La vida es cambio

Foto: Moyan Brenn(Licensed Under Creative Commons)

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Por Peter Woodsmall

Cuando las cosas parece que no van bien y que es imposible que salgamos adelante no debemos nunca olvidar que las circunstancias son cambiantes y que siempre debemos estar preparados para ese cambio. De la misma manera también debemos estar preparados para el cambio cuando las cosas parecen ir sobre ruedas, porque todo puede irse al traste en un momento. De esa capacidad del ser humano para adaptarse a las diferentes circunstancias trata este artículo.

Las mismas teorías de la evolución o del Big Bang, como origen del Universo, tienen su origen en la idea de que el mundo es continuamente cambiante. Todo cambia. Todo evoluciona. Nada es estático, inmutable.

 El ser humano por su naturaleza suele establecer su vida basándola en determinadas estructuras inamovibles: las costumbres, las tradiciones, los prejuicios sobre las cosas, las instituciones, etc…

Solemos tener miedo a cualquier tipo de cambio porque supone enfrentarnos a nuevas situaciones, desconocidas por nosotros. ¿Sabremos enfrentarnos a las dudas y a lo desconocido? ¿Tendremos la capacidad suficiente para salir airosos de esas nuevas situaciones?

No nos gusta ser el equipo visitante. Preferimos recibir lo que tenga que venir en nuestro propio terreno.

Incluso nos acostumbramos a situaciones evidentemente negativas porque son cómodas para nosotros, si son lo suficientemente predecibles.

Siempre me ha llamado la atención el caso del presidiario que puesto en libertad vuelve a delinquir para volver de nuevo a prisión ya que no puede, o no se atreve a vivir en libertad.

Otro claro ejemplo es el de las miles, millones de personas que aguantan en un empleo que les desagrada por miedo al cambio.

Las religiones han basado siempre su poder sobre sus adeptos en establecer una serie de preceptos, de reglas inamovibles que evitaran a los fieles “la molestia” de decidir en cada momento lo que era más conveniente, según las circunstancias.

Puede decirse que existen dos tipos de posturas ante la vida.

Por un lado la de aquellos que prefieren la comodidad de lo permanente, de lo establecido, de lo no cambiante y por otro los que intentan cambiar las cosas, porque no les gusta como están.

Estas dos fuerzas se han enfrentado a lo largo de toda la Historia de la Humanidad, incluso en el interior de cada individuo.

Para Nietzsche el arrojo tiene en sí la magia suficiente para cambiar las cosas y para Kierkegaard el heroísmo reside en el mismo origen de la acción, en los inicios, en dar el primer paso, no en su resultado posterior.

En la literatura infantil el héroe es siempre aquel que no acepta lo establecido y que lucha por un mundo mejor. Su mejor arma no es la espada sino, como dice Nietzsche, es su propio arrojo y ahí reside su fuerza para cambiar el mundo.

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