Deporte con imaginación

Foto: Wholey(LCC)

Por María Guadalupe Povea

Se suele decir que somos lo que pensamos. Esto es también válido en el deporte. Antes de hacer cualquier cosa, cualquier actividad, nos la imaginamos en nuestra mente, ¿no es cierto?. Antes de realizar cualquier acción deportiva, ya ha pasado antes por nuestra imaginación. Depende de cómo se estructure ese pensamiento, así será nuestro rendimiento. El deportista tiene una imagen mental de cada una de las partes de la acción, creandose una especie de “memoria muscular” de esas partes.

Hay dos formas de aprender a leer, dos sistemas diferentes utilizados por distintas escuelas pedagógicas. Una de ellas dice que se aprende a leer desmenuzando las oraciones en frases, las frases en palabras y las palabras en sílabas. La otra dice que se aprende a leer de forma global y si no, no se aprende. En el deporte, también funcionan estas dos escuelas: unos aprenden la práctica desmenuzando las acciones en acciones más pequeñas y repitiendo y repitiendo cada una de las pequeñas acciones; otros, por su parte, consideran que se tiene que aprender como una totalidad. El todo, sin duda, no es la suma de las partes, el todo es una expresión de la relación de las partes entre ellas. Pero tendremos que reconocer que ninguno de los dos puntos de vista tiene toda la razón.

Mahatma Gandi dijo que no hay un camino para la paz, sino que la paz es el camino. Parafraseándolo, podríamos decir que no hay un camino para el aprendizaje, sino que el aprendizaje es el camino. No es un final, sino un camino, un proceso. El entrenamiento en el deporte consiste en ordenar los procesos, las secuencias.

Cuando imaginamos algo, es decir, cuando formamos imágenes mentales de algo, y lo hacemos de forma asociada, nos enfrentamos con las mismas sensaciones, con los mismos problemas, que nos encontraríamos si lo hiciéramos de verdad. Hay una diferencia fundamental: con la imaginación podemos ahorrarnos tiempo y esfuerzo. Si yo me imagino que voy a comprar al mercado, si me lo imagino a la misma velocidad que en la realidad, me costará tanto tiempo como cuando lo hago de verdad. Pero con la imaginación puedo ir al mercado y comprar en muy poco tiempo. Con la imaginación puedo encestar la pelota en la canasta de basket desde una distancia de veinte metros y desde una altura, volando, de cinco metros. Puedo, incluso, pasar por encima de la canasta planeando como un avión.

Lo más importante es hacer imágenes muy claras y detalladas, de tal forma que la acción sea una totalidad, llena a rebosar de la mayor parte de sensaciones posibles, con texturas y sonidos, con olores y sabores, con todo aquello que convierta esas imágenes mentales en algo “vivo”. Si al hacer imágenes mentales hay cortes en la película o rozaduras o, quizás, faltan algunos de los elementos que le dan viveza, eso puede querer indicar que el cuerpo no ha introyectado todavía a nivel muscular todo el complejo mecanismo del entrenamiento. Estas secuencias “incompletas” de la película nos dan una importantísima información, mensajes clave, sobre las carencias que están teniendo nuestros nervios motores. Cuando el cerebro se salta alguna secuencia, lo más probable es que no tenga conocimiento sobre el proceso, es como si no se hubiera aprendido la lección.

Las palabras se las lleva el viento. No basta con decirnos internamente cómo o qué tenemos que hacer. Las palabras son incapaces de describir exactamente qué está ocurriendo ni a la velocidad adecuada. Las palabras son del cerebro izquierdo y el movimiento en el espacio, fundamental en cualquier deporte, es del hemisferio derecho. El hemisferio con el que podemos hablar sobre cómo hacer algo, no es el hemisferio que sirve para hacerlo realmente. El cuerpo necesita imágenes, sensaciones, para entrar en acción. El mejor sistema, por lo tanto, es la utilización de matáforas, ya que las metáforas están formadas por la unión de palabras e imágenes. Una metáfora se dirige hacia los dos hemisferios, creando una totalidad. No sirve decir “ahora tengo que doblar la muñeca y darle un golpe seco a la raqueta”. Hay que traducir eso en imágenes, imágenes visuales, imágenes auditivas, imágenes de sensaciones, sólo así el cerebro entenderá exactamente lo que queremos conseguir. No es lo mismo hablar o pensar sobre algo, que ver vívamente algo por medio de imágenes.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


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