La cólera

Foto: món mort(Licensed Under Creative Commons)

Foto: món mort(Licensed Under Creative Commons)

Por R.H. Juste

“Me va a oír. Esto no se va a quedar así. Ahora mismo voy y le…”  La ira y la cólera son manifestaciones normales de la naturaleza humana.

“Cuando estés irritado, cuenta hasta diez antes de hablar; si estás muy airado, cuenta hasta cien.” (Thomas Jefferson)

Sin estas manifestaciones nos sería prácticamente imposible enfrentarnos a determinadas situaciones que requieren de nosotros nuestra máxima energía y dedicación.

La cólera despierta en nuestro interior toda nuestra agresividad y ello puede sernos beneficioso en ocasiones; sobre todo cuando debemos enfrentarnos a situaciones hostiles.

Ante una amenaza física o psíquica nuestra parte más animal se despierta para defendernos y con ello la cólera se desata.

No obstante, y a pesar de su evidente utilidad, la cólera no es, en general, buena compañera de viaje.

La mayoría de nosotros experimentamos determinados mecanismos que desatan nuestra ira de manera descontrolada, poco apropiada, desproporcionada.

Ante determinadas situaciones sentimos que “nuestro espacio vital” ha sido violado. Sentimos que los demás nos han invadido.

Un comentario de un conocido, un pequeño empujón por la calle, un vecino con la música un poco alta, una mujer que se nos cuela en la carnicería o un hombre que nos quita el aparcamiento puede servir para que demos rienda suelta a toda nuestra más amplia gama de pataletas, insultos y maldiciones.

En la mayoría de los casos el efecto es completamente desproporcionado con respecto a la causa que la originó, y una vez suelta la cólera se basta para armar cualquier cosa… aunque más tarde nos podamos arrepentir.

“La ira es como el fuego. No puede apagarse, sino cuando es chispa.” (Papini).

Sin embargo, la ira es sobre todo peligrosa para quien la genera.

En ocasiones se ha dicho que enojarse es como tomar una pequeña dosis de veneno. En efecto, un estado permanente de enfado y de irritación es indudablemente perjudicial para la salud física.

Cuando estamos enfadados nuestra presión sanguínea sube hasta niveles preocupantes y el riesgo de padecer un ataque al corazón se dispara. Además se es más propenso a padecer depresiones y se está investigando la relación directa entre estados continuados de mal humor con la impotencia e incluso con determinados tipos de cáncer.

En estados de ira continuados las situaciones negativas se exageran y nuestra energía se desperdicia inútilmente en lugar de ser aprovechada para solucionar los posibles problemas.

El enojo y el mal humor constituyen un circulo vicioso en el que es fácil caer. Todo es cada vez más negativo y nada vale la pena.

Cuando se cae en un estado de cólera incluso se nos hace difícil identificar cual fue el origen mismo de ésta. Perdemos el norte.

En mi siguiente artículo trataré sobre algunos pequeños consejos para intentar apagar este fuego, para intentar dominar estos injustificados estados de cólera, que lo único que hacen es perjudicar nuestra salud.

Responde a determinadas necesidades de la persona, que recurre a ella cuando se siente amenazada u hostigada, cuando siente que los demás invaden su espacio vital. Es decir, es una manifestación humana adecuada cuando responde a una necesidad de defenderse de un ataque externo.

El verdadero problema, como tantas otras manifestaciones de sentimientos humanos, viene cuando el efecto no está adecuado a la causa que lo ha originado, cuando por cualquier causa, por nimia que ésta sea, desencadena la ira, la cólera desmedida, incontrolada.

Cualquier pequeño roce, a veces en el sentido literal de la palabra, con nuestros semejantes hace que nuestra sangre comience a bullir en nuestras venas.

Cuando hablamos de esto no sólo nos estamos refiriendo a la persona que entra en un supermercado y comienza a disparar contra la multitud, o la que arremete a cuchilladas con su suegra.

Como ya mencionábamos en el artículo anterior, el más perjudicado por esta ira injustificada suele ser el propio individuo, el que manifiesta esa cólera, aquel que en cada tropiezo de su vida no puede evitar sentir un quemazón interior que le va comiendo por dentro y que a la larga está perjudicando su salud.

El primer paso para superar estas situaciones pasa por identificar, concretar, cuales son los desencadenantes de dicha conducta, ya que suele suceder que la mayoría de las situaciones que “nos ponen nerviosos” tienen muchos puntos en común.

Elegir un tono adecuado de expresión, por ejemplo, puede ser un principio interesante para evitar ser excesivamente agresivos en nuestro lenguaje y despertar la agresividad de nuestro interlocutor. La clave está en acercarse más a los sentimientos de los demás, intentar escuchar lo que sienten los demás, no sólo lo que piensan.

Es curioso cómo la mayoría de los conflictos comienzan por problemas de comunicación, por no querer o saber escuchar a los demás, por hablar lenguajes distintos.

Otra ayuda para controlar la agresividad es el ejercicio físico. Es evidente que alguien cansado es mucho menos agresivo que alguien que no lo está.

El ejercicio físico ayuda a relajar nuestro cuerpo, además de ayudar a distraer nuestra mente.

A menudo nuestra agresividad es fruto de mecanismos mentales erróneos como resistirse a cambiar los viejos prejuicios que nos han servido anteriormente, sin atrevernos a adoptar nuevos puntos de vista y nuevas soluciones; pensar que lo que piensan los demás es siempre lo acertado; intentar siempre simplificar las cosas, encasillar y etiquetar a las personas, sus comportamientos; generalizar en exceso; compararse continuamente con los demás tanto negativa como positivamente; etc…

Todo estos malos hábitos de pensamiento van haciendo mella en nosotros y son importante desencadenantes de nuestra agresividad y de nuestra cólera.

Un último factor desencadenante, que es importante evitar, es mantenerse lo más lejos posible de otras personas coléricas o estresadas.

Cuando dos personas es ese estado se juntan es como encender la mecha de un barril de dinamita; no tardará en estallar. El enfrentamiento está asegurado.

Por otra parte, padecer a una persona colérica no le es de ayuda ni a ella ni a nosotros. No podemos calmarla y a nosotros solo nos puede perjudicar.

Poner tierra de por medio pude ser la solución más inteligente.

Las ranas hacen CHOP


Ricardo Ros – Las ranas hacen CHOP Cómo conseguir mis objetivos

El cerebro humano está equipado con múltiples sistemas de pensamiento. Todos los seres humanos podemos utilizar todos los sistemas de pensamiento, no solo el lógico. Tener una inteligencia práctica supone hacer las cosas de forma deliberada para producir un efecto. La inteligencia es una herramienta que sirve para ser usada de forma práctica. Hay muchas personas con un alto grado de inteligencia (Cociente Intelectual elevado), que no saben desenvolverse en la vida. Hay muchas personas con cualquier grado de Cociente Intelectual, incluso bajo, que saben resolver las cuestiones que se presentan en su vida. En eso consiste la inteligencia práctica. La Inteligencia práctica se puede aprender. Basta con saber sus secretos. CHOP: Comenzar, Hacer, Observar, Pensar. Esta es la base de la inteligencia práctica.
Más información

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies