Palabrotas en los niños

Por Celina Mendoza

Los niños pequeños están aprendiendo a hablar. Continuamente aprenden nuevas palabras y acostumbran a experimentar el efecto que consiguen al decirlas. Es posible que al principio repitan las palabras y sonidos que oyen como simples loros sin saber exactamente lo que dicen,  pero poco a poco se van haciendo plenamente conscientes de las reacciones que provocan con ellas en los adultos. Entre los tres y cinco años los niños ya saben perfectamente utilizar algunas palabras malsonantes o tacos para expresar sus estados de frustración y sus enfados.

Para ello los adultos somos avezados maestros porque sin darnos cuenta lo hacemos delante de ellos, y no hay nada tan sonoro y llamativo dentro de una conversación como un insulto o una palabrota.

En este aprendizaje tampoco es ajeno el propio niño que repetirá estos adverbios ante sus amiguitos y que rápidamente serán asimilados por ellos.

Los insultos y palabrotas también son utilizados por tanto para atraerse la atención de otros niños, para “hacerse los interesantes”, pero sobre todo para desafiar la autoridad del adulto.

El niño sabe perfectamente que lo que dice está mal, que no debe decirse y que a sus padres no les gusta pero ¿qué serán capaces de hacer para evitarlo?

Desde luego parece contraproducente atacar el problema frontalmente. Oponerse a ello, enfadarse o gritar no hará sino aumentar el enfado de nuestro hijo que se sentirá si cabe más desafiante.

Evitar la reacción frontal contra los insultos y las palabrotas irá debilitando el interés del niño por ellas. Por el contrario, con un enfrentamiento directo lo único que conseguiremos es echar más leña al fuego.

Igualmente debemos intentar ignorar los tacos ocasionales que el niño dice. Darles una mayor importancia no haría sino reforzarlos dentro del vocabulario del niño.

No obstante, aquellas palabras que parece que se van fijando en sus costumbres deben ser abordadas, no con amenazas ni gritos, sino con una conversación sosegada.

El adulto debe intentar hacer comprender al niño que los insultos pueden herir los sentimientos de los demás, que pueden hacer daño, y que es eso precisamente lo que debemos evitar.

Por otro lado conviene desdramatizar la situación.

Decir tacos o insultar forman parte del natural aprendizaje del niño y son perfectamente naturales que las digan en un momento u otro. Corregirles, educarles es nuestra obligación pero nunca lo lograremos si lo intentamos imponer mediante el castigo o los gritos.

Hablar del tema sosegadamente, sin convertirlo en algo tabú, incluso bromear sobre ello, ridiculizarlo, convertir el utilizar otras palabras alternativas en un juego, son otras opciones de las que podemos servirnos para lograr nuestro objetivo.

No podemos olvidar que los niños ignoran el verdadero significado de las palabras malsonantes que utilizan y que si conseguimos no darle excesiva importancia ese comportamiento dejará de producirse mucho antes de lo que imaginamos.

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Nuevos enfoques en educacion
Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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