La alternativa pedagógica de Paulo Freire

El concepto a determinar es qué se entiende por ser humano. Hay una definición aceptada comúnmente: el hombre es un animal racional.

El hombre como ser inacabado

Es correcta pero insuficiente. Demasiado esencialista. Adolece de ahistoricidad y atemporalidad. No se puede negar que el ser humano es racional y tiene un compuesto animal. Pero la totalidad del ser humano, sus manifestaciones y operatividad no son tenidos en cuenta. Hay que buscar una definición más amplia y dinámica.

El ser humano es un ser relacional porque es centro donde confluyen y de donde parte un conjunto de relaciones: con la sociedad, con la naturaleza, con la historia, con otros seres humanos.

El hombre es uno y múltiple. Es uno porque siempre permanece con la misma identidad. Es múltiple porque está en permanente crecimiento, porque está estructurado en diversos niveles de actividad.

Es decir, que la forma más adecuada de reflejar la realidad del ser humano es una concepción dialéctica del mismo. El hombre no es un ser estático, cerrado, terminado, sino que es abierto, dinámico y sujeto a un juego de contradicciones que provocan su desarrollo.

La educación como potenciadora del ser humano

La educación no está fuera de las coordenadas de espacio y tiempo. Muchas veces es una prolongación de la política de un gobierno. Otras, simplemente, la consecuencia de ideologías, de intereses económico-sociales. Se implementan modelos educativos para preservar determinados modelos de sociedad. Se instrumenta una política educativa a imagen y semejanza de los grupos de poder.

Sin embargo, la educación ha de tener una dirección marcadamente humanista, que apunte al desarrollo y la liberación del hombre. Capacitarle para responder creativamente a los desafíos históricos. La propuesta educativa ha de ser flexible, buscar nuevos modelos, estructurarse a partir de pautas dinámicas, establecer nuevas relaciones entre educar-educando, entre ambos y el proceso educativo. La educación ha de buscar no tanto el equilibrio sino la actualización de las potencialidades del hombre, debe considerar al educando no como objeto, sino como sujeto de su propia aventura, como protagonista.

Paulo Freiré y su educación liberadora

El pedagogo brasileño Paulo Freiré vivió de cerca la situación de una de las zonas más depauperadas del planeta: el nordeste brasileño. Una enorme extensión de muchos miles de kilómetros cuadrados de tierra ingrata. Es una zona subdesarrollada dentro de un país y un continente subdesarrollados. Desempleo, analfabetismo, alta mortalidad infantil, injusta distribución de la riqueza, hambre. En medio, varios millones de hombres. Para Freiré esta cruda realidad significó una interpelación a su imaginación, un desafío que le empujó a elaborar su propuesta educativa capaz de convertir al aplastado nordestino en agente de su propia liberación. Empezó por desechar las campañas clásicas de alfabetización y buscar algo diferente. Así fue construyendo poco a poco su educación liberadora.

Tres son las obras fundamentales de Paulo Freiré: “La educación como práctica de la libertad”, “Pedagogía del oprimido” y “Extensión o comunicación”. La primera, como el título bien indica, plantea la educación como ejercicio y desarrollo de la libertad en todos sus niveles y etapas. En la segunda hace un extenso estudio de las causas que oprimen a un hombre y del proceso a seguir para revertir la situación. La tercera hace una crítica aguda de las famosas campañas de divulgación y alfabetización (la p con la a, pa) que, según el brasileño, tienen graves defectos de concepción (paternalismo, elitismo) y métodos (intelectualismo, planes rígidos).

Los principales ejes de la educación liberadora son: la relación educador educando, los niveles de conciencia, contra la educación bancaria.

La relación educador-educando no ha de ser vertical sino horizontal. Nadie enseña a nadie y ambos aprenden y enseñan. No hay autoritarismo sino búsqueda conjunta. El educador es fecundado por el educando y viceversa. La comunidad educativa en desarrollo da lugar a una serie de roles, todos igualmente importantes, uno de los cuales es el que identificamos como el clásico de profesor. El educador es educando y el educando educador.

Los niveles de conciencia para Freiré son tres fundamentalmente. La conciencia mágica es el grado más alienado porque acepta explicaciones míticas; una conciencia mágica es una conciencia invertebrada. Un segundo nivel es el de la conciencia ingenua: es el amanecer de una conciencia que emerge desde la oscuridad: una conciencia ingenua empieza a sospechar cuál pueda ser la verdadera razón de las cosas, no se deja colonizar ni manipular. La conciencia crítica corresponde al mayor nivel de desarrollo. Su nota específica es su capacidad para desembocar en la acción, en una práctica capaz de modificar una situación histórica determinada. Es flexible, transitiva, se conjuga de acuerdo a las contradicciones que enfrenta y las resuelve.

Otro de los ejes educativos de Paulo Freiré es su crítica a la educación bancaria. Depositar conocimientos en el educando como si fuesen cosas que se dejan en un sitio es educar bancariamente. El profesor es el elemento activo y el alumno es pasivo y receptor. Esta modalidad pedagógica tan frecuente, supone que enseñar es transmitir conocimientos mecánicamente, crear hábitos rígidos para predeterminar conductas, desarrollar unilateralmente la memoria, confunde cultura con erudición, y el desarrollo personalizante con el voluntarismo. Es el saber como amontonamiento de datos, como yuxtaposición de cosas. La educación bancaria concibe el proceso educativo en forma lineal y acumulativa, no en forma dialéctica.

En resumen, P. Freiré parte de una situación humana a la que quiere modificar. Estructura toda su pedagogía tomando como referencia general una visión dialéctica del proceso educativo, buscando como objetivo primordial convertir al hombre en agente de su propia liberación.

La educación liberadora como camino de promoción de salud mental

Veamos qué aportes puede ofrecer una educación liberadora para la salud mental.
En primer lugar una liberalización general de las estructuras y propuestas educativas. Entendida negativamente como ausencia de rigidez; y positivamente como ámbito para el desarrollo creativo. No encorsetar al educando en un modelo preestablecido que genera represiones. La educación no es introducir en un mundo geometrizado que actúa como matriz modeladora.

La educación como represión, aunque quede encubierta con un aparato de técnicas modernas y equipo de expertos, es un verdadero atentado a la salud mental. Produce frustraciones, traumatiza prematuramente, distorsiona el proceso personalizante. Es especialmente nociva en etapas como la infancia y la primera adolescencia. La educación ritualizada es una variante suavizada del autoritarismo rígido. Falsea el conocimiento induciendo a duplicidades.

En general y como referencia permanente, la escuela y los planes de enseñanza deben apuntar a una relación dialéctica con la realidad histórica y con todos los estratos del ser humano. En esta relación se produce una mutua interdependencia y enriquecimiento. Esta apertura a la vida va modelando la salud mental y proveyéndola de elementos para poder desarrollar una práctica existencial concreta.

La relación educador-educando es otro de los aportes a rescatar de la pedagogía liberadora. Con demasiada frecuencia esta relación está empañada e interferida: desequilibrios neuróticos, descompensaciones, trasferencias y contrasferencias, agresiones, miedos, celotipias, autoritarismos, actitudes represoras, flagrantes injusticias, invasión de la intimidad… Todo esto debe ser desterrado. La relación educador-educando, horizontal e igualmente protagónica para los dos, da la pista para atacar de raíz el conjunto de estos males. El educador no es un terapeuta, evidentemente; pero si quiere impulsar el desarrollo y crecimiento dialéctico ha de liberarse él mismo de tan pesada urdimbre afectiva y comportarse como tal: no exclusivamente como terapeuta, pero también como terapeuta.

Asumir un rol pedagógico (en el sentido de inducir a y a la vez dejarse modificarse por) exige también alejar el peligro de burocratización. La burocratización va transformando sin prisa y sin pausa la mentalidad del educando; ya no ve en la educación un proceso dialéctico, sino lineal, geometrizado. Se va volviendo astutamente represivo y autoritario. Se desliza a posiciones de rutina, conoce las prácticas de manipulación y las utiliza. Esta peligrosa desviación, con consecuencias atentatorias a la salud mental del educador y el educando, encuentra una solución en la relación horizontal de educador-educando de Paulo Freiré.

La educación liberadora propicia el crecimiento integral, mientras los planteamientos tradicionales impulsan un crecimiento distorsionado. Se sobredimensiona el voluntarismo, la memorización y un intelectualismo abstracto en detrimento de otras facetas. Faltan aspectos esenciales para el desarrollo totalizado y dialéctico: contacto con la realidad, la imaginación creadora, la capacidad de interpretar y responder a los desafíos históricos, la afectividad, la relación social e interpersonal, etc. Las consecuencias para la salud mental son evidentes. Tal ven la más importante sea el choque con la vida misma al terminar el período educativo con sus secuelas de inadaptabilidad, búsqueda en solitario de soluciones cuestionables. El voluntarismo, la memorización y el intelectualismo cercenan la personalidad, provocando conflictos emocionales, desarreglos de conducta y otros efectos igualmente preocupantes.
Normalmente la educación todavía tiene bastante de campana de cristal donde se manejan valores descarnados, como si se tratase de la famosa caverna platónica. Luego viene el choque con una sociedad competitiva, monetizada. Salir de una isla, más o menos paradisíaca, para toparse con un paisaje árido expuesto a las inclemencias atmosféricas, es un auténtico schok. Se puede aceptar la nueva situación y olvidarse de la isla. Se puede aceptar en parte sí y en parte no, abocándose a una duplicidad. Se puede retornar a la isla. Lo primero invalida la etapa educativa; lo segundo crea tensiones difíciles de superar; la tercera postura soluciona el problema por la técnica del avestruz, es decir, se evade de ella. En ningún caso se evita el trauma del pasado y el schok del futuro. Una educación en la línea propuesta de la educación liberadora evita el problema; o, mejor dicho, lo plantea correctamente desde el primer momento, incluyendo en sus planes una permanente relación dialéctica con y a partir de la realidad.

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