Una entrevista de trabajo

Por José Rubio

Cuando nos enfrentamos a una entrevista de trabajo uno de los objetivos que tenemos que conseguir es que sea una entrevista de adulto a adulto. Y esto solamente lo conseguimos mediante el intercambio de información. Tenemos que evitar las antiguas, aburridas y poco provechosas entrevistas en las que el juego se reducía a una partida de dardos, y pasar a aquella que involucre un partido de tenis con intercambio de información y comentarios.

Para ello vamos a enumerar una serie de reglas que pueden ayudarnos a que nuestra entrevista de trabajo vaya por el camino que deseamos, es decir, de adulto a adulto:

1. Sustituir la palabra entrevista por la de reunión o encuentro:

Aunque la utilizamos a diario, la connotación que para mi tiene esta palabra es la de una persona que interroga a otra.

Lo que convierte este encuentro en una especie de examen y no en un intercambio donde ambos protagonistas se devuelven la pelota lo que favorece la mutua comprensión de su situación.

2. Nuestro interlocutor a priori está a nuestro favor:

Lo lógico es que exista cierta tensión entre ambas partes lo que no significa que nuestro interlocutor esté en nuestra contra.

Piense que el entrevistador espera encontrar a aquella persona que cumpla sus expectativas para su empresa y esa persona es usted, pero tiene que demostrarlo con naturalidad y una actitud de interés.

Tenemos que dejar de ser el blanco en un juego de dardos para mantener y atraer el interés de nuestro interlocutor con preguntas e intercambio.

3. Plantee preguntas:

En este caso lo que tenemos que hacer es romper ciertas ideas hechas y ciertas experiencias heredadas. La dificultad primordial en este sentido viene por nuestra propia concepción de “entrevista” ya que tenemos miedo de parecer arrogantes por el hecho de hacer preguntas durante la entrevista y nos hace pensar que pueden concernirles solamente a ellos.

Relacionado con esto, las preguntas que planteemos deben estar relacionadas con la que el contratador nos ha planteado anteriormente. Esto hace que se activen nuestros lóbulos cerebrales al mismo tiempo.

Las respuestas que nos de el entrevistador nos servirán para obtener mayor información y de primera mano sobre la empresa a la que queremos pertenecer. Además en ese rato en el que el interlocutor nos responde podemos aprovechar para aclarar nuestras propias ideas.

Y además mucho más importante, con esta actitud de preguntar hemos logrado nuestro objetivo inicial, que era el de cambiar los papeles habituales de padre-hijo.

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Aunque probablemente usted no se verá precisado a ser orador y ni siquiera tendrá ocasión para ello, sin duda se le presentará alguna vez la ocasión para dirigir la palabra a un grupo más o menos numeroso de personas en diferentes ocasiones que la vida puede ofrecer: un banquete, una boda, un homenaje, etc. ¿Quien no se ha encontrado en el trance de intervenir en una conversación entre amigos, compañeros o colegas? ¿Y que tendría de raro que usted, amigo lector, tuviera que dirigir la palabra a un grupo de personas reunidas en una cena u homenaje a algún amigo o conocido? En tales casos, ¿habrá algún lector que no desee saber expresarse de modo que acredite sus méritos personales, aspirando a convencer, a gustar, a destacar, en una palabra?
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