Las melodias de las ballenas

Por Sandra Brown

Sus enormes dimensiones, su misteriosa existencia y sus fantasmagóricos lamentos infundieron temor y respeto a las gentes del mar en épocas pasadas. Hoy son las protagonistas de una de las mayores masacres que ha llevado a cabo el hombre. El daño físico que se les está haciendo es obvio, pero ignoramos el efecto que estamos provocando en su cultura nacida de su privilegiada inteligencia.

Entre los pescadores de las costas de Gran Bretaña, la gran ballena blanca es conocida por el apodo de Canario de Mar. Sus melodías son es cuchadas con gran claridad, sobre todo durante las interminables horas de espesa niebla en que el sonido se propaga mejor. A miles de kilómetros de distancia, las ballenas jorobadas (o corcovadas) se suman a este inusitado concierto submarino, aportando sus propios cantos, distintos a los de aquéllas, pero idénticos a los de su grupo. ¿Son estos sonidos la expresión física de un tipo de lenguaje, de una comunicación mental entre estos cetáceos?

Por ahora todo son preguntas respecto al talento musical y al lenguaje de las ballenas, no se sabe cómo emiten los sonidos ni su significado biológico. Sin embargo, existen unas determinadas constantes en estos carusos acuáticos, lo que ha propiciado la aparición de hipótesis fantásticas entre los amantes de la ciencia. Por ejemplo, todas las ballenas de una misma población cantan la misma canción, pese a que de un año a otro ésta sufre sutiles alteraciones. Incluso durante una velada musical se suceden verdaderas improvisaciones.

En todas las especies el período abarca únicamente la época de celo, que dura aproximadamente unos cuatro meses. A éste le sigue un periodo de silencio casi absoluto, que coincide con las largas migraciones que realizan las ballenas. La creencia inicial de que sólo los machos cantaban, unido al hecho de que la época musical coincidiera con la de apareamiento en aguas templadas, hizo pensar que los cantos estaban destinados a seducir a las hembras. Sin embargo, más tarde se comprobó que también las hembras entonaban apaciblemente lo que pudieran ser nanas cuando amamantaban a sus ballenatos.

Los resultados de los espectogramas realizados por los científicos dedicados a investigar el comportamiento de las ballenas no tienen parangón con los del resto de los animales. Estos espectogramas demuestran que los cantos, pese a ser repetitivos, evolucionan de una semana a otra, a medida que se van haciendo nuevas improvisaciones. Ningún otro animal —excepto el hombre— tiene un comportamiento musical tan complejo e inventivo, que varíe además con el tiempo. Cada resultado musical refleja una parte innata y otra adquirida; es decir, las ballenas poseen unas ciertas reglas fijas de composición sonora junto a un talento que demuestra verdadera imaginación.

Los cantos evolucionan pues de un año a otro. Sin embargo, la teoría de que en el intervalo de silencio las ballenas se olvidan de ellos y cuando vuelven a sus áreas de reproducción reinventan otros nuevos a partir de su memoria colectiva se está derrumbando. El registro realizado a lo largo de varios años ha demostrado que las ballenas no los olvidan durante las migraciones, sino que retoman los mismos que dejaban en la estación anterior. Así pues, los cambios no se producen en la época silenciosa, sino en la musical, lo que significa que no son producto del azar o del olvido. Por el contrario, se van depurando, se eliminan frases irregulares y adquieren mejor organización, resultando cada vez más coherentes y concisos.
Pese a que, en realidad, las ballenas no cantan, sino que emiten chillidos a frecuencias muy bajas, el término de canción no deja de tener sentido, ya que su resultado sonoro denota secuencias de sonidos regulares. Se ha descubierto que cada canto está formado generalmente por seis temas diferentes; cada tema contiene varias frases y cada frase posee de dos a cinco sonidos distintos. En cada interpretación los sonidos se suceden siempre en el mismo orden, de modo que si se abandona un tema, la secuencia de los que se conservan no varía. Otro hecho significativo es que aunque los temas difieren de un grupo a otro y dentro del mismo grupo, de un canto a otro aparece una estructura de base y un orden generalizado para todas las ballenas, incluso estando en distintos océanos e independientemente de que tengan o no contacto entre ellas.

Pero si las ballenas no tienen cuerdas vocales, ¿cómo emiten los sonidos? Parece ser que el mecanismo procede de un desconcertante retículo de válvulas, tubos y sacos situado en la zona nasal; este órgano también está implicado en los procesos de buceo y flotación. Se ha descubierto que la producción de su melodiosa secuencia de chasquidos no requiere aire, ya que durante sus conciertos no se aprecia ninguna burbuja. Éstos tienen lugar a varios metros de profundidad durante bastantes horas consecutivas, y cuando tienen que subir a la superficie para respirar no los interrumpen aunque debido a la perturbación de las condiciones acústicas quede ensordecido. Y lo que es más curioso, respiran una vez por canto y siempre durante el mismo tema.

Algunos investigadores opinan que a tenor de su vida apacible, las ballenas tendrían un cerebro contemplativo, de manera que la mayoría de sus actividades serían lúdicas. Sin embargo, a otros especialistas no les convence el canto como motivo de placer, y ven en estas melodías una verdadera estructura lingüística, hasta el momento sin descrifrar. Esta idea viene apoyada en parte por la existencia de otro sistema de comunicación altamente sofisticado. Se trata de una versión acuática del mecanismo de radar ultrasónico (sonar, en este caso) que posee la curiosa familia de mamíferos voladores de los murciélagos. Mediante este sistema de rastreo por eco, las ballenas detectan el entorno y se ven dotadas de un finísimo oído.

Se ha sugerido también que los casos de “suicidios colectivos” que en ocasiones protagonizan las ballenas al dejarse embarrancar en las playas (suceso que ocurre igualmente entre otros cetáceos) pueden deberse a un mal funcionamiento de este radar submarino en bahías de estructura peculiar, todo combinado con el alto grado de sociabilidad, fidelidad y camaradería que manifiestan estos cetáceos entre si o de todo el grupo hacia alguna ballena moribunda.

Es posible que las sociedades de ballenas sean mucho más complejas y evolucionadas de lo que nos imaginamos: poseen una gran memoria, se comunican a grandes distancias y con métodos muy sofisticados, sus relaciones mutuas —y con los humanos si se les permite— están muy desarrolladas, son seres muy sensibles con un amplio espectro de emociones y con diferencias evidentes entre cada personalidad individual, tienen un fuerte instinto materno y de ayuda mutua, y, lo que es más significativo, presentan una inteligencia peculiar y superior a la del resto de los animales, excepto sus parientes los delfines.

“Parece que nos estamos enfrentando a un hecho sumamente importante: la existencia de una verdadera ‘cultura» propia de las ballenas”, dice J. Lilly. Las especies actuales pueden haber desarrollado durante muchos siglos una cultura mental. El cerebro humano difiere del animal en la superabundancia de elementos a través de los cuales se cree posible la comunicación y la expresión de la inteligencia, tanto individual como colectivamente. Se considera que la sede física del intelecto o razón es fundamentalmente la capa más externa del encéfalo, el neocórtex, y que cuanto más desarrollo y tamaño alcance, mayor suele ser la complejidad y la inteligencia de una especie animal.

Según los paleontólogos, esta corteza cerebral apareció hace varias decenas de millones de años en determinadas especies y es la parte cerebral más moderna que se ha añadido. Su evolución fue espectacular, sobre todo en los cetáceos y en el hombre. Por ello, tanto el ser humano como las ballenas tienen funciones cognoscitivas semejantes. Aunque aquéllas, al no disponer de otra arma que su magnificiencia, presentan unos límites de agresividad mucho más reducidos.

Mientras el cerebro humano pesa entre uno y un kilogramo y medio, el de las ballenas puede alcanzar los diez. Se acepta que los tejidos que han dejado de desempeñar una función se reduzcan o desaparezcan durante el curso de la evolución y que no existen órganos pasajeros en los sistemas vivos. Por tanto, parece probable que las ballenas hagan uso de la inteligencia que les proporciona el vasto cerebro que poseen, y que incluso rebasen nuestro entendimiento pensante.

¿Un lenguaje sin palabras?
John Lilly ha dedicado toda su vida al estudio de los cetáceos, en particular a las formas de comunicación que presentan los delfines y las ballenas. Según él, existen datos y fundamentos científicos suficientes para afirmar que estamos ante unos animales con una inteligencia y un lenguaje similares a los humanos, independientemente de que las señales que expresen sean distintas a las que nosotros utilizamos.

Sin embargo, para llegar a comprender la teoría de este investigador, parece necesario delimitar la noción de lenguaje. El lenguaje humano está constituido esencialmente por dos procesos ordenadores principales: en primer lugar, la transformación previa de significados, es decir, de ideas abstractas, en palabras y oraciones; y en segundo lugar la transmisión de ciertas señales al medio ambiente a través del lenguaje propiamente dicho. Los oídos perciben estas señales y el cerebro las transforma en significado, tratando de comprobar la conformidad de dicho significado con el pensamiento original. Para comunicarse mediante el lenguaje el hombre necesita una memoria y una capacidad ordenadora lo suficientemente desarrolladas, funciones exclusivas de ciertas estructuras cerebrales.

Todo cerebro necesita un tamaño critico para realizar las funciones lingüísticas, y los niños han sido hasta ahora el único ejemplo tenido en cuenta. En ellos se produce un enorme crecimiento de la capacidad de absorber, almacenar y recordar los elementos indispensables para el lenguaje, y de la capacidad ordenadora para elaborar significados. En el mar, los cerebros de los cetáceos poseen tamaños iguales o mayores al que se considera critico para la manifestación del lenguaje, tal y como lo conocemos. Y no existen otros animales, a excepción de los primates y elefantes, cuyos cerebros sobrepasen el umbral requerido.

Según los paleontólogos, los mamíferos marinos alcanzaron el tamaño critico cerebral entre hace quince y treinta millones de años, unas diez o veinte veces de años antes que el hombre presentase su tamaño cerebral actual. Así pues, los cetáceos poseen un espectro de tamaños cerebrales que va desde magnitudes equivalentes a las de los monos y los valores humanos a los sobrehumanos. Estudios neurofisiológicos demuestran además que poseen receptores sensoriales y motores en la zona del neocórtex y en la denominada zona silenciosa de la corteza cerebral, la parte que más han desarrollado y que rebasa la humana.

“El hecho de que todas las especies de ballenas empleen los sonidos submarinos como medio de comunicación, de exploración actiua del ambiente y de audición de ecos, junto con las evidencias cerebrales existentes, hace pensar que están en posesión de otros tipos de lenguaje sonoro. Éstos serían diferentes del humano, ya que el nuestro se basa primariamente en imágenes uisuales y manuales.”

Sin embargo, a pesar de todo esto, el hombre sigue matando ballenas. Por eso decimos con el profesor Lllly: “Dejemos de destruirlas, a ellas y a nosotros mismos, y empecemos un nuevo diálogo evolutivo entre las especies. Averigüemos qué ética, qué filosofía y qué normas han encontrado los enormes cetáceos para su supervivencia y armonía en los océanos del planeta”.

Cantando con nosotros
El músico norteamericano de jazz Paúl Winter editó hace años un disco bajo el titulo de Llamadas. Sus principales ingredientes son saxofones, un oboe, una corneta inglesa, guitarras, un chelo e instrumentos de percusión. Lo curioso es que para su realización Winter contó con la presencia y colaboración de unos artistas invitados muy especiales: delfines, leones marinos, osos polares, focas y, sobre todo, algunas especies de ballenas. Los sonidos naturales de estos animales se entremezclaron con una amalgama de Jazz, música sinfónica, africana, brasileña y renacentista, dando lugar a un inusitado y atractivo compendio musical.

La grabación, por ejemplo, de los cantos de ballenas grises (las cuales estaban terminando su migración anual desde las aguas árticas a las costas templadas de la baja California) o de las oreas fue realmente curiosa: a las primeras les ofreció un concierto de saxofón y esperó su respuesta musical. En el caso de las orcas, lo que hizo Winter fue imitar su propio canto, a través de un hidrófono, ya que muchos de sus sonidos están dentro de una escala superior al saxo. Su sorpresa fue grande cuando comprobó que, en ocasiones, las frases musicales de estos cetáceos imitaban o respondían a las emitidas por su instrumento musical.

Un canto inteligente
Las ballenas son los más grandes, los más pesados y los más voluminosamente llamativos animales de la naturaleza. Realmente se trata de los supremos habitantes de la biosfera de nuestro planeta. Poseen el cerebro más grande entre todas las especies existentes; pueden permanecer sin dormir durante meses; entonan cantos; realizan las migraciones más largas entre todos los mamíferos; viven permanentemente en el agua y externamente se asemejan a los peces. Pero, aparte de estas características, ¿qué camino y qué destino evolutivo han recorrido?

Algunos científicos como David Ehrenfield, profesor de biología en la Universidad de Rutgers y autor del .libro “La Arrogancia del Humanismo”; James Lovelock, autor de “Qaia (Qea), una nueva visión de vida en la Tierra”; Cari Sa-gan, biofísico y Premio Pulitzer de divulgación científica; el neurofisiólogo John Lilly, una de las figuras mundiales en cetologia y otología, y otros muchos, postulan, con fundamentos científicos, una teoría insólita pero factible acerca del papel de las ballenas en la escala evolutiva. Escala, por otra parte, tremendamente conflictiva, ya que en su cumbre nos colocamos nosotros, los seres humanos.

¿Podemos aceptar que no somos la única especie destinada a desempeñar el papel de cabeza de la evolución y que son precisamente los cetáceos nuestros “semejantes” más próximos?… Algo inexplicable para el hombre parece adivinarse en la comunicación de las ballenas.

 

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Sonidos de ballenas con música

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