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Nuestro hijo

"Cómo me duelen las críticas de nuestro hijo, querido esposo. Con la ilusión que pusimos cuando elegimos sus componentes.

Tomado del libro "Cuentos sin lobo"

Ahora dice que los ojitos azules le hacen demasiado blando y afeminado y que la nariz no tiene personalidad. ¿Te acuerdas, querido esposo, las vueltas que le dimos al modelo de dentadura, y que por fin nos decidimos por la de "tipo esquimal" porque nos garantizaron que era la más fuerte? (por cierto, que era la más cara), pues dice que no hay forma de parecer una persona seria porque la gente cree que siempre se está riendo".

"No sufras Cesárea, esposa mía", le consolaba el marido. "Elegimos lo que nos pareció mejor para nuestro hijo, dentro de nuestras posibilidades económicas y las modas del momento. A mi tampoco me ha gustado nunca el nombre que me pusieron mis padres, que era lo único que los padres podían elegir en aquellos tiempos. ¡Las bromas que he tenido que sufrir de mis compañeros de colegio por llamarme Simeón!. Además, hay cosas que sí que está satisfecho nuestro hijo, como son sus atributos masculinos, que, aunque le molestan algo al andar, dice que, a veces, presume mucho. Aún recuerdo cómo te gustaron cuando los vimos en el catálogo, porque decías que te recordaban a las campanas de la Iglesia de tu pueblo ".

"Sí, pero lo peor, querido Simeón, es cuando nuestro hijo Tolomeo nos pregunta que qué pinta él en este mundo y quien nos ha dado permiso para echarlo aquí y ahora...., y encima con dentadura de esquimal".

"¡Qué duro es ser padres, Cesárea mía!".

M .A. Benjamín
22-07-01



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