El diálogo interno

Por John Neubiser

El diálogo interior, la voz propia que oímos dentro de nosotros, puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo, puede llenarnos de posibilidades y alternativas o destrozarnos la vida y bloquearnos cualquier posibilidad.

Según las claves de acceso ocular, durante el diálogo interno (rollo interno) miramos hacia abajo a la izquierda. Se trata del canal digital en el que nuestros pensamientos adquieren la forma de nuestra propia voz. Hablamos con nosotros mismos de forma interna, sin pronunciar y sin que los demás nos oigan. Este diálogo interno comenta todo lo que nos sucede, planifica, ordena y reflexiona. Puede estar compuesto por frases positivas, de ánimo, de esperanza, de acción, o de frases negativas, limitantes o llenas de duda. El diálogo interno nos puede abrir nuevos horizontes o nos puede sumir en el más terrible de los naufragios.

A través del diálogo interno nos damos ánimos (“sé que puedo, lo voy a conseguir”), nos marcamos objetivos (“quiero irme de vacaciones el mes próximo”), reflexionamos sobre nosotros y los demás (“ya sé lo que quiero”, “me está pidiendo que le preste más atención”), nos tranquilizamos (“no pasa nada, está todo bajo control”). Y también a través del diálogo interno provocamos situaciones de descontrol (“nunca podré llegar”), de ansiedad (“¿y si me pasa algo cuando salga a la calle?”), de baja autoestima (“no sirvo para nada, todo me sale mal”), de desamor (“creo que no me quiere nadie”). El diálogo interno marca la diferencia entre estar bien o estar mal, entre conseguir un objetivo o no conseguirlo, entre el cielo y el infierno.

¿Cuál es la diferencia? ¿El contenido? Por supuesto que no, en el diálogo interno la diferencia la marca la forma en que estructuramos el pensamiento. Esta forma está determinada por las submodalidades auditivas y son diferentes para cada persona. Ese es el problema que se presenta con las “frases positivas” que tan de moda se han puesto en los últimos años de la mano de los libros de autoayuda. Hay muchas personas a las que esas frases maravillosas no les sirven, al contrario, les crean sensaciones negativas. Pogamos un ejemplo. Si una persona se deprime cuando oye un diálogo interno con tono grave, lento y volumen muy bajo y se encuentra estupendamente bien cuando su diálogo interno es agudo, rápido y con volumen intermedio, si piensa cualquier frase, positiva o negativa, con un tono grave, lento y volumen muy bajo, se sentirá deprimida, de la misma forma que si piensa esa misma frase, positiva o negativa, con tono aguda, rápido y volumen intermedio se sentirá estupendamente bien. La clave está en las submodalidades, no en el contenido.

Dentro de las submodalidades del diálogo interno es muy importante saber cuáles son las que nos motivan, cuáles son las que nos hacen tomar decisiones o cuáles son las que nos hacen pasar a la acción. Estas son las tres patas de la excelencia, si consigues controlarlas, el mundo estará a tus pies.

Ejercicio
Paso 1. Siéntate cómodamente y relájate. Piensa en algo que realmente te motiva. ¿Hay diálogo interno? ¿Te dices algo a ti mismo?
Paso 2. Oberva cuáles son las submodalidades auditivas de tu diálogo interno. ¿Cómo es el tono (agudo-grave), la velocidad (rápido-lento), el volumen (alto-bajo), fíjate si hay eco, si lo oyes más por un oído que por el otro, si lo oyes por alguna zona determinada de tu cabeza…)
Paso 3. Haz lo mismo ahora con algo sobre lo que tienes poca motivación. ¿Cuáles son sus submodalidades auditivas?
Paso 4. Cambia éstas últimas submodalidades por las que has detectado en el paso 2.
Paso 5. Vuelve a escuchar el diálogo interno del pensamiento con poca motivación, pero al que le has puesto las submodalidades del pensamiento motivador. ¿Hay diferencia? Si no hay diferencia, vuelve a repasar las submodalidades. Puede ocurrir que la sensación la cree algo visual o kinestésico y no sea consecuencia del diálogo interno. En este caso tendrás que modificar submodalidades de esos otros canales.
Paso 6. Si ha habido un cambio en la sensación, vuelve a repetir el pensamiento con las submodalidades cambiadas unas cinco o seis veces, pero no seguidas, dejando un tiempo entre una y otra.
Paso 7. Si piensas ahora en aquello que quieres que te motive, ¿qué sensación te produce?
Paso 8. ¿Cómo encaja esto en el futuro?

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