El fracaso Escolar

Foto: Gelmann(LCC)

Por María Gutierrez

El ingreso en la escuela supone para el niño un cambio brusco para el que a menudo no está preparado. Las condiciones escolares son muy diferentes a las del hogar. En la escuela el niño es uno más y se debe adaptar a la vida del grupo, que le aprobará o desaprobará por lo «que haga, no por lo que es». Por otra parte, se le exige un trabajo y su labor será valorada.

No nos puede extrañar que muchos niños fracasen en sus intentos de integración al medio escolar o, por lo menos, tengan dificultades. Esto es el síndrome de la inadaptación escolar.
Los síntomas del niño inadaptado a la escuela son muy variados. Pueden oscilar desde las faltas simples a la disciplina de la clase o la inatención al grado máximo de falta de integración que es la novillería o ausentismo. Pero la consecuencia es siempre un retraso pedagógico, sobre el que a menudo recaen las preocupaciones.

En resumen, el maestro ve la inadaptación escolar del niño de tres formas:

1. Como trastornos y variaciones en el rendimiento escolar.

2. Trastornos de la conducta y de las relaciones sociales con los otros niños.

3. Trastornos del estado de salud física o psíquica del escolar.

Causas físicas

Son muy frecuentes y las primeras que debemos descartar. Cualquier enfermedad o defecto físico puede causar trastornos en la adaptación escolar del niño.

Las enfermedades crónicas cerebrales, cardíacas, poliomielitis (residual), diabetes severa, tuberculosis, epilepsia con crisis frecuentes pueden contraindicar una escolaridad normal. No es infrecuente que niños que han pasado enfermedades infecciosas se envíen aún en plena convalecencia a la escuela por padres ansiosos de los progresos escolares de sus hijos. Estos niños se fatigan con facilidad y pueden reaccionar con inestabilidad y agresividad en clase. Hay una serie de enfermedades que producen una convalecencia más larga que otras: tos ferina, rubéola, ictericia, mononucleosis infecciosas y que son más debilitantes que las otras. También las infecciones faríngeas de repetición pueden favorecer la fatiga del niño a las explicaciones del maestro, y éste considera al niño como un inatento. En realidad, estos niños son enfermos.

Por otra parte, no debemos olvidar que hay períodos normales de la vida del niño en que éste se fatiga con mucha facilidad. Estos momentos coinciden con los períodos de crecimiento rápido y asientan, en general, alrededor de los siete años y en la prepubertad. La fatiga en estas edades va acompañada a menudo de dolores de cabeza y extremidades.
Los defectos físicos pueden originar en el niño intensos sentimientos de inferioridad, sobre todo si son objeto de las burlas de sus compañeros y el niño llega a sentirse «diferente de los demás niños». La reacción neurótica puede ser muy fuerte y trastornar la futura integración social del niño.

Entre las causas físicas merecen una especial mención las causas sensoriales: defectos visuales y auditivos. Muchos de estos niños son considerados como anormales psíquicos; en realidad son seudoanormales psíquicos.

Los defectos auditivos son de un enorme interés y a “menudo pasan inadvertidos. Desde el punto de vista práctico se consideran sordos aquellos niños que no entienden la voz fuerte; pero los casos poco intensos, los niños llamados semisordos, son mucho más frecuentes y pasan inadvertidos casi siempre. Debain calcula que el 4-5 por 100 de la población escolar padece defectos auditivos. El maestro puede sospechar que está ante uno de estos casos cuando los padres le confirman que el niño aprendió tarde a hablar o habla aún de modo defectuoso.

Estos semisordos, por poseer restos auditivos, se defienden como pueden; claro es que las palabras son oídas a «retazos»; por eso no es extraño que confundan las órdenes verbales o las explicaciones del maestro y parezcan ser débiles mentales.

Las reacciones de estos niños a sus dificultades pueden ser variadas y oscilar desde el desinterés por el trabajo en la escuela hasta frecuentes reacciones coléricas, agresivas, precipitadas a menudo por castigos no comprendidos por el niño.

Muchos niños ingresan en la escuela con un lenguaje vacilante. Las burlas de los compañeros y su falta de comprensión puede fijar su tartamudez, que es posible no se hubiese presentado en un ambiente favorable.

Causas higiénicas

Se refieren principalmente al modo de vida del niño.

Alimentación —Debe ser analizada en su ritmo, cantidad y calidad. No nos puede extrañar que los niños subalimentados no desarrollen una labor escolar eficiente. La función intelectual del niño sufre con el hambre. No nos referimos a las causas indirectas que acompañan a la subalimentación, hacinamiento en viviendas poco higiénicas, promiscuidad, etc., sino a los efectos del hambre misma sobre la labor escolar. Es extraordinariamente frecuente que el niño sea enviado a la escuela con un exiguo desayuno cuyo efecto ha desaparecido a media mañana, y eso en el caso que el niño desayune.

Algunos autores, basados en esto, han hablado del síndrome de hipo-glucemia (baja de azúcar en la sangre) de las once de la mañana, que se manifiesta por un estado especial de agitación, acompañada de inestabilidad y falta de atención en unos casos; en otros, por somnolencia y desinterés general.

No cabe la menor duda de la influencia favorable del almuerzo de media mañana en la escuela (el llamado pequeño almuerzo de Oslo), y que generalmente está constituido por leche, pan y un poco de mantequilla, para el trabajo escolar.

Sueño —Es tan importante como la misma comida. Debemos conocer la hora de acostarse y levantarse del niño, sí el niño cae pronto dormido y si su sueño es tranquilo o agitado. Las necesidades de sueño del escolar son muy grandes, y pocas veces bajan de diez horas diarias.

Deportes y distracciones — Con cierta frecuencia ocupan tanto la atención del escolar que llegan a ser fatigantes y a veces trastornan el descanso nocturno del niño: agitación, terrores nocturnos, etc. El niño cansado duerme mal y desatiende el trabajo de la escuela.

Trayectos —Hay un grupo de niños que, dada su lejanía de la escuela, deben recorrer un trayecto fatigante varias veces al día o usar medios de transporte muy molestos. Es deber de los padres que el niño asista a un colegio cercano, aunque sea de menos renombre. Como reglas prácticas la escuela no debe distar más de 1.500 metros de la vivienda del niño o éste tardar más de media hora en llegar a ella.

Fatiga —En realidad es una causa pedagógica. No es útil el sobrecargar de trabajo casero al escolar, de tal forma que su vida extraescolar sea un apéndice de la escuela. El niño tiene derecho al descanso.

Causas intelectuales

En este epígrafe incluimos las diferencias de dote intelectual de los niños y una serie de deficiencias específicas que se conocen con el nombre de dislexia y dificultades para la aritmética.

La deficiencia intelectual acostumbra a ser lo primero en que se piensa. Es preciso en cada caso hacer un estudio completo del niño; familia y ambiente, y completarlo con «tests» no sólo intelectuales, sino pedagógicos.

Pero no es sólo la oligofrenia causa de inadaptación escolar. A menudo los niños superdotados muestran desinterés por el trabajo escolar, ya que éste no excita su curiosidad por ser demasiado elemental para su capacidad mental. Es bien conocida la regla pedagógica de guiarse en la colocación del niño por la edad mental más bien que por la edad cronológica.
Los niños con C. I. mayor de 140 precisan de todas formas de clases especiales para superdotados.

Hay un grupo de niños que presenta dificultades para aprender a leer o para las operaciones aritméticas sin presentar defecto intelectual ni sensorial alguno. Estos niños están incluidos en el grupo de los niños disléxicos y con dificultades específicas para la aritmética. La frecuencia de la dislexia es de notar (5 por 100 de la población escolar) No nos podemos extender en estos problemas; quedan reseñados.

Causas emocionales

Son de gran importancia. En todos los casos de inadaptación escolar encontramos factores afectivos que pueden ser la causa o consecuencia de la inadaptación. Por eso es preciso analizar detenidamente cada caso.

Las causas más importantes de interferencia emocional del niño escolar son las referentes a la estabilidad del medio familiar: disgustos entre los padres, abandono por parte de los padres. Una forma especial de abandono es el sentido por los niños que viven en internados fríos, faltos del calor del hogar. Sí los padres son demasiado duros y exigentes y piden al pequeño que se comporte como un adulto, el niño se siente abandonado también. Igual sucede con el tipo de padres perfeccionistas que fustigan al escolar casi como si fuera un animal de carga.
La reacción del niño ante un ambiente familiar tan desfavorable es un intenso sentimiento de inseguridad y ansiedad. Estos niños vacilan siempre, dudan antes de emprender cualquier tarea, les falta método y parecen confiar en que el azar les ayude a resolver sus dificultades. Es como si necesitaran la ayuda de sus exigentes padres.

También los niños mimados en exceso, aunque por otras causas que las descritas en los párrafos anteriores, desarrollan un síndrome parecido. Estos niños muestran, ante todo, rasgos acusados de inmadurez emocional que han denominado Codet y Laforgue «esquizonoia» o retraso afectivo.

Niño mimado, niño podrido. Estos niños rechazan la escuela porque supone sujeción, disciplina, trabajo y dejar de ser «el ombligo del mundo».

Una reacción típica del niño ante los fallos educativos es la reacción de oposición, que es expresión de la agresividad infantil contra las decisiones de los otros niños. El niño no acepta la disciplina de la clase ni el silencio y su conducta es tumultuosa, inquieta, desordenada, no ha-ce sus deberes y sólo se doblega bajo la amenaza de sanciones, pues puede insolentarse y aun responder. Otra forma de oposición, no tan bien conocida, se manifiesta simplemente con una manifestación de desinterés por la clase. Son niños que no prestan atención y parecen estar como ausentes de clase. Estos casos no deben ser confundidos con los «ensoñadores», que son niños que viven a menudo en un mundo irreal, imaginario, placentero, que ellos constituyen como medio de escape de la realidad desagradable. Un signo diferencial es que los «oponentes pasivos» no hacen vida social en la escuela; se aíslan de los juegos colectivos y poseen pocos amigos. La reacción de oposición es, pues, una actitud negativista ante una situación vital desagradable.

La reacción de oposición en la escuela puede ser debida: a) A que el niño identifique al maestro con la autoridad paterna, b) En niños que viven en internados, como reacción al intenso sentimiento de abandono, c) A una falta de integración con el grupo de niños que constituyen la sociedad escolar y que puede ser originada por un sentimiento de inferioridad intenso o por ser un niño mimado que desearía seguir siendo «vedette» en la escuela.

El medio escolar es el primer intento «serio» de socialización del niño. Otra forma de manifestarse la interferencia emocional en el medio escolar es por medio de la llamada inestabilidad motriz, que es en realidad una inestabilidad psicomotriz. El niño se mueve incesantemente de un lugar a otro, no puede permanecer quieto, su atención es viajera, el índice de distractibilidad, muy alto.

Esto es parecido a lo que ocurre a los niños que padecen lesiones cerebrales. Las causas de la inestabilidad motriz pueden ser múltiples: a) Origen orgánico, lesión cerebral, corea reumática, etc. b) Origen psíquico, emocional, y en este caso son expresión de la ansiedad e inseguridad vital del escolar, casi siempre de origen familiar, c) En algunos casos, sin causa precisa, clara, se considera de origen constitucional; es como un defecto madurativo del sistema nervioso y ha sido descrito por Dupré y Merklen como «síndrome de inestabilidad motriz constitucional».

Causas pedagógicas

No se deben olvidar; en general, se clasifican en:

a) Irregularidad en la asistencia a clase. Ciertos niños, como los hijos de funcionarios públicos, militares, etc., cambian a menudo de escuela y de ambiente, lo que dificulta sus progresos pedagógicos.

b) Falta de asiduidad. Que a su vez puede ser originada por enfermedades del niño o negligencia de los padres, a veces por pusilanimidad de la madre, que quiere evitar al niño la intemperie, el madrugar, las enfermedades contagiosas, etc.

Esta forma de ausentismo escolar creará lagunas en la enseñanza difíciles de llenar y que repercutirán dificultando el aprendizaje ulterior. Las lagunas deben ser rellenas antes de continuar los estudios, tarea exclusivamente pedagógica. Hay baterías de «tests» que tienen por objeto detectar estos fallos educativos, que por otra parte acostumbran a ser los mismos en cada materia. Las causas pueden ser: porque el niño faltó a la clase en la época en que fueron explicadas las materias; porque se explicaron en una época en que el niño no estaba en disposición de asimilarlas (enfermedades físicas, conflictos psíquicos, etc.); a un factor efectivo de «inhibición» cuando lo enseñado se presentó como algo mágico, misterioso, dañino; esto último explica algunos fracasos en el aprendizaje de las matemáticas.

El modo de tratar las lagunas es manteniendo al niño en clase y modificando la actitud escolar ante sus fallos. Por otra parte, es conveniente aprovechar los períodos de vacaciones para rellenar huecos.

Absentismo, novillería

Es la consecuencia máxima de la inadaptación escolar. El niño huye de la escuela. Por su frecuencia constituye un verdadero problema. Sus causas son:

1. Indiferencia paterna. Es la causa más frecuente, sobre todo en ambiente pobre. En muchos casos el niño ayuda a sus padres en el trabajo o cuida a sus hermanos menores mientras la madre trabaja.

2. Ansiedad de los padres ante la salud del hijo y sentimientos hipocondríacos de temor que enferme en la escuela.

3. Dificultad en el trabajo escolar a causa de defecto mental o físico o alguna deficiencia especial, como dislexia.

4. Antipatía por el maestro.

5. Intereses fuera de clase. Afición excesiva a los juegos y deportes.

El maestro debe tratar de averiguar las causas de la inadaptación del niño a la vida de la escuela y consultar con el pedagogo especializado o el médico ante los problemas que él no esté en condiciones de resolver.

Nuevos enfoques en educacion
Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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