Malos hábitos arraigados

alcohol

Foto: Higbee(LCC)

Por Robert Sidelsky

No hay peor compañía que un mal hábito arraigado en nosotros. Los pequeños vicios, las costumbres que tenemos, no son, en general, malas en sí mismas. Se convierten en perniciosas cuando dejamos de dominarlas y son ellas las que nos dominan a nosotros.

No hay nada pecaminoso en fumarse un buen puro (mientras no echemos el humo a los demás) o en tomarse una copa de brandy después de una rica cena en compañía de unos amigos.

No hay nada malo en dejarse llevar un día por la vagancia más absoluta y dedicarse a no hacer nada (incluso podría decirse que podría estar recomendado hacerlo de vez en cuando).

Incluso puede tener su gracia el ser un poco raro (snob) y tener fobia a los cocodrilos y no soportar a la gente mal afeitada o que huelan a Opium Le Perfum.

El verdadero problema estriba en que estos hábitos dejen de estar controlados por nosotros y sean ellos los que nos dominen.

Fumar o beber con control, en dosis moderadas, pueden dañar nuestra salud pero no más que levantarnos todos los días a las 6 de la mañana para trabajar durante catorce horas en una cadena de montaje.

El riesgo viene cuando perdemos el control de nuestros hábitos y el día a día se rige, no por el disfrute de las cosas que la vida nos va ofreciendo y que son satisfactorias para nuestro cuerpo y para nuestra mente, y a través de las cuales nos sentimos más plenos y dichosos, sino que nos dedicamos compulsivamente a calmar la ansiedad que estos malos hábitos nos producen.

Los fumadores no disfrutan con el tabaco. Fuman un cigarrillo tras otro sin apenas disfrutarlo, lo mismo que los alcohólicos beben una copa tras otra sin parar embargados por una melancolía y una tristeza cada vez mayor, o la tremenda insatisfacción que experimentan los adictos al sexo o al trabajo.

Las fobias y los miedos merecen mención aparte.

La lista de las posible fobias no tiene fin. Las posibilidades son infinitas.

Yo puedo tener fobia a las lagartijas y tu a las ranas. El vecino del quinto puede odiar a las serpientes de color verde y el del tercero a los perros salchicha.

Los más comunes son el miedo a las multitudes, a los espacios abiertos o cerrados, a la altura, a los ascensores, a determinados animales (como arañas, serpientes o ratas), a la oscuridad, etc…

La mayoría de las fobias suelen tener su origen en una experiencia traumática y una vez sufrida se instalan a vivir con nosotros si no hacemos algo al respecto.

La importancia de las fobias en cada persona es relativa. Depende de la oportunidad que tenga ese miedo en salir a flote.

Para un encofrador tener miedo a las alturas es un verdadero problema, para otra persona puede no serlo tanto.

Tener fobia a los elefantes es un trago importante para un empleado de un zoológico o para un veterinario, para una persona de la calle puede tener hasta su gracia ya que es muy improbable que tenga la oportunidad de ver muchos en su vida.

Los miedos y fobias, en general, así como los otros malos hábitos de los que hemos hablado son malas compañías que no conviene tener muy cerca o, por lo menos tener controladas.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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