Errores que deberíamos aprender evitar

Foto: Segal(LCC)

Por Nuria Solis

Si nos paráramos un momento y analizáramos nuestro sufrimiento concluiríamos que en un 95 por de las veces sufrimos inútilmente. Aunque parezca mentira, hemos desarrollado una increíble facilidad para ser nosotros mismos quienes nos provocamos sufrimiento.

Podríamos decir que nuestra cultura, nuestra educación e incluso las diferentes religiones se han empeñado en darnos una visión completamente negativa de la vida, haciéndonos pasar gran porcentaje de la vida sufriendo inútilmente.

Sin lugar a dudas las sensaciones más desagradables que experimenta el ser humano están unidas o asociadas a sufrimientos inútiles. Cada vez son más las personas que al no ser capaces de adaptarse a la situación tienen síntomas de palpitaciones, pérdida de memoria, presión en el pecho, etc. En definitiva todas ellas hacen que perdamos el control voluntario de nuestras conductas y emociones.

El hecho de sufrir inútilmente provoca un desgaste exagerado a nivel físico, una irritabilidad creciente a nivel psíquico y un desplome enorme de nuestro propio control  emocional.

Esta actitud nos lleva a sufrir un desgaste tanto físico como mental muy fuerte. Podemos estar tumbados en la cama o sentados en el sofá, pero nuestra respuesta física es de palpitaciones y respiración acelerada y eso hace que el desgaste sea evidente.

Como consecuencia de todo esto nos sentiremos agotados aunque no nos hayamos movido de la silla.  Embotados aunque no hayamos realizado ninguna actividad intelectual de especial importancia o dificultad. Apáticos, aunque no haya una razón de peso que justifique ese malestar.

De todo esto deducimos que el sufrimiento creado por nosotros inútilmente no es en ningún caso positivo. El único que es positivo es aquel que nos hace reaccionar pronto y facilita que aprendamos de la situación vivida sin hundirnos. Logrando al mismo tiempo que incorporemos un nuevo recurso al repertorio de nuestra conductas.

¿Nos aporta algo el sufrir antes, durante y después? La respuesta dada por todo el mundo es que no. Se trata de una forma de sufrir absurda y al mismo tiempo también peligrosa. Nos hundimos en vivencias negativas que no nos ayudan a aprender sino que nos dejan embarrados en lugares pantanosos de los que luego resulta complicado salir.

Lo realmente contraproducente es reiterarnos en ideas negativas durante largas horas al día durante días y días. No por darle vueltas en nuestra cabeza vamos a aprender de él, ni mucho menos. Hay que hacerlo de forma selectiva y en aquellas condiciones que faciliten nuestro aprendizaje. Nada más.

Por lo tanto concluimos que en nada ayuda darle vueltas y vueltas a un mismo tema si no se realiza en un momento puntual y si no nos sirve para alcanzar las máximas garantías de éxito.

Afortunadamente para ese 95% de personas que hasta ahora no lo han hecho de la forma más adecuada, que sepan que estas estrategias se pueden aprender y aplicar correctamente en los momentos oportunos.


El niño que iba a resolver los problemas del universo


Ricardo Ros – El niño que iba a resolver los problemas del universo

Es fácil soñar. Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá. No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad.

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