Ignoren esta señal

Metáforas; Por Ricardo Ros

Cuando Simplicio Orejudo acabó sus estudios primarios, sus padres lo pusieron a trabajar como aprendiz de carpintero. No es  que la sierra y la gubia despertaran en él nuevas entendederas, pero hicieron que su adaptación al mundo de los adultos se produjera sin mayores quebrantos. Porque Simplicio, desde muy pequeño, tuvo grandes dificultades para comprender las cosas. Por eso nadie se extrañó cuando, a los 40 años, Simplicio decidió que su pueblo se le quedaba pequeño y que quería visitar la capital, distante 400 kilómetros. Ir hasta la capital era toda una aventura, incluso para el Sr. Alcalde, que hacía el viaje, no sin grandes apuros, dos veces al año, cuando tenía que ir a dar cuentas y recoger instrucciones del Gobernador.

Así que, un día, Simplicio sacó un billete de bus y se embarcó en la mayor aventura de su vida. Cuando llegó a la capital, todo le pareció desproporcionado, las calles, los edificios, la multitud, el tráfico…. Especialmente el tráfico. Tanta circulación, tantos cláxones sonando, tanto humo y ruido, tantas señales de tráfico, tantos guardias dirigiéndolo en todos los cruces…. A Simplicio le pareció que aquello era la mayor maravilla del mundo, él que estaba acostumbrado a la tranquilidad de su pequeño pueblo.

Así que se pasó tres días en un cruce de calles especialmente conflictivo. Era muy divertido sobre todo cuando los semáforos se descoordinaban con los del cruce cercano y cientos, miles de automóviles se enfrascaban en un lío fenomenal. La adrenalina subía por sus venas y para Simplicio era casi como un orgasmo. Se dio cuenta que el espectáculo se repetía exactamente cada 17 minutos. Exactamente cada 17 minutos. Y cada 17 minutos los guardias de la circulación se desesperaban tratando de restablecer un orden imposible, los automovilistas tocaban frenéticamente sus bocinas, se insultaban unos a otros, mentaban a sus madres y, visto y no visto, en segundos todo volvía su cauce, se restablecía la normalidad y cada uno seguía su camino. Hasta que volvían a pasar otros 17 minutos y el caos se repetía.

Parecía mentira que nadie, excepto él, se diera cuenta de que todo dependía de un paso de peatones mal regulado. Bastaba con retrasar el verde durante 25 segundos y el caos desaparecería. Así que, muy respetuosamente, echándole un valor del que carecía, se acercó a un guardia y le dijo: “el semáforo está mal regulado”. Entre el ruido y el agotamiento, el guardia no entendió palabra y le pitó con su silbato para que retrocediera y volviera a la acera, sólo faltaba que hubiera un atropello en su zona, estando él delante. Simplicio retrocedió hasta la acera y siguió contemplando el espectáculo. Y, de repente, se le ocurrió un método mucho mejor. Hizo un letrero y lo extendió bien visible ante los ojos de todo el mundo: “Ignoren esta señal”

10 Herzios

10 Herzios

Cuando el cerebro se sitúa en 10 Herzios (nos quedamos dormidos en 7 Herzios), nuestra mente está dispuesta para la relajación, para la concentración. Es la frecuencia también del aprendizaje acelerado, ya que memorizamos con más facilidad y recordamos mejor.

Más información

Etiquetas:

1 Comentario

  • Quizá mientras los conductores leian el letrero de Simplicio dejarían de mostrarse ansiosos vociferando?.Mirar hacia otro lado sería la solucíón?
    Aprovecho para preguntarle cómo podría hacerle llegar mi problema mediante un canal o cauce privado para su orientación. Gracias. Saludos,Belda.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies