El lenguaje de la enfermedad

calasPor Joana Howe

Cuando a una persona le diagnostican una enfermedad, normalmente tiende a hacerse una serie de preguntas con las que busca encontrar una respuesta al por qué de su mal. De este modo quizá la primera pregunta y la que más le atormente sea ¿Por qué yo? En un primer momento no somos capaces de dar una explicación a aquello que nos sucede.

¿Por qué me ocurre esto ahora? ¿Podré mejorar con el tiempo? ¿Por qué en este momento de mi vida?

Aunque en muchos casos la ciencia nos ofrece una gran cantidad de respuestas, estas no nos parecen suficiente en estas situaciones límite. Nos resultan insatisfactorias, y por supuesto limitadas, nunca es suficiente. Algo que por supuesto parece lógico si nos ponemos en la piel de esa persona.

En ciertos momentos, cuando una persona siente algún tipo de dolor, lo que más le preocupa es acabar con ese dolor que le hace la vida imposible y no le permite seguir a delante el ritmo de vida que llevaba antes. Lo que se busca, es algo que nos alivie inmediatamente, buscamos huir de esa sensación que nos resulta tan incómoda y desagradable.

Sin embargo en muchos casos lo único que conseguimos es adormecer esos síntomas. Lo único que logramos es adormecer ese dolor sin buscar las verdaderas causas que lo crean, es decir, sin hacer verdadero caso a las señales que nos manda nuestro cuerpo para hacernos saber que algo no marcha del todo bien.

La salud y la enfermedad son las formas mediante las cuales nuestro cuerpo nos habla, para decirnos lo qué va bien y lo no va tan bien.

Nuestro cuerpo nos habla constantemente y es por eso, por lo que estamos tan hechos a frases tales como: ” Ese tipo de cosas me hace hervir la sangre” o “ lo siento tan claramente en el estómago…” etc.

Lo importante es prestarle la atención necesaria, para ser capaces de interpretar adecuadamente lo que nos está diciendo en cara momento.

Está claro que el cuerpo de cada persona es un auténtico mundo, sin embargo, en muchos aspectos estos síntomas se repiten de una persona a otra. Conforme crecemos y “convivimos” con nuestro cuerpo, esos síntomas se nos pueden hacer más comprensibles y la interpretación que hacemos de ellos son más claros en todos los sentidos.

Gracias a este cúmulo de experiencias, creamos y almacenamos recuerdos que con el tiempo nos van resultando muy útiles.

Aunque también es cierto que el lenguaje de nuestro cuerpo no es estanco, por lo que con los años irá evolucionando y desarrollándose.

Todas las emociones y sensaciones que tiene una persona, en un momento u otro salen a relucir físicamente. Es decir, todas ellas se convierten en síntomas corporales, y es con esto mismo con lo que nuestro cuerpo está tratando de decirnos algo.

Así por ejemplo una persona que viva en constantemente estresada liberará una hormona conocida como cortisol, y si esto se prolonga durante mucho tiempo creará ciertos cambios en el comportamiento de algunos órganos.

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1 Comentario

  • Existe una práctica en PNL, derivada del reencuadre en 6 pasos (que a su vez sospecho inspirado en el focusing), cuya esencia es la de mantener un diálogo constructivo con el síntoma. Escuchar su intención positiva y, una vez detectada, indagar sobre posibles alternativas para satisfacer esa necesidad no resuelta.

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