El camino de la música hacia la felicidad

Por Susana Ariel

Si existe un camino hacia la dicha y la felicidad, sin duda es un camino con música. La música y el baile acompañan a todos los hombre de todas las razas, de todas las religiones, de todas las épocas, en todos y cada uno de sus momentos más importantes, de sus rituales, de sus celebraciones de júbilo, de sus fiestas, esponsales, declaraciones de guerra o de triunfo, y en sus funerales.

Desde todas las latitudes nos llegan sonidos y ritmos que alimentan el alma de cada pueblo. Las danzas guerrera de las tribus africanas manifiestan su agresividad y anuncian la victoria sobre el enemigo, los monjes católicos o los lamas tibetanos canturrean sus oraciones en sus monasterios como medio de oración, los derviches bailan sobre sí mismos en una búsqueda de un punto de quietud permanente, desde los minaretes los musulmanes son llamados a la oración con una característica salmodia cantarina.

En las discotecas del mundo occidental confluyen cada día millones de jóvenes que buscan en la música su punto de encuentro para la diversión.

En los barrios más pobres y miserables de las grandes urbes, la gente humilde combate el hambre y la escasez a través de la música.

Las personas más adineradas también se reúnen en grandes palacios de la música, en grandes teatros, para deleitarse con los sonidos de las mejores orquestas del mundo y las voces más exquisitas de la ópera.

Cada pueblo, cada nación tiene su himno, su manera de sentir e interpretar la música.

¿Qué tiene la música para tener tal poder?

Es difícil saberlo. Los ritmos, la manera de interpretarlos, los instrumentos con que se acompañan son distintos en cada caso y sin embargo los sentimientos y las emociones que provocan son similares en todos los seres humanos.

El poder evocador de la música o de la danza trasciende de cualquier otro tipo de comunicación. Una danza alegre trasmite esa alegría a cualquier persona aun cuando ésta se encuentre muy alejada de ella culturalmente. Lo mismo sucede con una melodía más intimista o con una triste.

Disfrutar de la música está al alcance de todo el mundo.

No es necesario tener una gran preparación para apreciar una bonita música que inunda nuestros sentidos y al mismo tiempo nos relaja, nos comunica, nos evoca y nos llena de nueva energía.

Es cierto que, como en todo en esta vida, cuanto mayor conocimiento tengamos sobre ello, más posibilidades de disfrute tendremos, pero como ya hemos dicho no es imprescindible de ningún modo ser un erudito en la materia para gozar de ella.

Lo mismo sucede con el baile, con la danza.

Bailar es un ejercicio catárquico, purificador, que nos hace sentirnos vivos, plenos.

A través de la danza somos conscientes de nuestro propio cuerpo, de sus partes, de los movimientos que realizan. A través de ella somos más conscientes de la música, y su ritmo nos hace sentirnos más integrados en ella.

Mediante la música el ser humano puede sentirse trascender un poco más y puede llegar a sentirse más integrado en el ritmo de la vida, de los planetas y del mismo Universo.

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Cuando una persona se siente amada, su aspecto exterior lo refleja. Todo eso se traduce en nuestros ojos y en nuestra cara, que son como el espejo del alma. La música nos ayuda a establecer una mejor relación con nuestra pareja.

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