Las rabietas

Foto: Pressley(LCC)

Por Adrián Sanpere

Entre los dos y los seis años aproximadamente, los niños pasan por una etapa trascendental marcada por los continuos berrinches. En esos años, el tierno bebé se convierte en un individuo malhumorado, que pierde los estribos con facilidad y al que le resulta muy difícil controlar su genio.

Son años difíciles para los padres, puesto que ante un berrinche parece difícil razonar.

La rebeldía es más que un rechazo a la volunta de los padres. Es una oposición en toda regla a acatar la autoridad y se manifiesta de manera estentórea, irracional y arbitraria.

Las rabietas forman parte de la evolución del individuo, son parte importante en el aprendizaje y el crecimiento del niño. Son incluso una señal de que todo se desarrolla con normalidad, ya que la rebeldía y el inconformismo forman parte importante de la manera de ser de todo ser humano.

El niño se muestra cada vez como un ser más independiente que quiere tomar sus propias decisiones y manifiesta su volunta de manera cada vez más decidida. Así pues la rebeldía ante la autoridad ajena, en este caso de los padres, forma parte de ese proceso de aprendizaje.

Podemos observar, de todas formas, que no todos los niños pasan por esta etapa de la misma manera, con la misma intensidad, ni en el mismo momento.

Nuestra manera de vivir no es ajena, de todos modos, a estos comportamientos.

Nuestro ritmo de vida, cada vez más agitado y con mayor estrés se contagia también a los niños que reacciona de manera más impulsiva y violenta si no ven satisfechos sus deseos con prontitud. Así, en nuestras ciudades las rabietas son más frecuentes que en otras épocas, en otras culturas o simplemente si viviéramos, por ejemplo, en un pueblo.

Sabemos por experiencia que si los niños están cansados físicamente, si han estado corriendo por el campo, haciendo deporte, nadando en la piscina o en la playa, la conflictividad disminuye. Sencillamente están demasiado agotados para pelear.

Por el contrario, si han estado viendo la televisión toda la tarde, con los continuos mensajes de violencia y agresividad que esta transmite, y sin desfogarse en todo el día, la hora de irse a la cama puede suponer el motivo para una rabieta.

Mediante la rabieta el niño intenta calibrar hasta que punto puede llegar el adulto, cual es su límite y lo pone a prueba.

La manera de expresar la rebeldía depende de cada niño, como ya hemos dicho, y depende en gran medida de su carácter. Hay niños más pacientes que raramente tienen rabietas, para otros sin embargo las rabietas es su manera habitual de expresarse. Unos gritan y se tiran al suelo, otros tiran los juguetes o dan patadas a los muebles.

De todas maneras el berrinche se desata de manera irracional, irreflexiva, el niño no es consciente de su actitud y no la puede dominar. Lo importante es que los adultos sepan comportarse como tales y sepan mantener la clama en todo momento, dando confianza al niño, no poniéndose a su altura, perdiendo los nervios y regañándolo. Esto último no haría sino que se sintiera peor.

El niño debe saber que cuando se calme sus padres van a quererlo de igual manera y que su actitud será perdonada.

Es tarea de los padres hacerle comprender que sus actitud no le lleva a ninguna parte, que las rabietas no arreglan nada y que es mejor aprender a razonar y a expresarse cuando uno no está de acuerdo con algo.

Como todos sabemos esto no es posible en el mismo momento de la rabieta, cuando es imposible el diálogo, por lo que deberemos esperar a que pase para tratar de explicárselo.

Es por tanto importante que tengamos en cuenta que los berrinches son algo totalmente normal, que son algo pasajero y que tenemos que tener la suficiente serenidad como para saber afrontarlos con tranquilidad y que son, incluso, beneficiosos para la formación de la personalidad del niño y de su independencia.


Nuevos enfoques en educacion

Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.

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