La bolsa de la ilusión

Uno de los debates abiertos sobre la PNL es: ¿Vivimos o solamente predicamos la PNL?.

Es un placer para mí presentar este trabajo. En primer lugar, porque Eulalia es, seguramente, una de las personas a las que he tenido el gusto de acompañar en su proceso de aprendizaje de la PNL (desde el Practitioner hasta el Trainer), que vive de manera más congruente la PNL en su familia, en su trabajo y en sus relaciones de amistad.

Y en segundo lugar, porque el trabajo que presenta Eulalia, constituye un ejemplo inspirador de cómo “vivir” la PNL en la vida cotidiana, un ejemplo de cómo estimular un cambio significativo en la vida de una persona a través de la “magia” de una metáfora. Juan, un amigo de Eulalia, perdió repentinamente a su padre y entró en un estado de profunda tristeza. Juan se sentía deprimido. Eulalia creó y regaló a Juan una metáfora que le ayudó a salir del estado en que se encontraba y a recuperar la ilusión por las cosas.

Finalmente y antes de entrar en el trabajo, tres ideas como introducción al mundo de la metáfora y su utilización para el desarrollo del ser humano.

Como sabemos, el lenguaje sirve para describir la realidad, y el significado oficial de las palabras está en el diccionario. Sin embargo frecuentemente utilizamos las palabras con un significado diferente del que figura en el diccionario. En ese caso estamos empleando las palabras con un significado metafórico. Por ejemplo, puedo decir que “la PNL es como un faro en mi vida”, o que “la PNL me sabe a gloria”. Estos son algunos ejemplos sencillos de metáforas. Otros ejemplos de metáforas son las parábolas y los cuentos.

Milton Erickson fue un maestro en el arte de explicar historias y cuentos a sus pacientes para ayudarles a ayudarse a sí mismos. Erickson partía de la premisa de que la propia persona es la que posee potencialmente las mejores respuestas a sus problemas: “nuestro inconsciente es un enorme depósito que contiene los aprendizajes, los recuerdos y los recursos que necesitamos”.

Por eso explicar una metáfora es una intervención poderosa y respetuosa a la vez, puesto que permite que sea el propio inconsciente del sujeto, el que tome de la metáfora los significados más adecuados y útiles para sí mismo en ese momento de su vida. Además, la metáfora queda en su interior como una semilla potencial de nuevos y ricos significados.

Y ahora, como dijo una vez Milton Erickson, « … esta voz irá contigo, … y quiero que te veas sentado o sentada en aquel aula, … volviendo a ser un niño o una niña pequeña que se siente alegre por algo, … algo que pasó hace mucho tiempo, … algo que has olvidado hace mucho tiempo … »

¡ Que disfrutes !

Eduardo Díez – Psicólogo y Trainer en PNL

LA BOLSA DE LA ILUSIÓN

Por Eulalia Robert

“La mente racional es un sirviente fiel, la mente intuitiva es un don sagrado” (Albert Einstein)

La historia: Mi amigo Juan

Mi amigo Juan tenía delirio por su padre. Un día su padre murió de repente y Juan entró en un estado de profunda tristeza y falta de ilusión.

Poco después nos vimos un par de veces y me di cuenta de que había “algo” que Juan había “perdido” además de haber perdido a su padre: estuvimos charlando y en una conversación me dijo que “había perdido la ilusión por seguir viviendo”. Intuí que en su mundo interno la ilusión y su padre iban juntos, y le pregunté qué sentía respecto a la ilusión y su padre. Me explicó que su padre era muy alegre y optimista y que ponía ilusión en todo lo que hacía y que aprendió de él a ilusionarse por las cosas.

Entonces se me ocurrió una idea. Escribí una metáfora y se la regalé por su cumpleaños. Mientras le leía la historia, escuchaba con la atención y el interés de un niño y al terminar se quedó “encantado” según sus propias palabras. Me dio las gracias y me dijo que era el mejor regalo que había recibido.

Después de aquel día nos hemos seguido viendo de vez en cuando. Juan ha recuperado su ilusión por las cosas aunque, naturalmente, sigue haciendo el duelo por la muerte de su padre. La última vez que nos vimos me dijo que la metáfora le había ayudado de verdad.

La Metáfora: “La bolsa de la ilusión”

Erase una vez un país muy remoto en el que habitaba un mago. El mago procedía de una estirpe de magos con mucho poder. Antes de partir hacia el país de los magos, nuestro mago recibió en sueños un mensaje curioso: tenía que entregar un regalo a una persona especial. El mago sabía que aún no era la hora de partir pero quería encontrar a esa persona a la que debía entregar su tesoro.

Pasaron los meses y los años y un día que el mago paseaba por el bosque de los árboles sabios se encontró un niño en un claro. En seguida el niño llamó la atención del mago porque era muy curioso, inquieto y vivaracho. El mago supo en aquel preciso momento que aquel niño era quien tenía que recibir su tesoro. Le estuvo observando un buen rato. El niño saltaba por las ramas de los árboles, jugaba con las hormigas, recogía piedras del suelo y se entretenía observando los pájaros. Al mago le llamaron la atención los ojos del niño, estaban muy abiertos, ávidos de aprender.

Al cabo de un rato el mago se acercó al niño y le dijo: ” Tú no me conoces pero yo te he reconocido, hace tiempo que te estoy esperando. Tengo un regalo muy especial para darte”. El niño estaba tan sorprendido que no pudo decir nada. Se quedó mirando al mago con mucha atención. El mago siguió hablando: “te voy a entregar un tesoro” y le extendió una bolsa de piel muy antigua, cerrada con una cuerda de aspecto vulgar. “Ábrela” le dijo el mago. El niño, que no salía de su asombro, empezó a desatar la cuerda y a abrir la bolsa. “Polvos de oro” dijo emocionado, “soy rico”, siguió exclamando. “Efectivamente, eres rico” le dijo el mago, “pero no son polvos de oro, son polvos aún más valiosos”.

El niño, mientras tanto ya había abierto la bolsa y estaba mirando unos polvos amarillos muy brillantes. “Son polvos de ilusión”, siguió el mago. “¿Polvos de ilusión?, ¿Así no soy rico?” preguntó el niño algo decepcionado. “Ya te he dicho antes que sí que eras rico. Los polvos de ilusión son como la sal en las comidas, los colores en un recuerdo, el canto de los pájaros al amanecer, la ilusión hace que todas las cosas que hagas sean mágicas. Si haces las cosas con ilusión todo te gustará mucho más y tu vida será plena y emocionante. Esta bolsa te tiene que durar toda la vida, así que usa estos polvos con mesura y recuerda que solo hace falta una cantidad muy pequeña de ilusión para que las cosas se vuelvan mágicas. Usa estos polvos de ilusión solo cuando los necesites de verdad. Es un secreto que solo podrás saber tú. Ahora me tengo que ir. Recuérdalo bien usa el contenido de esta bolsa con moderación.” Al acabar la frase el mago desapareció.

**********

En un claro del bosque se quedó el niño con su bolsa y como era muy curioso cogió entre las puntas de sus dedos una pequeña cantidad de aquellos polvos brillantes y mientras saltaba por encima de unas ramas dejó caer lo que tenía entre los dedos debajo de sus pies. La ilusión impregnó aquel salto y el niño enseguida se dio cuenta del poder que tenía. Aquel salto era el mejor que había dado en toda su vida. “Qué divertido y emocionante, éste si que es un buen regalo…..”

Se pasó el resto del día en el bosque probando sus polvos brillantes. Era maravilloso. Aquel día había sido el mejor de su vida. Todo lo que había probado había sido especial, divertido, emocionante y cada nueva cosa que probaba al echarle una pizca de ilusión era todavía mejor que lo que había probado hasta entonces.

Agotado al cabo de unas horas y ya al anochecer regresó a su casa. Era el más feliz del mundo. Tenía toda una bolsa llena de polvos de ilusión y no se lo diría a nadie, no sólo porque se lo había dicho el mago, sino también porque no quería que nadie le pudiera quitar aquello tan especial.

El niño iba creciendo y a cada cosa que hacía le ponía aquellos polvos brillantes. Le gustaba tanto la ilusión que hasta cuando comía ponía ilusión de su bolsa, cuando se iba a dormir ponía ilusión en su almohada para tener buenos sueños, al despertarse ponía ilusión para empezar el día contento. Cuando iba a jugar con sus amigos siempre se llevaba la bolsa de ilusión, ponía ilusión a todo lo que hacía. Qué suerte tenía y qué bien se lo pasaba. Se aficionó tanto a la ilusión que hasta la ponía para comer su comida favorita, cuando hacía excursiones por la montaña con sus amigos, cuando iba a ver cómo se ponía el sol, cuando iba a jugar al bosque, que era lo que más le gustaba hacer.

Fueron pasando los años y aquel niño se convirtió en un muchacho que crecía contento y feliz porque todo lo que hacía lo hacía con ilusión. Conoció a una chica y cada vez que la veía, aunque le gustaba mucho, él seguía poniendo polvos de ilusión. Todo el mundo a su alrededor estaba feliz de verle tan contento. Estar a su lado era contagiarse de su ilusión.

Cuando tenía que hacer algo que no le gustaba le ponía más polvos y así también lo hacía con ilusión. Qué fácil era la vida y qué bonita y emocionante.

Siguieron pasando los años y de repente una mañana se dio cuenta que casi no quedaban polvos de ilusión en su bolsa. Los había gastado casi todos. Se pegó un susto muy grande. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?. Miró bien en su bolsa y realmente ya solo quedaban unos pocos pegados al fondo de la bolsa.

De repente el mundo se le vino abajo. ¿Qué podía hacer ahora? ¿Cómo podía vivir sin ilusión? ¿Cómo pasearía ahora por el bosque? La idea de aburrirse le atemorizó. Se puso a llorar desconsoladamente. ¿Por qué había gastado tanta ilusión hasta entonces? Si hubiera sido más moderado, ahora tendría ilusión todavía para muchos años. ¿Por qué no había sido algo más comedido, tal como le advirtió el mago?

Se le ocurrió volver al bosque donde el mago le había encontrado hacía muchos años. Se puso a correr en dirección al bosque y no paró hasta llegar exactamente al mismo claro donde estaba jugando cuando el mago se le apareció muchos años antes. No sabía su nombre pero se puso a llamarlo con desesperación. “Mago, mago, por favor, vuelve, necesito más ilusión para seguir viviendo”, repetía una y otra vez, pero nadie contestaba, nadie aparecía.

Se quedó en aquel bosque, solo, durante mucho tiempo, desesperado. Nunca volvería a su casa, nunca volvería a ver a sus amigos, no quería seguir viviendo sin ilusión. Agotado, se quedó dormido.

**********

Se despertó con los primeros rayos de sol de la mañana siguiente. Se dio cuenta de que estaba en un lugar muy hermoso, al lado de un riachuelo de aguas cristalinas. Era verano y la temperatura era cálida. Como tenía algo de calor se le ocurrió bañarse en el río. Qué sensación tan agradable. No era igual de divertida que cuando le ponía los polvos de ilusión pero era intensa y refrescante. Aquel baño le estaba sentando de maravilla. Notaba que tenía una fuerte sensación de hambre y vio en un árbol unos pequeños frutos. No recordaba su nombre pero recordaba haberlos comido antes. Cogió uno y se lo metió en la boca. Qué bueno era y qué agradable era poner algo dulce en su estómago. Tampoco esta sensación era comparable a sus experiencias llenas de ilusión pero el comer aquel fruto le reconfortó.

Empezó a pasear por el bosque y a observar a los pájaros. Cantaban muy bien y tenían unos colores muy vistosos. Nunca se había fijado antes en aquellos colores, aunque había visto montones de veces aquellos pájaros.

Siguió paseando y notó un olor especial en el aire. Venía de unas flores blancas. Se acercó y olió aquellas flores. Qué olor tan agradable. Tampoco recordaba haber olido antes aquellas flores y sin embargo se sentía lleno y transportado por aquel olor tan intenso.

Siguió paseando por el bosque y siguió observando, oliendo, tocando, escuchando todo lo que ocurría a su alrededor.

No recordaba haber hecho un paseo así antes en su vida.

En su paseo se fue acercando al camino que le llevaba de vuelta a su casa. Siguió andando por el camino y al cabo de unas horas llegó a su casa. Le estaban esperando y al verle corrieron hacia él con gran alegría. Le habían echado mucho de menos. Se sintió reconfortado porque él también les había echado de menos.

Más tarde comió con sus amigos, que también se alegraron mucho de verle porque era una persona muy querida por todos.

Al llegar la noche, se dio cuenta de que aquel había sido un día diferente a todos los anteriores en su vida. Había tenido muchas experiencias nuevas.

A pesar de que de vez en cuando seguía sintiéndose desgraciado porque ya no tenía polvos de ilusión los días iban pasando de forma agradable. Como era muy curioso iba probando nuevas experiencias y nuevas formas de ver la vida.

Un buen día se despertó temprano porque había quedado con unos amigos para ir a dar una vuelta a caballo por el bosque. De repente se le pusieron los pelos de punta, estaba notando una sensación que hacía tiempo que no tenía, pero que conocía muy bien. No tenía ninguna duda, ¡estaba notando ilusión! Sí, aquello era ilusión, lo sabía perfectamente porque conocía muy bien aquel sentimiento. Aquel día se presentaba divertido y emocionante como le había estado pasando durante muchos años.

Salió de casa contento a encontrarse con sus amigos. Fueron a las cuadras y salieron a caballo juntos por el bosque. Aquella sensación de ilusión le seguía acompañando y le acompañó durante todo el día. Estaba tan contento que cada cosa que veía la veía con ilusión. Hasta la flor más pequeña la miraba con ilusión.

De repente, comprendió lo que le estaba pasando…

… y a partir de aquel momento volvió a ser feliz y de nuevo pudo volver a compartir su ilusión con las personas que quería.

**********

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies