El hortelano y sus hijas

Foto: Siddons(LCC)

Por Ricardo Ros

Un hortelano tenía tres preciosas  hijas a las que amaba como sólo un padre puede hacerlo. Se levantaba por las mañanas y con su azada cavaba grandes caballones de tierra en los que plantaba cebollas, tomates, frijoles, lechugas, puerros, calabacines… Desde un río cercano traía agua abundante por un canal y regaba su huerta con esmero… Sus productos eran los mejores del mercado, los más maduros, los más sabrosos, los más tiernos. Pero el hortelano estaba deseando acabar su trabajo para poder llegar a casa y jugar con sus hijas, bañarlas, darles de cenar y contarles un cuento antes de dormir. Cuando se quedaba a solas con su mujer, él le hablaba sobre su trabajo en la huerta y ella le ponía al corriente de todas las ocurrencias y anécdotas que habían tenido las niñas durante el día. Nuestro hortelano era feliz.

Tenía tanto éxito con su huerta que vendía todos los productos en cuanto los ponía en el mercado. Así, poco a poco fue haciendo dinero y comprando otras huertas cercanas. Pronto tuvo que contratar mano de obra. Dos, tres, cuatro peones le ayudaban en su cometido. También los beneficios aumentaron. Y tuvo la posibilidad de comprar más tierras y más huertas.

Cuando llegaba a casa por la noche, cansado, rendido, cenaba rápidamente y sólo tenía tiempo de meterse en la cama y quedarse dormido hasta el día siguiente. Cuando el hortelano se levantaba por las mañanas, las niñas estaban todavía en la cama dormidas y cuando volvía por la noche las niñas ya estaban dormidas de nuevo. Cada día el hortelano sólo tenía tiempo para mirarlas dormidas en sus camas y cada día se decía a sí mismo que todo su sacrificio merecía la pena por el futuro de sus hijas.

Fueron pasando los años y el hortelano, no sólo cultivaba los productos de su huerta, sino que también comenzó a comercializar los productos de otros hortelanos, que trabajaban para él. “Todo para mis hijas” pensaba cuando completamente exhausto se metía en la cama por las noches.

Un día, un amigo le preguntó “¿qué tal están tus hijas?, ya deben ser mayores…” Y el hortelano, en ese momento, se dio cuenta de que no sabía la edad de sus hijas y, lo peor, que se había perdido su infancia.

 

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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1 Comentario

  • Bonito relato, pero depura la tristeza de la realidad. Como me gusta bastante la horticultura, he cogido tu foto del cuento para mi facebook, espero que no te importe. Saludos.
    J. Carlos G. Díez

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