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He superado todos los miedos que me atormentaban cuando era niño. Ya no tengo miedo a que venga la Bruja Piruja si no me duermo pronto. En cuanto mi mujer se pone la redecilla en la cabeza y las rodajas de pepino en los ojos y me da las ultimas instrucciones para el día siguiente, apago la luz y me duermo tranquilamente.
Tomado del libro "Cuentos sin lobo"
Y ya no lloro pensando que si no me como todas las lentejas se las va a comer el lobo, porque las lentejas ahora me gustan y, además, si me descuido un poco, mi cuñado se come las suyas y las mías, porque dice que el dedicarse a la búsqueda infructuosa de un trabajo a su gusto le produce un hambre feroz..
El famoso Coco, que por cierto nunca supe que aspecto tenía y que según parece estaba dispuesto a venir en cuanto fuese desobediente, resulta que no existe, aunque tenga el mismo nombre que el desagradable perrito de mi suegra, al que debo pasear tres veces al día si quiero tener callados al perro y a la suegra.
Y el temible hombre del saco ya no me importa, porque ahora no derrocho mis ahorros comprándome caprichos sin ton ni son. Entre mi mujer, su madre y el Inspector de Hacienda administran todo mi dinero para que no lo malgaste.
Tampoco me importa que si digo alguna mentira me crezca la nariz como a Pinocho, porque aunque mi nariz creciera un poco más no se notaría y además, en mi profesión es obligado disfrazar y exagerar un poco la verdad, si se quiere tener algún éxito en las ventas.
En aquellos años también había fantasmas arrastrando cadenas con algún cometido siniestro que no me acuerdo y que ahora me vienen a la cabeza cuando me cruzo con mi hijo por el pasillo de casa cuando yo me levanto para ir a trabajar y él vuelve de juerga.
Afortunadamente me he hecho mayor y ya no tengo miedos, pero, a veces y sobre todo cuando veo a mi mujer con las rodajas de pepino en los ojos, echo mucho de menos a la Bruja Piruja, el Señor Lobo, El Coco, el Hombre del Saco, a Pinocho y a los inofensivos y elegantes fantasmas.
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