La flor roja
Una vez un pequeño niño fue a la escuela. El era en verdad un pequeño niño y aquella, sí era una gran escuela. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía llegar a su salón caminando desde la puerta de entrada, se sentía feliz y la escuela ya no se veía tan grande.
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Los viajeros
Había una vez un viajero que caminaba de un pueblo a otro. En el camino vio a un monje labrando uno de los campos vecinos. El monje le deseó buenos días y el viajero contestó con un leve movimiento de cabeza. Después se volvió hacia al monje y dijo:
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El hilo de seda
Cuenta la leyenda que un noble cayó en desgracia ante los ojos del Rey y que éste lo recluyó en la Torre del Prisionero, una construcción en forma circular de enorme altura, a la espera de ser ejecutado por traición.
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Los nadadores
Había una vez una pareja que había satisfecho muchas de sus ambiciones. Pero aún tenían pendiente uno de sus mayores sueños: querían nadar hasta el Japón. Pensaron mucho al respecto y por fin, un día iniciaron su aventura. No estaban muy acostumbrados a nadar, así que les resultó una tarea ardua. Pronto se dieron cuenta de lo pesadas que se habían vuelto sus extremidades. Les dolían por el esfuerzo constante, especialmente cuando nadaban contra corriente. Gradualmente, sin embargo, sus cuerpos se acostumbraron al ejercicio y desarrollaron un ritmo que exigía poco esfuerzo.
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El gavilán
El otro día que deambulaba por un lugar para mi desconocido, pasé por una casa donde en una percha se encontraba un gavilán. Su aspecto general atrajo mi atención, pero más aun la tristeza de sus ojos y su porte alicaído.
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El marinero
Hace muchos años existía un marinero que había recorrido muchos países del mundo. Había visitado cientos de lugares y había visto incontables maravillas. Un día, mientras navegaba por los mares se topó con una isla y decidió descansar en ella. Atracó el barco en la costa e inició su exploración. Por toda la isla, a modo de cinturón, se extendía una playa de arena blanca y el corazón estaba cubierto de un bosque tropical. Todo estaba tranquilo hasta que...
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Ignoren esta señal
Cuando Simplicio Orejudo acabó sus estudios primarios, sus padres lo pusieron a trabajar como aprendiz de carpintero. No es que la sierra y la gubia despertaran en él nuevas entendederas, pero hicieron que su adaptación al mundo de los adultos se produjera sin mayores quebrantos. Porque Simplicio, desde muy pequeño, tuvo grandes dificultades para comprender las cosas.
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El dragón
Hace mucho tiempo, en las colinas de la Patagonia, había un pueblecito muy pequeño. Sus habitantes estaban pasando hambre, pero no salían a recoger la cosecha, porque vivían dominados por el temor de un dragón que habían visto en sus campos.
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El valor de una ilusión
Desde pequeño, Juan sabía que le gustaban los automóviles. Su papá tenía uno muy pequeño, en el que toda la familia tenía que agolparse, porque no cabían ni amontonados. Pero es que al papá de Juan no le llegaba el dinero para otra cosa y, con cinco hijos, la suegra en casa y dos perros, había que hacer maravillas para llegar a final de mes. Juan soñaba que cuando fuera mayor tendría el mejor automóvil de su barrio.
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El hortelano
Un hortelano tenía tres preciosas hijas a las que amaba como sólo un padre puede hacerlo. Se levantaba por las mañanas y con su azada cavaba grandes caballones de tierra en los que plantaba cebollas, tomates, frijoles, lechugas, puerros, calabacines….
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Bendición maldita
Convoco a todas la fuerza elementales del universo
A todos los seres amorosos y soñadores
A los creadores, luminosos, y ardientes
A los sembradores y germinados de la alegría
A los cristalinos pintados de arcoiris
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