La resolución de problemas según la terapia breve

Foto: Todd Martin(Licensed Under Creative Commons)

Foto: Todd Martin(Licensed Under Creative Commons)

Por A. Santacruz

El equipo del MRI de Palo Alto  elaboró una intervención para la resolución de problemas en cinco pasos. En este artículo se examinan estos cinco  pasos, que se consideran imprescindibles a la hora de definir exactamente en qué consiste un problema.

El equipo del MRI de Palo Alto  elaboró una intervención para la resolución de problemas en cinco pasos. En este artículo se examinan estos cinco  pasos, que se consideran imprescindibles a la hora de definir exactamente en qué consiste un problema. Watzlawick y sus colaboradores investigaron en su Centro de Terapia Breve cómo se produce el cambio. Partiendo de una idea constructivista de que algo es adecuado para resolver problemas en la medida en que es eficaz, llegaron a la conclusión de que el cambio depende de la acción puesta en marcha para solucionar la dificultad y que la mayor parte de las veces, la solución que se aplica es lo que se convierte en el problema. Estas son las etapas:

  • Determinar quien produce la queja:
    Las personas, mientras nos encontramos en un estado satisfactorio, tratamos de protegernos de las agresiones exteriores y de mantener el equilibrio. Cuando nos encontramos bien no queremos el cambio. Por lo tanto, ante una situación de queja, lo primero que tenemos que preguntarnos es quién está sufriendo dentro de ese sistema, no quien presenta los síntomas, ya que los síntomas no son mas que un intento de adaptación homeostática. Todo intento de adaptación hace tambalearse al sistema, por lo que pueden producirse sufrimientos en alguien, generalmente el que se queja, pero no necesariamente. La psicoterapia tiene que incidir sobre quien está sufriendo por la situación, ya que en esa persona o personas está el motor del cambio.

Por ejemplo, unos padres pueden quejarse por la conducta en los fines de semana de su hijo adolescente, pero éste no considera que su conducta esté fuera de lo que es normal en personas de su edad y entorno. En este caso la terapia se dirigirá hacia los padres, con el fin de provocar el cambio en el adolescente y, como consecuencia, en todo el entorno familiar.

  • Definir el problema:
    La pregunta que hay que hacerse es “¿qué hace esa persona que desearía no hacer?” o “¿qué no consigue hacer cuando desearía hacerlo?” Los clientes suelen presentar definiciones generales de su problema: “estoy triste” o “no estoy satisfecho”. La tarea del terapeuta consiste en conocer qué es exactamente lo que produce tristeza o insatisfacción, de una forma descriptiva y basada en comportamientos. Examinar las soluciones previamente utilizadas por el cliente o anteriores terapeutas: ¿Qué es lo que no ha funcionado a la hora de solucionar el problema? Es fundamental saber qué herramientas o qué estrategias ha empleado el cliente y que no han dado resultados, ya que si los hubieran dado ya no existiría el problema.

En muchos casos, las personas ponemos en marcha soluciones que en determinado contexto son lo más adecuado. Pero una vez que ha cambiado el contexto seguimos dando la misma solución, equivocándonos evidentemente a partir de ese momento. Como el cerebro humano funciona por repetición, seguimos insistiendo en soluciones que en vez de resolver el problema, lo agravan.

Si nuestro cliente ha estado anteriormente en otros terapeutas tenemos que evitar utilizar técnicas que sabemos que no han dado resultado con esa persona.

  • Definir un objetivo realista:
    Para llegar a un sitio es necesario saber reconocer que hemos llegado. Aceptar objetivos poco accesibles o demasiado vagos lleva a la terapia al fracaso. Tenemos que saber cuál es el objetivo real de nuestro cliente, no el que manifiesta de forma racional. Un cliente alcohólico puede presentar la solución a su problema como dejar de beber, cuando en realidad lo que está buscando es ser aceptado socialmente. En este caso debemos trabajar la aceptación social como forma de conseguir que deje el alcohol.

En la mayor parte de las disciplinas es el especialista quien define qué es normal o patológico. La psicología ha seguido este enfoque durante décadas. Actualmente, huyendo de estos planteamientos médicos, se tiende más a considerar que el objetivo en psicoterapia se tiene que fijar de forma conjunta entre el terapeuta y el cliente. El terapeuta no sabe qué es bueno para el cliente.

  • Activar un proyecto de cambio:
    Consiste en definir un objetivo estratégico principal y unos medios tácticos para realizarlo. Esto pasa por interrumpir los intentos previos de solución aportados por el cliente (o por anteriores terapeutas) y “vender” la nueva solución conforme al lenguaje del paciente (en terapia ericksoniana a esto se le llama “envolver para regalo”)

Muchas veces es necesario revisar el objetivo durante el trabajo terapéutico o concretar y especificar determinados aspectos de la intervención.

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