Imagen interna

Por Leonor Rivera

¿Qué pensarán los demás de mí? ¿Cómo me verán? Cada uno tenemos una imagen más o menos deformada de nosotros mismos. Muchas personas siguen viéndose en su “espejo interno” tal como eran a los quince años, aunque ahora tengan treinta, cincuenta u ochenta.

La imagen mental que cada uno de nosotros tenemos de nuestra apariencia física, muchas veces no se corresponde en absoluto con la que “realmente” es.

No obstante, existe un condicionante mucho más importante que proyecta la imagen que nosotros creemos que tenemos hacia los demás.

Aún cuando vayan pasando los años, seguimos teniendo mucho en común con la adolescente que se despierta una mañana y contempla horrorizada en el espejo como un pequeño grano acaba de salirle en la punta de la nariz.

Toda su energía y dedicación se dirigirán hacia cómo eliminar ese pequeño defecto cutáneo.

Intentará eliminarlo por todos los medios y cuando ve impotente que eso es imposible intentará disimularlo con cualquier clase de cosmético.

Puede lograrlo en mayor o menor medida pero no podrá quitarse en todo el día la sensación de que todos se fijan en su grano.

Todos hemos compartido en alguna ocasión esa sensación de inseguridad con esa adolescente.

Podemos ser gordos, delgados, altos, bajos, guapos o feos, pero lo que realmente nos delata es lo que pensamos de nosotros mismos.

Continuamente estamos pensando en aquello que no nos gusta de nosotros mismos o de lo que nos sentimos inseguros, no podemos dejar de expresarlo en voz alta para que los demás nos escuchen.

Pero también a través del lenguaje no verbal lo expresamos continuamente.

Aquel que piensa de sí mismo que es demasiado alta caminará encorvado, avergonzándose de su altura.

El que piensa que es demasiado bajo usará zapatos con alzas o de tacón alto.

El que tiene de sí mismo un concepto de gordo intentará siempre ir de colores oscuros y con ropa holgada que no marque sus redondeces.

El que comienza a perder pelo intentará disimular sus entradas con un mechón demasiado largo que intenta ocultar su alopecia pero que lo único que consigue es llamar la atención sobre ella.

La adolescente que se avergüenza de sus formas femeninas se tapará el pecho con la carpeta.

Las mismas actitudes de estas personas que no se hallan cómodas con su apariencia física nos demuestran en todo momento lo poco contentos que nos encontramos en muchos momentos con nuestro cuerpo.

Pero no todo son malas noticias.

De la misma manera que con nuestra manera de comportarnos o de hablar podemos llamar la atención hacia aquello de lo que no nos sentimos satisfechos, si somos capaces de desarrollar una actitud positiva hacia nosotros mismos también podemos transmitirla a los demás.

Aquel que se siente satisfecho y seguro de sí mismo transmite sin lugar a dudas una imagen atractiva a los demás por encima de estereotipos, de modas pasajeras, de ser más o menos altos, más o menos gordos o flacos, tener mucho o poco pelo o de que en un momento determinado pueda salirnos un grano en la punta de la nariz.

Ejercicio
Cierre los ojos y piense en usted. ¿Es una imagen? ¿Qué sensación le produce imaginarse a sí mismo? Si le produce una buena sensación, enhorabuena. Si no le produce buena sensación, piense en usted mismo en algún momento de su vida en el que se haya encontrado en buena armonía consigo mismo. Observe las submodalidades de esa imagen con buena sensación (luz, color, brillo, si es asociada o disociada, si tiene movimiento o no, si se ve por delante, por detrás o de perfil, etc…) Cambie ahora esas submodalidades en la imagen actual que no le produce buena sensación. ¿Ha cambiado la sensación?

Si es algo que usted se dice sobre sí mismo, cambie también las submodalidades auditivas. Si es una sensación, cambie las submodalidades kinestésicas (hay muchos articulos en Chasquido en los que se explica cómo hacerlo).

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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