La práctica del juego de la mente, mejore su golf

Foto: Brian(Licensed Under Creative Commons)

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Por Rafael Sábat

Siempre me ha sorprendido la cantidad de golfistas expertos que dicen que el golf es un juego mental. Profesionales de larga experiencia, aficionados de bajo handicap, todos coinciden en que el golf se juega más dentro de la cabeza del jugador que afuera. Usted me dirá qué tiene eso de sorprendente. Si todos lo dicen, debería ser algo absolutamente habitual ¿no? Pues bien: ocurre que, para la buena prensa que tiene, la práctica mental del golf está bastante poco difundida. Hace poco, le pregunté directamente a un conocido profesional qué importancia le asignaba a la parte mental del juego. Me respondió, “99%, y 1% el putter”. Como soy un catalán cabeza dura, le pregunté entonces en qué consistía su día de práctica, y me dijo que ocho horas de práctica, dividida en tres o cuatro para jugar 18 hoyos, y las restantes en tirar pelotas (practicar el swing) y putts. O sea, cero práctica específicamente asignada a la parte mental del juego. Parece mentira.

Y ello es lo normal entre los profesionales, según tengo entendido. Salvo algunos que asisten a clases de yoga para mejorar sus mecanismos de concentración o respiración, la mayoría se dedica a tirar pelotas continuamente, como si después de tantos años de pegarle a la pelota necesitasen aprenderlo de nuevo cada día de sus vidas. Como si cada vez que pegan un tiro malo la causa fuera falta de práctica, cuando es razonable pensar que lo que falla en muchos casos es la parte mental.

La razón que suelen dar algunos golfistas para justificar interminables horas de tirar pelotas es algo llamado “memoria muscular”. Este concepto significa, según ellos, que los músculos aprenden a realizar el swing por sí solos, sin que uno deba pensar en la mecánica del movimiento. Estoy de acuerdo en que pensar en la manera de hacer un movimiento, en pleno acto, arruina el resultado. Sin embargo, debo aclarar que los músculos no tienen memoria. Esa supuesta memoria muscular está registrada en realidad en la mente del jugador: lo que aprende el movimiento no es el músculo, que es nada más que un montón de fibras, sino una parte del cerebro llamada sistema límbico.

Consideramos que el cuerpo y la mente están integrados y conforman un mismo sistema. No concebimos que haya que integrarlos, porque ya lo están. Al practicar el swing, le estamos enseñando a nuestra mente cuáles comandos dados a los músculos producen un resultado aceptable o bueno. Por repetición, el movimiento se ‘automatiza’, en un proceso que se conoce como pasar de competencia consciente a competencia inconsciente. El proceso es muy similar al que ocurre cuando aprendemos a manejar un auto: al principio necesitamos toda nuestra atención para dominar el vehículo, pero con el tiempo conseguimos manejar mientras conversamos y escuchamos el noticiero por la radio.

La práctica del swing, tirando pelotas, es sin duda necesaria desde el punto de vista mental, porque aumenta considerablemente la cantidad de detalles del acto que pueden ajustarse: al pasar el movimiento al “piloto automático” (“competencia insconsciente”), uno es capaz de ajustar hasta sus detalles minúsculos. Pero ese ajuste se hace con los sentidos y la mente: los músculos se limitan a obedecer comandos.

Por otra parte, yo estoy de acuerdo en que los principiantes debemos practicar tiros hasta automatizar un swing más o menos aceptable, pero ¿quiere que le diga algo? Con toda modestia, he visto tantos golfistas de primer nivel mundial con swings “incorrectos” (¿qué tal Jim Furyk, por ejemplo?) que tengo fuertes sospechas que la clave de un buen score debe ser otra.

El putter
El juego en el green es la parte del golf en que los jugadores son dejados a su libre albedrío, sin interferencias de los demás. Hasta los supuestos principios de un golpe de putter son violados cotidianamente por los jugadores que embocan uno tras otro. Cada cual tiene su propia técnica y herramientas: putters cortitos, largos, escobillones; grips invertidos; stance abierto y cerrado; pelota la pie derecho, al izquierdo o entre los dos pies. Se puede embocar con cualquiera, parece

Pero no es fácil embocar si uno está desconcentrado. Con lo cual, técnicamente, el 1% que mi amigo profesional le asignaba debería sumarse al otro 99%: ¿el 100% del golf es mental? En mi modesta opinión, no lo es. Pero los tiempos de práctica están mal asignados.

Veamos. Un buen jugador logra hacer 18 hoyos por debajo de los 80 golpes, de los que entre 30 y 35 son golpes de putter. Aproximadamente, el 40 %. El sentido común indica que debería asignarle un tiempo al menos superior al 25 % del total de su práctica a ese aspecto del juego. ¿Lo hace usted?

Luego, siendo tan “mental” ese aspecto, sería conveniente practicar concentración, uso de anclas (por ejemplo siguiendo el procedimiento que expliqué en el artículo anterior), visualizaciones, colapsado de recuerdos negativos, instalación de creencias positivas, etc.

Aún si usted hace 100 golpes por vuelta, entre 35 y 40 de ellos serán arriba del green, y el porcentaje de incidencia se mantiene. Si usted logra bajar tres o cuatro golpes ahí, no sólo mejora la tarjeta, sino que adquirirá mayor confianza para los demás tiros.

El driver
Los mejores jugadores de la PGA erran uno de cada tres fairways, como usted podrá comprobar consultando las estadísticas (si tiene acceso a internet, están disponibles en el website del PGA Tour, www.pgatour.com ). E igual consiguen scores bajo el par consistentemente. Incluso, quienes más largo pegan tampoco suelen ser los que más fairways aciertan (David Duval es una honrosa excepción). Eso quiere decir que usted puede comenzar por aceptar que si acierta 10 de los 14 fairways que suele haber en una cancha típica con cuatro hoyos par 3, usted está entre los elegidos.

Sí, claro, “no acertar un fairway”, en la mayoría de los casos, para los profesionales, significa irse al rough o a un cross bunker, y lo que a usted le sucede es que termina muchas veces en el medio del monte o fuera de límites. Primero, sepa que ellos tampoco salen con driver en todos los hoyos, y que el rough en las canchas de campeonato suele ser mucho más bravo. Y segundo, si quiere acertar más fairways, usted puede ayudar a su práctica física del golpe de salida con un poco de práctica mental, consistente en mejorar su concentración, ajustar y enfocar en el objetivo (y no en lo que desea evitar), aprender a pensar en la meta y no en la mecánica del swing (usted puede pensar “dejá la cabeza quieta”, y de hecho cumplirlo, y sin embargo enviar la pelota fuera de límites o al monte).

Los hierros
De la misma manera, los mejores jugadores de la PGA no alcanzan uno de cada cuatro greens. Y si se van al bunker, consiguen approach y putt sólo la mitad de las veces. Parece increíble, pero con un vistazo a las estadísticas alcanza para convencerse. Esto quiere decir que por más que ellos sean superdotados cuya vida consiste en pegarle a la pelota ocho horas diarias, igual se quedan sin llegar al 25% de los greens “en juego de reglamento” (en uno en los par 3, en dos en los par 4 y en tres en los par 5). Se enfrentan a tener que sacar approach y putt en uno de cada cuatro hoyos.

Jueguen los palos que jueguen, usen las pelotas que usen. El avance tecnológico en el desarrollo y fabricación de palos y pelotas no ha tenido un correlato parejo en términos de caída de scores: la gente sigue errando greens y putts. Y como dice Don Roberto, no se trata de pegar más largo ni más derecho, sino de embocar más.

O como dicen los aborígenes americanos: no es la flecha, sino el guerrero que la dispara, lo que determina el destino del proyectil. El tiro con hierros es sin lugar a dudas aquél al que más tiempo de práctica le dedican los golfistas, y no sólo es notable que los mejores sigan errando pase lo que pase, sino que además, sólo pegan dos o tres realmente buenos por vuelta. Tanta práctica para tan poco premio.
Nuevamente, hay varias cosas que se pueden hacer además de practicar el golpe: pensar con mayor claridad el objetivo de cada tiro; usar anclas; aprender a elegir el palo y el tipo de golpe apropiados (lo cual también es parte mental del juego); aprender a concentrarse; aprender a recuperarse de un tiro malo o un error.

¿No será mucho?
Hablar acerca de algo es mucho más fácil que hacerlo. He enumerado varias cosas que pueden hacerse si uno desea mejorar su juego. La clave, claro está, es cuántas ganas uno tiene de mejorar; qué valor uno le asigna a bajar el handicap, ganar el medal del sábado, ganar el campeonato del club o un match a nuestro amigo de toda la vida. Dado que el golf tiene sistema de handicap para permitir que jugadores de distintos niveles compitan entre sí (mecanismo británico si los hay), es posible jugar toda la vida, y divertirse, sin jugar bien.

Así que todo depende de a dónde uno desea llegar, y del esfuerzo que está a dispuesto a hacer para lograrlo. En el caso de la práctica mental del golf, esto significa exponerse a las burlas y comentarios irónicos de los demás: “todo el mundo sabe que eso no sirve para nada, y que lo único que sirve es tirar pelotas”.

Yo acepto que los profesores de golf tienen que vivir de algo, y que para los comentaristas de TV es más interesante mostrar un drive machazo de 312 yardas al rough que un ganapán tiro de 210 con hierro 2 al medio del fairway, que sin embargo deja un cómodo tiro de hierro 5 a la bandera. También, que tiene mucho más suspenso ese putt barranca abajo con doble caída que da la vuelta a la copa y se niega a entrar (como es de esperar para un tiro así de complicado), que el prosaico putt de 90 cm en el que se basa el viejo y querido par que termina por dar un buen score final.

Yo acepto que se piense que sentarse diez minutos a visualizar putts que entran tenga peor prensa que media hora en el putting green errando tiro tras tiro. Pero lo siento, el hecho de que mucha gente piense algo no significa que tengan razón (después de todo, la gente pensaba que la tierra era plana). La práctica del golpe no garantiza que uno gane; Vijay Singh tiene fama de ser uno de los que más practica golpear pelotas entre los profesionales, y sin embargo no gana todo lo que juega.

La práctica mental tiene mala prensa no porque sea inútil o peor que tirar pelotas, sino porque se la desconoce, y se la desvaloriza como a todo lo desconocido. Algunos de los profesionales más renombrados están empezando a ponerle más atención, sobre todo teniendo en cuenta que su carencia es la única explicación razonable para algunos fracasos estrepitosos de fecha reciente. La caída en picada de Ian Baker-Finch apenas ganó el Open Británico (que lo llevó a abandonar la Gira el año pasado) y el “suicidio” de Greg Norman con seis golpes de ventaja el último día del Masters de la PGA son dos ejemplos bien conocidos.

Muchas de las técnicas y habilidades que mencioné ya están siendo usadas por los jugadores profesionales y aficionados a quienes les interesa mejorar el aspecto mental del juego. Pensar en mejorarlo sin practicar las técnicas es tan erróneo como pensar en mejorar su swing sin tirar pelotas. Así que olvídese de la buena o mala prensa que se genere en torno a su práctica “en un sofá”. Pronto usted estará ganándole a quienes hacen esos comentarios.


El arte de hablar en publico

F. Scott – El arte de hablar en público y tener habilidades sociales

Aunque probablemente usted no se verá precisado a ser orador y ni siquiera tendrá ocasión para ello, sin duda se le presentará alguna vez la ocasión para dirigir la palabra a un grupo más o menos numeroso de personas en diferentes ocasiones que la vida puede ofrecer: un banquete, una boda, un homenaje, etc.

¿Quien no se ha encontrado en el trance de intervenir en una conversación entre amigos, compañeros o colegas? ¿Y que tendría de raro que usted, amigo lector, tuviera que dirigir la palabra a un grupo de personas reunidas en una cena u homenaje a algún amigo o conocido? En tales casos, ¿habrá algún lector que no desee saber expresarse de modo que acredite sus méritos personales, aspirando a convencer, a gustar, a destacar, en una palabra?


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