¿Empleo u ocupación? Esta es la cuestión

Foto: Zai(Licensed Under Creative Commons)

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Por P.M.

El hecho más importante en la civilización humana en este final de milenio es sin duda la eliminación masiva del hombre en el proceso productivo de bienes y servicios en general.

El desempleo avanza por todo el planeta, comprometiendo el consumo y los mercados de forma autofágica, la gran paradoja de la liturgia neo liberal que apostó todo en la productividad, enalteciendo la robotización y automatización de la producción, dejando de lado la garantía de trabajo y renta para las masas trabajadoras.

Es urgente y necesario inducir avances en las políticas de fomento tecnológico, equilibrando la reducción de empleos en un sector con la apertura de nuevas posibilidades de reciclaje y colocación de la mano de obra en otros sectores emergentes, no dejando de lado la importancia de la disminución de la jornada de trabajo, prohibición de la explotación del trabajo infantil, implantación de programas de renta mínima y salarios para desempleados que proporcionan condiciones mínimas de subsistencia para los excluídos de la producción.

Capital humano vs. Capital

El economista Gary Becker ganador del premio Nobel de economía afirma que, “El capital humano representa más de la mitad de las riquezas de las naciones”. Dentro de los países más desarrollados, E.E.U.U. es el que más invierte en el capital humano, sobrepasando el 15% del PIB en educación, reciclaje profesional y programas de salud relacionados a calidad de vida. En el capital físico (maquinarias, plantas industriales y reservas), E.E.U.U. invierte una cantidad inferior al 15% del PIB.

Este ejemplo y otros como el de Japón, Corea, etc. muestran que la prioridad de las inversiones en el capital humano es fundamental para las naciones que pretenden sobresalir económicamente en esta nueva onda civilizadora que se está iniciando y asolando el planeta.

Todo indica que la industria pesada encargada de la producción de materia bruta quedará a cargo de las naciones de segunda categoría económica, que tendrán énfasis en el capital físico, mientras que los procesos tecnológicos sofisticados y de alto valor agregado al producto final estarán a cargo de las naciones de gran capital humano.

La tendencia civilizadora señala que el hombre quedará cada vez más libre para sumergirse en los procesos de creación tecnológica, artística, cultural, deportiva y de entretenimiento en general. Todo esto acelerado por las redes de comunicación por computadoras que integrarán a todos los habitantes del planeta. Esta es la fuente de los nuevos campos profesionales que se abrirán en este próximo tercer milenio.
Otra característica típica de los “nuevos tiempos” es la velocidad con que ocurrirán los cambios de valores y comportamientos.

La revolución de la contracultura iniciada por los “hippies” demoró más de dos décadas para derrumbar valores y comportamientos milenarios con relación a la sexualidad.

Hoy con la informática y los medios de comunicación electrónica la tendencia es acelerar los procesos de transformación. El ejemplo más actual es el de la banda musical “Mamaonas Assassinas”, que en menos de doce meses se apoderó de la atención infantil, desmistificando y banalizando algunos conceptos de lenguaje prohibidos hasta por los adultos en Brasil.

La aplicación de los transistores en el funcionamiento de los relojes para el uso personal fue despreciado por la industria sueca y aprovechada por los japoneses que en menos de cinco años se convirtieron en líderes mundiales absolutos de este sector económico.

El empleo… ¡Ya “era”!

Además de estar en permanente especialización y reciclaje el profesional del tercer milenio debe estar preparado para administrar las crisis. Los mercados y los empleos surgirán y desaparecerán como toques mágicos. Eficientes y avasalladoras competencias surgirán de forma imprevisible.

Los profesionales de mando serán especialistas y hábiles en la administración de talentos, prevención y solución de conflictos emocionales, comunicación efectiva, gran flexibilidad de comportamiento para amortiguar los choques de los cambios y adaptaciones en las nuevas posibilidades de mercado.

Sindicatos y sociedad

Quedar reivindicando apenas la mantención de los empleos actuales es muy mediocre frente al tamaño de la crisis.

Los sindicatos deben aunar esfuerzos con los segmentos organizados de la sociedad en busca de políticas aliviadoras de los síntomas inmediatos de la crisis, reciclando y organizando trabajadores en cooperativas de servicios para ocupar segmentos subsidiarios, tercerizados, reivindicando políticas que consideren la relación costo beneficio sobre el capital humano, que lleve a la implantación de procesos tecnológicos equilibrados frente a las demandas sociales. En la búsqueda de nuevos paradigmas, los sindicatos deben ofrecer a sus afiliados entrenamientos en el área subjetiva.

El hombre del tercer milenio valdrá mucho más por su EQ (coeficiente de inteligencia emocional) que por su IQ (Coeficiente de Inteligencia). Un profesional inteligente y no “cultivado” emocionalmente puede hacer quebrar una empresa: desmotivando equipo de trabajo, perdiendo clientes, destruyendo la imágen de la empresa, etc., en la medida en que pierde el propio control, provoca discordias y desestabiliza las estrategias.

La inteligencia emocional (EQ) es un índice que mide habilidades emocionales y sociales. En otras palabras, es la capacidad de administrar pacíficamente los conflictos, mantener auto-control, evitar depresión, ansiedad, rabia, miedo, tristeza, colocar su punto de vista con asertividad y poseer flexibilidad comportamental, agudeza sensorial y gran capacidad de comunicación efectiva.

El profesional puede ser preparado para elevar su EQ (coeficiente de inteligencia emocional) tornándose más útil y deseado en cualquier proceso productivo. Con ésto, los momentos de crisis personal y de mercado pueden ser transformados en oportunidades de cambio y de perfeccionamiento e induciendo más grandes realizaciones.

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