Individualidad y sociabilidad en el niño

Foto: Chris Goldberg(Licensed Under Creative Cmmons)

Foto: Chris Goldberg(Licensed Under Creative Cmmons)

Por Martha Spinoza

Recientemente he podido leer en su magnífica revista electrónica algunos artículos sobre la importancia de favorecer la autoestima en los niños. No obstante existe un aspecto, en torno a este asunto, que creo que todavía no ha sido lo suficientemente resaltado y es el de ayudar al niño a desarrollar su propia individualidad al mismo tiempo que se fomenta su vinculación con el medio que le rodea.

Estos dos aspectos aparentemente contradictorios me parecen efectivamente fundamentales a la hora de ayudar a formar individuos realmente saludables.

Suelen destacarse, así mismo, otros dos aspectos para la correcta educación de los niños en la autoestima. Estos son: dotar al niño de las suficientes pautas para que él mismo establezca su escala de valores, sus modelos, sus objetivos en la vida, y por otro lado darle el poder suficiente como para modificar sus propias circunstancias en la vida.

Con ser importantes estas dos ultimas ideas, no dejan de parecerme secundarias, al compararlas con la tremenda importancia que tiene la formación de personas con una individualidad y personalidad propias, y que sin embargo sean capaces de integrarse adecuadamente y vivir en sociedad.

Los niños necesitan sentir vinculación con las personas que les rodean, los que forman parte de su vida: sus padres, sus hermanos, sus abuelos, sus tíos, sus primos, sus maestros, sus amigos, etc…

Este tipo de vinculaciones se establecerán conforme el niño sienta que se le quiere y se le aprecia. La comodidad y seguridad de estas relaciones también le harán sentirse más vinculado a estas personas y a la sociedad en general.

El niño necesita centrar su existencia con respecto a la colectividad. Necesita sentir que pertenece a un determinado grupo o grupos. Necesita saber que pertenece a una familia concreta, a una pandilla de amigos determinada, a un colegio y a una clase en concreto.

Es aquí precisamente donde ambos conceptos, colectividad e individualidad conectan para ser, no contradictorios, sino complementarios.

Cada niño pertenece a un ámbito distinto y lógicamente puede tener grupos comunes pero también diferenciados con respecto a los demás niños.

Manolito va al mismo colegio y a la misma clase que Felipito, también pertenecen a la misma cuadrilla, pero pertenecen a dos familias distintas y viven en dos barrios distintos. Además uno es seguidor del Barca y otro del Real Madrid.

Por otra parte Manolito tiene un hermano, Sebastián, más pequeño que él. Lógicamente no van a la misma clase ni pertenecen a la misma cuadrilla. Pero sí que se sienten integrantes de la misma familia aunque Sebastián sea seguidor del Depor.

Como vemos la integración de estos niños dentro de la sociedad, a través de su pertenencia a un grupo determinado no implica de ningún modo una uniformidad en su modo de sentirse individuales, singulares ante los demás.

Para que un niño pueda expresar su singularidad debe ser posible que pueda expresar sus diferencias, que se le permita valorarse en su individualidad.

Esto es únicamente posible si los mayores respetan sus manera de ser, sus valores y les toman en consideración.

No suele ser fácil en nuestra sociedad que los padres acepten muchas singularidades de sus hijos, fundamentalmente por miedo a que no sean aceptados en sociedad.

Por alguna extraña razón los padres suelen transmitir sus propios miedos a sus hijos e intentan que sean lo más uniformes posibles, lo más “normales” posibles.

Este tipo de comportamientos suele ser especialmente significativo cuando se refiere a roles sexuales.

Es complicado para unos padres elogiar actitudes “varoniles” en las niñas y por el contrario destrezas o actitudes “femeninas” en los niños.

Que a unas niñas les guste jugar a fútbol no es ningún regalo para sus padres, que se debatirán en la duda de apoyarlas o intentar desanimarlas de sus aficiones naturales.

Lo mismo puede suceder con un niño que demuestre afición por el ballet, cuyos padres se encontrarán con el temor a que su hijo no sea aceptado socialmente y se le tilde de “mariquita”.

Sobre todo, de lo que se trata de es de evitar que esas peculiaridades puedan ser interpretadas por esos niños como negativas.

Los padres y educadores, en resumen, estamos obligados a aprovechar el tremendo potencial creativo que todos los niños tienen de manera innata, y no transmitirles nuestros propios prejuicios y temores.

No podemos ignorar que los niños son verdaderos filones de expresión y creatividad que es nuestra obligación explotar.


Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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