Hablar sin miedo ante un auditorio

Foto: Ciclo MPE(Licensed Under Creative Commons)

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Por Peter Stern

Generalmente, lo que se pretende con una charla ante un gran grupo es informar o persuadir. Lo primero que tienes que hacer, por lo tanto, es saber cláramente cuál es tu objetivo. No es lo mismo hablar sobre el Machu Pichu y su historia, que tratar de convercer a tus oyentes de que compren unas vacaciones y visiten el Perú. Suele ser muy útil plantear los objetivos de acuerdo a comportamientos que quieres lograr. ¿Qué conducta quieres conseguir entre las personas que te están escuchando? ¿Quieres que hagan algo o que reflexionen? ¿Quieres que sepan más cosas o que compren un producto o una idea? Si deseas que tus oyentes visiten el Machu Pichu, la conducta que quieres conseguir al final de la charla es que compren los billetes. Si, por el contrario, deseas que tus oyentes sepan la vida del pueblo inca, al final de la charla lo que habrás tenido que transmitir es información y datos suficientes para que tu auditorio pueda contestar a determinadas preguntas sobre los incas.

El siguiente paso es diseñar el tema. Según algunas investigaciones, un auditorio sólo es capaz de seguir las explicaciones de un tema principal y tres temas colaterales, perdiéndose todo lo demás. ¿Cómo puedes explicar tus ideas de la forma más sencilla posible? Un gran auditorio esta formado por personas muy heterogéneas. Es posible que incluso haya gente a la que no le importa en absoluto el tema sobre el que quieres hablar. Tus explicaciones, por lo tanto, deberían estar disponibles para el mayor número de oyentes posible. La sencillez es primordial, tanto en el contenido como en la forma.

¿A quién va dirigido tu discurso? Sexo, edad, formación, procedencia, intereses comunes, son datos fundamentales. No es lo mismo dar una charla a personas de la tercera edad, que a un grupo de adolescentes. No es lo mismo dar una charla a un grupo de campesinos, que a profesores universitarios.

¿A qué hora pronuncias tu charla? No es igual dar una charla a media mañana, que a primera hora de la tarde o última de la noche. ¿Cómo está dispuesta la sala en la que vas a dar tu conferencia? ¿Tiene los asientos anclados al suelo o se pueden mover las sillas? ¿Hay suficiente luz o comodidad? ¿Dispones de soportes para hacer esquemas visuales o proyectar imágenes o sonidos?

Todas las charlas tienen una introducción, un núcleo y una conclusión. Hay un viejo dicho que afirma: “diles qué les vas a decir, díselo y a continuación diles qué les has dicho”. En la introducción es muy importante llamar la atención de los oyentes, orientándoles sobre el resto del contenido. El cerebro humano tiene necesidad de saber qué viene a continuación. Organiza la introducción de tal forma que raptes la


 

El arte de hablar en publico

F. Scott – El arte de hablar en público y tener habilidades sociales

Aunque probablemente usted no se verá precisado a ser orador y ni siquiera tendrá ocasión para ello, sin duda se le presentará alguna vez la ocasión para dirigir la palabra a un grupo más o menos numeroso de personas en diferentes ocasiones que la vida puede ofrecer: un banquete, una boda, un homenaje, etc.

¿Quien no se ha encontrado en el trance de intervenir en una conversación entre amigos, compañeros o colegas? ¿Y que tendría de raro que usted, amigo lector, tuviera que dirigir la palabra a un grupo de personas reunidas en una cena u homenaje a algún amigo o conocido? En tales casos, ¿habrá algún lector que no desee saber expresarse de modo que acredite sus méritos personales, aspirando a convencer, a gustar, a destacar, en una palabra?


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atención y, al mismo tiempo, des información sobre lo que viene a continuación. Repite las ideas tres veces como mínimo, utilizando distintos canales cada vez. Explica las cosas utilizando imágenes visuales, pensamientos auditivos y sensaciones kinestésicas. Dale a cada oyente facilidades para que te siga. Eres tu quien debe adaptarse a los oyentes y no al revés.

La introducción te tiene que dar a ti mucha información sobre tu auditorio. ¿Cómo están reaccionando tus oyentes? ¿Sonríen, asienten, niegan con la cabeza, alguno se está quedando dormido? Es muy importante que calibres las reacciones de tu auditorio, porque dependiendo de estas reacciones, tu tienes que ajustar tu forma de seguir dando la charla. ¿Se mueven mucho en sus asientos? Haz algo para que se muevan pero siguiendo tus instrucciones. ¿Hablan entre ellos en voz baja? ¿Cómo puedes hacer que esa circunstancia te ayude en tus objetivos? Aprovecha la comunicación que te estan transmitiendo en beneficio de tu objetivo.

Usa términos simples y frases muy cortas. Repite las ideas. Un auditorio, está comprobado, sólo asimila una tercera parte de lo que dices. Crea anclajes,marca tu territorio. Utiliza la primera persona del singular o del plural para hablar, evita las frases impersonales o la segunda o tercera persona si estas hablando sobre ti mismo. Utiliza símbolos, metáforas, ejemplos, ilustraciones. Si llegas al inconsciente, tu público te seguirá a donde tu quieras.

A continuación expón tu tesis sobre el tema. Puedes hacerlo de forma secuencial (siguiendo algún tipo de hilo argumental), en forma espacial (a través del tiempo histórico), en forma de estructura o de función (¿para qué sirve cada cosa?), en forma de problema/solución (típico de las charlas persuasivas), o en forma de causa/efecto o efecto/causa.

Finalmente, en la conclusión haces un resumen de lo que has dicho, volviendo a repetir la base de tu argumentación. En la conclusión debes indicar cláramente qué quieres que haga a continuación tu auditorio, qué conductas quieres conseguir. Lo mejor, quizás, sea acabar con una frase que lleve a la acción o a la reflexión. Cuando hayas cabado, indica cláramente que ya has terminado.

¿Te produce miedo hablar en público? ¿Notas sudoración, palpitaciones, la cabeza que se te embota, la vista que se nubla? Es algo muy normal, simplemente tienes ansiedad.

Miedo a hablar en público
Paso 1. El problema es que tu cerebro considera que hay un peligro para ti y envía los síntomas típicos de la ansiedad. Observa qué pasa cuando piensas en que tienes que pronunciar una charla. ¿Cómo es tu pensamiento, visual, auditivo o kinestésico? ¿Es asociado (ves al público a través de tus propios ojos, pero no te ves a ti mismo) o disociado (te estas viendo también a ti)? ¿Hay luz, colores, movimiento? ¿Hay algún sonido, ruido o pensamiento interno?

Paso 2. ¿Qué ocurre si cambias alguna de esas submodalidades? Si es una imagen asociada y la disocias, ¿hay un cambio de sensación?. ¿Y si le quitas o le pones sonido? ¿Y si le quitas luz a las personas del público? ¿Qué ocurre si cambias el brillo? Localiza cuál es la o las submodalidades visuales, auditivas o kienestésicas que marcan la diferencia en la sensación.

Paso 3. Cambia varias veces las submodalidades anteriores hasta que se automaticen.

Paso 4. Piensa en una situación del futuro. ¿Te imaginas ya tranquilamente dando la charla?

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