Educación de los hijos

Por Andrea Artieda

La educación de los hijos se ha visto complicada en los últimos años por varios factores externos que han venido a condicionar las siempre complejas relaciones entre padres e hijos. En muy pocos años hemos pasado de un modelo de educación basado en la autoridad tanto de los padres como de los educadores, en el que al hijo solo le quedaba obedecer y callar, a uno mucho más abierto y participativo.

Con frecuencia oímos los siguientes argumentos: “Si yo de pequeño hubiera contestado así a un profesor estoy seguro que me abría partido la cara. Y en casa mi padre me la hubiera vuelto a partir.”

La autoridad de los padres y de los educadores se basaba en un gran porcentaje en la amenaza y en el castigo físico. Era normal dentro del sistema educativo darle una bofetada a un chico “si no se portaba bien”.

Ahora esos planteamientos son socialmente inaceptables.

Los niños tienen reconocidos unos derechos inalienables. Nadie puede poner la mano encima de un niño sin correr el riesgo de que todo el peso de la justicia caiga sobre él.

Todo esto está muy bien. No es de recibo que los niños reciban castigos físicos sistemáticos en un centro supuestamente educativo o en su casa.

El mundo está lleno de personas desalmadas que no encuentran mejor manera de desahogarse de sus frustraciones que infligiendo castigos y sufrimiento a los más débiles, y entre ellos a los niños.

Lógicamente los poderes políticos se han hecho eco de este clamor social y han dispuesto todo un entramado de medidas, de normas y de leyes para preservar los Derechos de los Niños.

¿Pero como encaja todo este cambio con la función de los educadores? ¿No es cierto que ante este cambio radical los padres se encuentran evidentemente desorientados?

Podemos resumir diciendo que la figura en la que se centraba la educación tradicional era la del padre autoritario, mientras que ahora la figura central de la educación actual es el niño tiránico y caprichoso.

A los padres, y educadores en general, les cuesta mucho trabajo decir “no”a sus hijos.

Las consecuencias de ello no pueden ser más nefastas.

Muchos de estos niños adolecen de una educación excesivamente permisiva.

La falta de autoridad y de unos criterios claros en la educación de los hijos por parte de los padres lleva a problemas tan sustanciales como la falta de adquisición de un sistema consistente de valores, falta de respeto hacia padres y educadores, tendencia a la desobediencia, indisciplina, al capricho, falta de responsabilidad, etc…

Saber aplicar una cierta dosis de disciplina, y de autoridad en las relaciones con los niños no significa quererlos menos, todo lo contrario. Exige un esfuerzo suplementario de amor, tacto y sobre todo de inteligencia.

Este es quizás el mayor escollo con el que nos encontramos a la hora de saber poner límites en la educación de los niños.


Nuevos enfoques en educacion
Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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