas para el sistema; hizo que mis alumnos se sintieran vistos, escuchados, tocados, sentidos…que se sintieran queridos, lo que trajo como regalos más sonrisas y mejores desempeños por parte de ellos, tanto en lo académico como en lo personal.


Nuevos enfoques en educacion

Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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