Comportamiento violento

Por Miriam Salcedo

La ira y la violencia son manifestaciones del ser humano. La cólera se desata como respuesta a una serie de estímulos, normalmente externos, que provocan esa reacción violenta. Ante una agresión externa es normal que a un individuo se le presenten varias alternativas posibles. Algunas personas se muestran indefensas y quedan paralizadas por el ataque, otras evaluando el peligro con prontitud optan por la huída. Un tercer grupo, sin embargo, tiene una reacción distinta e igualmente correcta: repeler la agresión.

Cuando un individuo experimenta ese aumento de excitación, el cuerpo responde segregando un mayor dosis de adrenalina, que le ayuda a ponerse en guardia y repeler con mayores garantías esa agresión.

Como en tantas ocasiones se ha repetido, el problema nunca estriba en desarrollar una respuesta ante un estímulo concreto, en este caso una reacción violenta ante un ataque externo. El problema surge cuando esa respuesta violenta se origina o bien cuando no existe un estímulo previo o bien la respuesta es totalmente desproporcionada al ataque.

Aprender a controlar nuestros impulsos sería la mejor opción posible para encauzar nuestra energía hacia metas saludables.

No obstante, detrás de los comportamientos violentos se esconden muchas veces causas mucho más profundas.

La causa más común del comportamiento violento es haberlo aprendido de otro. La mayoría de la gente iracunda procede de hogares iracundos. La ira desmedida se transmite de padres a hijos, igual que el color de la piel o del pelo o el parecido físico.

En estos hogares se entiende que es normal vivir siempre de mal humor ya que es único modo de hacerse respetar por lo demás y de solucionar cualquier problema.

En las familias coléricas nunca reina la paz o la armonía. Están acostumbrados a chillar continuamente, reñirse los unos a los otros por cualquier motivo. Siempre hay alguien enfadado con otro, que le echa la culpa de algo. Están acostumbrados a vivir con esa tensión constante y día tras día se reproducen las peleas hasta que los niños las asumen como algo normal.

Sin embargo, el nivel de violencia debe crecer para captar la atención de los demás. Así pueden llegar a situaciones de verdadera agresión física, puesto que después de haber discutido acaloradamente, haberse insultado y decirse cualquier cosa con tal de hacer daño al otro, únicamente les queda un grado para agredirse físicamente. El nivel de agresividad es de por sí tan alto que para superarlo sólo queda la violencia física.

No obstante, y aunque la mayoría de las personas violentas lo sean porque lo han aprendido dentro de su propia familia, pueden existir otras causas como, por ejemplo haber sido objeto uno mismo de abusos o de violencia física o sexual.

Los niños que han sido objeto de abusos durante su infancia desarrollan normalmente un instinto de venganza contra, no solo aquellos que les agredieron sino incluso contra otros inocentes, porque las victimas de los abusos suelen convertirse así mismo en abusadores cuando llegan ala edad adulta.

Otra causa común del comportamiento violento suele ser el abuso del alcohol o de otras drogas. No se sabe muy bien todavía si es que una persona no-colérica que abusa del alcohol puede volverse agresiva o si al contrario las personas coléricas tienden a refugiarse en el alcohol como una solución a sus problemas.

Lo cierto es que comportamiento violento y alcoholismo suelen caminar muchas veces de la mano.

Las drogas excitantes, como la cocaína, las anfetaminas o los esteroides no dejan lugar a dudas de su efecto encolerizante y agresivo en quienes las consumen, pero incluso otras en principio más sedantes como los opiaceos o incluso la marihuana no dejan de tener consecuencias en nuestro nivel de agresividad.

Para algunas personas la causa de su comportamiento violento se encuentra en padecer otras enfermedades, tanto físicas como psíquicas, que aumentan su propensión a la ira. Las enfermedades crónicas, los dolores constantes, las depresiones son abono para comportamientos violentos.

De todas formas la ira nunca es la solución para nada. Puede ayudarnos a resolver situaciones de peligro o de amenaza para nuestra integridad pero nunca será el camino para resolver nuestros conflictos.

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