La actitud del psicólogo

Por Jean Jaffe

Hablamos de varias herramientas fundamentales, como la empatía, el rapport, la calibración, etc. En este artículo vamos a hablar de algunas otras que, por obvias, no suelen citarse, pero que conviene tener en cuenta.

Existen gran cantidad de foros y debates sobre la eficacia de las diversas técnicas de las que dispone el psicólogo para conseguir una terapia lo más eficaz posible con el fin de sanar a sus clientes.

Sin embargo, en muchas ocasiones, no se ha prestado la suficiente atención a la actitud previa que el psicólogo debe adoptar para establecer una relación fluida con ese cliente.

Muchas veces nos encontramos clientes poco comunicativos, evasivos, que se pierden en divagaciones o que sencillamente no dicen nada.

No se sienten cómodos.

Esa primera tarea es por tanto fundamental para cimentar sobre ella el resto de la relación entre terapeuta y cliente. Se debe prestar una gran atención a muchos detalles que harán que entre ambos pueda existir una comunicación óptima.

Un primer paso sería el intentar no prejuzgar el comportamiento del otro. Podemos caer con facilidad en juicios poco fundamentados, inexactos y que pueden perjudicar de raíz la relación. Es relativamente fácil entonces levantar suspicacias, enojos, miedos, etc…

En ese primer contacto debemos, por tanto, mostrar todo nuestra confianza en el otro, para que el otro también pueda sentirse aceptado por nosotros.

En consecuencia, es importante sentirnos próximos a la otra persona, intentar comprenderla lo más profundamente posible, pero omitiendo cualquier juicio de valor que pueda dificultar esa comunicación.

Esa proximidad no debe, de todos modos hacer olvidar al terapeuta que debe mantener la suficiente distancia como para ser un observador imparcial, pero implacable, de toda la entrevista. Cada detalle cuenta y debe ser minuciosamente analizado por el profesional, manteniendo en todo momento esa actitud dialogante.

Otro factor muy relacionado con esto, y que en ocasiones olvidamos, es que tenemos que intentar crear un clima de consideración y de respeto a través de rasgos de amabilidad y disposición para la escucha.

Esa escucha debe ser siempre abierta, honrada y sincera y siempre con el fin de lograr una cierta empatía con nuestro cliente, intentar ponernos en su situación, imaginándonos lo que debe sentir, sus preocupaciones, sus miedos, sus sentimientos.

El terapeuta deberá estar siempre atento tanto a los mensajes verbales como no verbales, a los gestos, a lo importante y a lo aparentemente no tan importante, pero sin perder nunca de vista el problema central.

No debemos consentir digresiones que no van a ninguna parte y debemos ser capaces de encauzar el discurso de nuestro cliente hacia aquel o aquellos aspectos concretos que son la causa de sus problemas.

Tampoco debemos permitir que nuestra formación, nuestras presuposiciones, enturbien la entrevista. Discutir con el cliente sobre si existen o no partes dentro de nosotros o sobre si el psicoanálisis es o no efectivo, nos llevan a callejones sin salida. Si el cliente niega que existan partes dentro de él (en el fondo lo de las “partes” no es mas que una metáfora) o dice que su super yo está desatado esa temporada, debemos descartar las partes y hablarle, además, en términos psicoanalíticos.

Para terminar debo insistir que ante todo de lo que se trata es de crear un clima de mutua confianza que sólo se logra situándonos, en el plano metafórico, lo más próximos posibles a nuestro cliente.

Si creamos un clima adecuado, nuestro cliente se sentirá mejor comprendido, más arropado, y podrá de esta manera dar rienda suelta a lo que realmente le preocupa facilitando enormemente nuestro trabajo.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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