Los hijos y su expresividad

Foto: Burke(LCC)

Por Elisenda Rojas

La expresividad o habilidad para  revelar y articular lo que uno piensa y cree, es una de las claves en la vida de un niño. Y por supuesto la ausencia de esa habilidad puede tener consecuencias serias en su ciclo vital. Esta capacidad para verbalizar lo que está sucediendo interiormente les permite identificar y comunicar sus propios sentimientos tanto a sus amigos o compañeros como a sus padres.

La expresividad es un constructor esencial en la vida de cualquier persona.

Los niños con una expresividad más que desarrollada, tienden a ser más hábiles. Al poder expresar sus problemas tiene menos probabilidades de sublimarlo a través del comportamiento y mayores probabilidades de conseguir lo que quieren de la vida.

Así mismo tienden a sentirse más seguros. Los niños que esconden sus sentimientos son más vulnerables a los peligros de desarrollo. La expresividad es un antídoto muy eficaz que permite estar en contacto con los sentimientos, identificarlos y sentirse animados y seguros.

Esa expresividad debe empezar a trabajarse desde pequeños ya incluso en los años preescolares. Aquellos niños que no han desarrollado esta habilidad suelen tener ciertas dificultades a la hora de identificar con precisión sus propios sentimientos.

Por otro lado aquellos niños que han desarrollado mejor su capacidad de expresión pueden protegerse a si mismos. Captan el problema o asunto que quieren tratar y tienen la capacidad de expresarlo abiertamente con sus padres, compañeros o profesores.

Por ejemplo, la hija pequeña de unos amigos se sentía dolida cada vez que iba a clase, porque al tener que llevar aparato dental algunos niños se metían con ella. Decidió hablarlo con sus padres y así pudieron aconsejarla que hablara con su profesora. Eso marcó la diferencia entre una niña con sentimientos de humillación y una niña efectiva frente a un problema.

Los niños expresivos tienden a juntarse con niños expresivos. Es como una atracción que muchas veces se da sin que sean conscientes de ello. Con ese tipo uniones adquieren generalmente resultados muy positivos.

Esa capacidad para exteriorizar lo que piensan o sienten puede llegar a ser más determinante de lo que pensamos, puede marcar una clara diferencia entre el éxito y el fracaso. Así que como padres tenemos que impulsar todo aquello que les permita desarrollar esa capacidad.

La clave de alentar la expresividad de nuestro hijo radica en reconocer el estilo de comunicación propio del niño y amoldarse a él. El hecho de adaptarse al niño, en lugar de luchar contra él, hace que aumente la probabilidad de mantener abiertas las líneas de comunicación.


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Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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