Enfermar el cuerpo es un problema de relación

Foto: Kuckch(LCC)

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Por Mario Litmanovich

Se enferma por perdida de poder. ¿Poder que? Poder, poder. Se pierde el poder en la lucha con lo adverso, en la clase de lucha que se establece. Se configura una situación de estrés fundamento primigenio de toda la enfermedad del cuerpo.

{ Ni uno ni dos, ni verdadero ni falso…}

Retórico principio que he adoptado mucho mas allá de la verdad, sino guiado por la conveniencia de pensar de este modo para un operar diferente que se instala cuando ahora ya todo lo que ocurre se correlaciona con el modo que tengamos de sentir, pensar, vivir. Este sostenido principio me permite pensar en la baja inmunitaria como punto de partida de la enfermedad del soma.

Lo adverso se configura como “la realidad que me toca vivir” o soy mi propio adversario.
Se enferma, se pierde el poder por trama o por impacto..O por impacto de la trama. La trama representa el tejido interactivo de lo que vamos viviendo cotidianamente, se va formando un tejido interactivo que va definiendo nuestra móvil identidad, esta identidad es relacional, vincular.

Vas siendo según el modo como te vinculas. Es más, todo lo que te vaya a ocurrir dependerá del modo como te relaciones. Esta propuesta borra toda pretensión de substancialidad viva detrás de las apariencias, y va definiendo el aquí y ahora como lo válido.

En realidad no hay una trama hay múltiples tramas según la mirada de quien interprete lo que sucede. Tenemos en este siglo un gran desafío, que es articular los hechos y vivencias de nuestra vida cotidiana con el enfermar del cuerpo. Y digo articular y no integrar ya que el acercamiento de las partes se hará alrededor de un funcionamiento y no de pretender juntar lo injuntable.

Hay un vació y desconexión conceptual y vivencial que lleva que debamos calmarnos con explicaciones que nada explican. Esta vedada la pregunta del por qué o cómo ocurre lo que ocurre, veda naturalizada, a la que aun se puede responder con el silencio de la ignorancia..
Pululan los virus la genética, la mala suerte o dios como principios explicativos dormitivos, al decir de Bateson.

Siglo de mente y cerebro excluidos de la ciencia. Es mas el sujeto ha sido excluido de la ciencia, que suele trabajar de lo conocido a lo conocido.
Hace falta un salto a través de puentes quebrados por interpretaciones y por ceguera natural, es como volver a unir lo que nunca estuvo separado, nuestra vida cotidiana y la enfermedad del cuerpo.

El impacto es golpe de diferencia, acaece como ruptura o corrimiento más o menos brusco. Genera otro orden, otra alineación de los acontecimientos. El impacto adquiere trascendencia en el modo como es vivido, por lo que los impactos se ligan ya no a lo cuantitativo sino a lo cualitativo desde el mundo de la subjetividad.

Todo enfermar el cuerpo nace del cerebro y de la mente. A veces un “pequeño impacto” trae graves alteraciones, y otras por lo contrario “grandes impactos” no traen ninguna clase de consecuencia.

Es probable que una enfermedad requiera un impacto de diferencia vivido con sorpresa y que te tome “mal parado”. Además es una condición muy importante del enfermar el no poder hablar acerca de lo que ocurrió.

Aunque también muchos procesos se auto confirman por “la gota que rebasa el vaso”, a través de una impronta de imagen, sonido o percepción. No creo yo que la enfermedad sea purificación, ni bendición de los dioses, ni expiación, ni redención, en todo caso será aquello que uno construya a partir del diagnostico.

Situación que lleva a la resiliencia como posibilidad siempre presente. Considero en este sentido que no existe lo “terminal”, ésta es solo una clase de relación de un terapeuta ignorante y omnipotente que se adjudica el poder creyendo poder definir lo que va a ocurrir. En este sentido se asemejan muchos ”malos” profesionales de la salud con los “malos” videntes, arrogándose el saber del futuro como si pudieran conocer lo que va a ocurrir. Nadie sabe a ciencia cierta lo que el otro va a vivir y, por lo tanto, se ha de generar una ética del saber anticipado, donde nadie tiene derecho a ejercer la ignorancia prescriptiva. El uso de la palabra, instrumento cortante, ha de ser reglado como es reglada la acción de los hombres. pues el pensamiento es cuerpo y hace cuerpo a través de la palabra.

Nadie tiene el derecho de generar una atmósfera de pánico o terror alrededor de un diagnóstico, y llegará el tiempo que la justicia juzgue los excesos en la palabra hiriente que ya trasciende el campo moral y se involucra en aquello que vaya a suceder. Quien no sabe que mucha gente muere de diagnósticos que causan pánico de muerte.

Pero la resistencia a incorporar la subjetividad en el juego de poderes y fuerzas es inmensa. Transitamos un campo corrido de verdades reveladas, todo tiene que construirse, y nadie sabe qué va a ocurrir, ya que saber qué va a ocurrir implica fidelidad a la “historia natural de la enfermedad”, que supuestamente tiene tiempos ya establecidos de cuándo y cómo ha de ocurrir lo que vaya a acaecer.

Y esto es de suma ignorancia, pues lo que hay que mensurar es la clase de relación que el individuo tiene con aquello que le sucede. Por el otro lado y en el campo de la resiliencia, cuando las enfermedades incurables curan se argumenta “curación espontánea, milagro de dios, o se provocan gestos de mirada al cielo o al suelo, acompañados de silencio. Cada día me maravillo con los silencios ante el desafío de lo desconocido, y no dejo de valorar la capacidad del hombre por esconder la cabeza y callar ante lo que no comprende.

Todas las “enfermedades pueden curarse”, es este un retórico principio que ha de gobernar la mente del terapeuta. Hace falta la comprensión amplia de quien asiste al otro de la esperanza congruente. Y este no es un don natural, es una mirada a construir.

{El concepto de enfermo terminal es resignación anticipada} En realidad se llama enfermo terminal a quien esta puesto en un contexto de pérdida de salud y no hay esperanzas terapéuticas, representando más una falta del terapeuta que condiciones objetivas de deterioro del paciente.

Todo” hombre enfermo” tiene la posibilidad de restaurar lo dañado, es cuestión que se entre en un campo de subjetividad donde se recupere el poder y el nombre, donde se pierda el miedo y aparezca una mirada de “esperanza congruente. ”Fe desde la mirada religiosa y empoderamiento desde la mirada científica. Ambas representan modos congruentes e indivisibles de gran fuerza frente a la adversidad.

En realidad la enfermedad es un abstracto modo de nombrar lo que acaece con consecuencias no tanto por su” evolución natural “, sino por las consecuencias después de que es nombrada. Es que el nombrar convoca y atrae lo nombrado.

A través de la vía psiconeuroinmunoendocrinológica se podrán dar suficientes explicaciones de cómo nombrar, convoca lo nombrado. Por ello afirmo retóricamente que la gente no suele morir de enfermedades, sino que muere de miedo, desesperanza, de creencias y de diagnóstico. Confiero este poder a la subjetividad como esperanza de lo que podamos hacer con lo que nos sucede, es un modo de no caer en la resignación de lo “que las cosas tienen que ser”. Establezco retóricamente un modo de resistencia a la estupidez naturalizada, donde solemos morir porque corresponde a un” buen cristiano. ”Aceptación resignada frente a lo inevitable. Jerarquizo las creencias disponibles, la actitud con la que sostenemos el proceso que vivimos.
Yo ya no tengo dudas que el miedo es lo que sostiene la evolución de los procesos e iré dando cuenta de ello.

El poder que se pierde es vincular del orden de la relación.

El poder se imbrica en el campo del deseo.

El poder es un juego eterno de fuerzas, más allá del campo moral, más allá de los juicios, de valor de la moralidad, de lo bueno y de lo malo.

Decía Castaneda de la impecabilidad… se trata de un sabio manejo de la energía…

El poder jugar implica un desplazamiento del lugar de la rigidez. Es la mínima distancia conseguida frente a los acontecimientos.

Se adquiere flexibilidad y uno es menos vulnerable en el juego y lucha que tenemos en forma cotidiana. {Todo esta en lo cotidiano, nada en el mas allá}

El juego de poder es como el nombre dice, un juego de los deseos. Cuando el poder se pierde también se obscurece nuestro nombre. Se empobrece nuestra identidad, y nos vemos envueltos en consideraciones poco validas acerca de nosotros mismo. En este gesto de perdida de valor se genera el terreno apto para que devengan procesos que permanecían en equilibrio latente. Nuestros deseos suelen en la díada estar contrapuestos. Es que nos apareamos por diferencia, temperamental, en principio. En esta diferencia intentamos completarnos en el otro y solemos perder de vista aquello que nos completa en nosotros mismos. Pues el otro jamás nos completa, nos deja siempre en situación de falta. Perdemos de vista nuestra vida propia. Perdemos de vista nuestro propio crecimiento. Perdemos de vista nuestros sueños, nuestros proyectos. Nos apoyamos en la diferencia. Y la diferencia que tengo contigo debería servir para mi crecimiento y para el tuyo, pues tu y yo somos y funcionamos como dos personas y somos uno solamente en contados momentos.

Y esto no es una maldición, es más parecido a una bendición si en ello lo transformamos. Me trae a cuente las artes marciales y el uso de la energía y la diferencia. Todo está por hacerse. Y dependerá de la clase de relación que establezcamos con lo que nos vaya aconteciendo.
Diferencia de modo, de estilo, de criterio, de función y de mirada del mundo. Invariablemente surgirán de ti y de mí dos criterios. Pues nos apareamos en principio con diferencia cerebral, de modo que tú eres cerebro derecho dominante y yo izquierdo. Y convivimos con la diferencia y lo diferente. Y por momentos la diferencia pertenece al orden de lo adverso. Y nos buscamos tú y yo en principio por el sentimiento del amor y /o del deseo. Pero nos enamoramos dentro de las leyes de atracción y repulsión del universo. Nos enamoramos de lo diferente invariablemente y padecemos o gozamos de esta clase de relación que establecemos con la diferencia ya que no sabemos utilizar a modo de las artes marciales la energía en oposición para nuestro propio beneficio. Necesidad de robo y traición, ”robo de la diferencia, traición de mi consistencia”. ¿Para qué ? Para crecer.

Subsanamos, a veces nos complementamos, queremos, nos proponemos. A veces me pregunto qué es lo que podemos hacer de a dos. La lucha es inevitable y toma distintas formas, desde las más activas a las más pasivas. Suele tomar modos diferentes, a veces sigue el carril de la lucha entre mi tendencia a la libertad y tu tendencia a la seguridad. O viceversa.
Y a veces quiero todo mi libertad y mi seguridad.

Juego de fuerzas inevitable, atrapamiento en la moralidad del bien y del mal .Me pregunto que es una “buena pareja”. ¿Quizás la que no es “mala”? Y esto está relacionado, este juego de a dos, con el poder, con su ganancia y con su pérdida. Y de un modo muy simple, se goza o se sufre, y este juego es asimétrico, de modo que casi invariablemente el goce de alguien se complementa con algún grado de sufrimiento del otro.

Conviene desplazarnos a otra clase de conceptos, salir de este atrapamiento moral y confiar en la fisiología. Confiar en la fisiología es poder pensar en términos de naturalidad y restitución.
Es atenuar la diferencia entre cómo el cuerpo restaura una herida natural y como restauraría un tumor. Es no interponer la cadena secuencial de pensamientos y sentimientos que sucede automáticamente al enfermar, con el miedo consiguiente, situación que se transformara en “sin salida” de la dominancia de la subjetividad interviniente.

Es “buena” la pareja cuando como efecto me trae ganas de levantarme cada dial me mejora la piel y me hace mas brillante el cabello. Es” mala”cuando soporto mas de lo que quiero y puedo, cuando me decaigo, cuando no vivo por mis propios deseos, cuando me traiciono en una fisiología sintomática en este sentido correlaciono mi desacuerdo conmigo mismo con la sintomatología que se me


El arte de hablar en publico

F. Scott – El arte de hablar en público y tener habilidades sociales

Aunque probablemente usted no se verá precisado a ser orador y ni siquiera tendrá ocasión para ello, sin duda se le presentará alguna vez la ocasión para dirigir la palabra a un grupo más o menos numeroso de personas en diferentes ocasiones que la vida puede ofrecer: un banquete, una boda, un homenaje, etc.

¿Quien no se ha encontrado en el trance de intervenir en una conversación entre amigos, compañeros o colegas? ¿Y que tendría de raro que usted, amigo lector, tuviera que dirigir la palabra a un grupo de personas reunidas en una cena u homenaje a algún amigo o conocido? En tales casos, ¿habrá algún lector que no desee saber expresarse de modo que acredite sus méritos personales, aspirando a convencer, a gustar, a destacar, en una palabra?


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anexa al vivir de este modo. Esta fidelidad a la fisiología pertenece al orden del manejo energético en su sabio manejo de las fuerzas.

Algunas palabras para la cuestión de la evolución de la “enfermedad”. Conviene pensar que la enfermedad jamás avanza, en todo caso soy yo quien retrocedo. Y retrocedo cuando establezco una clase de relación con los acontecimientos, con lo que me ocurre donde domina el temor, el miedo, sea a morirme o a sufrir. Aquí es el modo dominante de mi participación subjetiva lo que va a definir lo que ocurra. Pero esto esta negado por la ciencia poco incluyente que se maneja en un perfil mecánico semejante a la plomería, y con mente-cerebro excluido.

Doy algún ejemplo. Hace poco tuve un episodio hipertensivo y disminución de la irrigación momentánea del miocardio. No llegó a ser un preinfarto. En la evaluación posterior se piensa sólo en términos de obstrucción ateromas, coágulos etc, pero no en términos de vasoespasmo, porque esto implicaría una investigación de los fenómenos del estrés y la participación del cerebro y eventualmente del funcionamiento mental. Se evita naturalmente. El diálogo posible alrededor de estas situaciones, se omite, se niega. He aquí el modelo mecánico de cerebro excluido en el que somos contenidos. Lo que voy planteando es otro modelo que incluya y articule mente y cerebro, que nos de una evolución holística de lo que ocurre. Y digo articule ya que las imágenes de la integración han fracasado, articulación en sentido de funcionalidad. Creo que esto es posible. En principio sostengo la coexistencia en simultaneidad fenoménica de todos los niveles funcionales, desde los mas primitivos hasta los mas recientes. Existe una escala jerárquica donde el mundo de lo mental tiene un orden primigenio. Dice Rishis que todo está en la mente, y lo que va a ocurrir tiene que ver con lo que pienses, cómo lo pienses y las imágenes que proyectes en tu vida. A esta idea me adhiero.

Transitamos a modo esquemático por tres líneas de desenvolvimiento, una histórica, una geográfica y una de la impredecibilidad.

La línea histórica esta definida por lo que ocurre, la línea geográfica por el modo en el que se vive el acontecimiento, y la línea impredecible es una línea de lo no pensado, de lo “milagroso”. Obviamente esto es solo un esquema y en realidad todo nos recorre al mismo tiempo, en simultaneidad fenoménica.
Para ir terminando quisiera afirmar que sólo un cambio de mirada propio traerá otras posibilidades. Se trata de poder pensar más allá de las tres dimensiones en las que habitualmente lo hacemos; se trata de otro sentir que abarque más y que sea menos posesivo lo que dará otras posibilidades; se trata de comprender que el otro jamás cambia y que si el otro mueve su posición es porque yo hice alguna clase de movimiento.

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