El enfado cuando somos adultos

enfadado

Foto: Mukins(LCC)

Por Milagros Maria Medina

Sin lugar a dudas el enfado es un sentimiento humano totalmente natural que todos experimentamos muchas veces a lo largo de nuestra vida y que se recomienda que sea expresado por el bien de nuestra propia salud psicológica. Es una clara señal de que algo que yo valoro está en riesgo, es un decir no a la injusticia o perjuicio.

Nuestros enfados solemos expresarlos abiertamente con cambios en nuestra expresión facial, elevación del tono de voz, muestra de disgusto, etc. Pero también podemos hacerlo de una forma tan directa castigando a la otra persona mediante silencios buscados, mediante rechazos o ausencias, con falta de cooperación, etc.

Sin embargo desde mi punto de vista esta segunda forma de enfado no resulta positiva ni madura, ya que constituye una forma de resentimiento no expresado.

En ocasiones optamos por no mostrar abiertamente nuestro enfado por inseguridades y miedos aprendidos a lo largo de la vida. En algunos casos de pequeños asimilamos que el mostrar enfado significaba ya no ser aprobado o aceptado, y ahora actuamos como si esto fuera cierto. No nos damos cuenta que el enfado al igual que cualquier otro sentimiento verdadero no puede afectar un amor genuino. Una persona adulta y madura se dará cuenta de que en cualquier relación entre personas iguales y libres el enojo está integrado, como es lógico.

En otros casos hay personas que también optan por no mostrar su enfado porque han aprendido que es peligroso hacerlo abiertamente ya que esto conlleva un brote de violencia física o emocional.

El enojo como tal no está causado por un acontecimiento concreto, sino por la interpretación que hacemos ante tal hecho. Con esto quiero decir que siempre somos responsables de nuestros propios sentimientos. Una persona puede iniciar el proceso, pero soy yo finalmente quién le da un valor u otro y finalmente siente y actúa en consecuencia.

Son nuestras propias creencias e interpretaciones las que nos llevan a sentir y actuar de una forma concreta y no lo que sucede en si mismo.

Nuestra reacción en este caso de enfado es solamente nuestra, es un asunto personal y particular que debemos aprender a controlar y exteriorizar de forma correcta, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás.

Ser capaz de analizar todo este tipo de asuntos nos hace más capaces y conscientes de nosotros mismo, siendo mucho más responsables sobre nuestras propias reacciones. De este modo dejaremos de considerarnos víctimas de los demás y de los acontecimientos para pasar a ser mucho más asertivos.

De este modo he aprendido:

– Que el enfado es algo positivo e incluso saludable. Simplemente tengo que analizar qué creencia me ha hecho enfadarme.

– Que de esta forma asumo como propio y legítimo el enfado.

– Que exteriorizo mi enfado, pero soy yo quien elige hacerlo de una forma pacífica, sin rencor y sin venganza.

Deberíamos considerar nuestro enfado como muestra de nuestra energía y como una forma de impulsar nuestra evolución individual.

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