El tiempo y la experiencia

Foto: Fulvio Bernacchia(Licensed Under Creative Commons)

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Por José Mollinez

La movilidad en el tiempo tiene un valor práctico. Gracias a ella se puede revisar, evaluar y aprender del pasado. Si no fuese así, el hombre estaría continuamente descubriendo todo y no recordaría quién es. De la misma manera, si no fuese por la imaginación no se podría planificar el futuro. Pero esa movilidad en el tiempo lleva al hombre a que si se concentra demasiado en recordar el pasado o en organizar el futuro puede que deje pasar el presente sin percatarse.

En cualquier momento concreto del tiempo se puede atender a otro momento, ya sea pasado, presente o futuro, al concentrarse en un nivel de la experiencia o en un punto de vista perceptivo. Esto se debe a que la conciencia está fuera del tiempo, únicamente es presente para ella misma y para aquello que entra en su ámbito.

El aburrimiento aparece cuando se juzga que lo que se hace no entretiene. Para solucionarlo lo que se hace es cambiar de actividad. El fallo está en que se olvida que lo que produce el aburrimiento es el modo de juzgar la actividad, no la actividad en sí. El aburrimiento puede recordar que la atención no está en el lugar correcto, que no se dirige hacia el presente. Suele ocurrir, en ocasiones, que no se aprecia lo fascinantes que pueden ser las experiencias.

En muchas ocasiones el ser humano presta demasiada atención a otros hechos, el aburrimiento o estados de ánimo relacionados con éste, y se olvida del presente. El presente siempre está ahí y, mediante el siguiente proceso, se puede acceder a él.

  1. Saber que no se está en el presente
  2. Preguntarse “¿a qué estoy atendiendo ahora?”
  3. Preguntarse “¿puedo dejar ya de pensar en eso?”
  4. Si a la pregunta anterior se ha respondido no, preguntarse entonces “¿por qué sigo aferrándome a eso?”. Se seguirá respondiendo a estas preguntas hasta que se suelten todos los lazos.

Una manera de abrir la atención al presente es la escritura automática, que consiste en escribir lo que llega a la mente. Esta técnica permite que salga lo que hay bajo la conciencia. De esta manera se consigue que se empiece a tener conciencia de lo que no es para que pueda empezar a ser.

Cuando se relatan experiencias de momentos cumbres de la conciencia suelen producir énfasis en la cualidad eterna de esos momentos. Da la impresión de que el tiempo se detiene y el individuo que está experimentando esos momentos no se identifica con esa parte de su persona que mide el tiempo y está sujeta a un cambio permanente. La conciencia está dominada por una sensación de ser.

Cuando se presentan desafíos, se suelen buscar soluciones en el tiempo en vez de hacerlo en la fuente intemporal de la que mana el Universo en su incalculable abundancia creativa. Cuando, por unos momentos, se recurre a esa fuente se da con una solución en la que nunca se había pensado.

El presente es el hilo conductor de todas las experiencias, es la realidad que se experimenta en ese preciso momento. La conciencia viva siempre está en el presente.



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