El reconciliador en la empresa

Foto: Justin Van Leeuwen(Licensed Under Creative Commons)

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J.M.W.

En todas las empresas se concentran distintos tipos de personas. Cada una juega un papel diferente y cumple funciones diferentes en el grupo. Vamos a hablar del jefe reconciliador, esa persona que existe en muchas empresas y que trata por todos los medios de conseguir que todo vaya bien, que no existan roces entre los miembros del grupo. Le importan más las relaciones entre la gente que los resultados, la buena harmonía que los beneficios económicos.

Los reconciliadores son unos magníficos creadores de grupos y equipos, pero… ¿hay algo malo en eso? No, no hay nada malo en un reconciliador, excepto que sea el jefe, porque centrará todos sus esfuerzos en las relaciones y descuidará todos los demás aspectos. Estos son algunos síntomas para reconocer al reconciliador:

  • reuniones lentas y largas centradas en el proceso y buscando siempre el consenso en todas las decisiones que se tienen que tomar.
  • contratará al personal, no en función de sus capacidades para el negocio, sino en función de su habilidad para hablar de forma suave y pausada.
  • comparará a la empresa con su familia. De hecho, es su familia. Pero no una familia cualquiera, sino una feliz y unida familia. Así, el podrá ejercer un magnífico paternalismo sobre sus empleados, perdón, sus hijos.

 

Un jefe reconciliador es un buen chollo para los consultores de empresa, puesto que estará continuamente queriendo saber cómo mejorar las relaciones y disminuir los roces. Se sentirá ofendido cuando sus empleados no entiendan sus propios sentimientos, sentimientos que expondrá continuamente en todas las reuniones a las que asista. Tratará de hacer que sus empleados asistan a cursos y más cursos (los cursos de PNL están llenos de ellos), tratando de que todos adquieran una misma perspectiva de comunicación. O bien, organizará reuniones fuera del horario de trabajo, o fiestas, o tratará de acercarlos hacia su propia religión o grupo político.

Un reconciliador puede ser un buen asistente social, incluso un buen psicoterapeuta. Pero es un pésimo jefe.


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