Dolor físico y dolor espiritual

Foto: Livia Federici(Licensed Under Creatice Commons)

Por Merlina Meiler

Cuando nos encontramos frente a situaciones de angustia, miedo, desprotección, vergüenza o cualquier otra que nos hace sentir dolor en el alma, nuestro cuerpo, a su vez, suele generar focos de dolor y de enfermedades.  Te propongo un ejercicio para cambiar este patrón de conducta y transformarlo en algo a las claras más positivo.

En nuestra vida suceden cantidades de situaciones que no podemos controlar y se nos van de las manos. Un cambio drástico, motivado por una decisión que tomó una persona o nosotros mismos empujados por las circunstancias, y que afecta de manera sustancial nuestra vida; darnos cuenta de una realidad que esquivamos durante el mayor tiempo posible; que se materialice alguno de nuestros miedos más arraigados; algún otro acaecimiento, ya sea nuevo o reiterado y conocido (como peleas y discusiones, por ejemplo) causan un golpe emocional fuerte que cala hondo en nosotros y dejan una huella no sólo en el plano emocional sino también en el físico.

Sentimos un profundo dolor en el alma, producto de tales hechos, y, acto seguido, se produce un impacto en algún lugar de nuestro cuerpo. Es una sensación asidua de dolor, ahogo, retorcimiento, palpitaciones, la que fuera, o una nueva. Parecería que a los seres humanos nos resulta más sencillo lidiar con el dolor físico que con el espiritual. El diagnóstico certero de un médico tras someternos a diversos estudios y un remedio alópata nos alimentan la ilusión que el problema ya está bajo nuestro control y que en cierto número de días estaremos curados.

Pero no es así. La herida emocional sigue latente y es preciso enfrentar la situación que la suscitó, de alguna manera, para que la curación sea total y no haya recidivas. Es esencial entender qué la originó y cómo subsanarla, ya sea completamente o en la medida de lo posible, y aprender a vivir con esto. De lo contrario nos seguirá acechando y volverá a hacerse presente en algún momento, antes de lo esperado. Tal vez el síntoma mute o se agudice, pero la raíz de fondo será la misma.

Abrir nuestra alma y conectarnos con la fuente real de dolor y malestar, ya sea solos o con la ayuda de un profesional, resulta una tarea de por sí aflictiva. Hay que considerar este emprendimiento con el mismo pensamiento que cuando nos sometemos a una operación: es necesario extirpar el problema de raíz para que no se vuelva a presentar, ni en el plano emocional ni en el físico.

Una manera de cambiar la tendencia a somatizar es mediante el siguiente ejercicio:

En este momento, sentado como estás, trata de relajarte aún más durante unos minutos. En este lugar seguro para ti, piensa si realmente quieres cambiar tu reacción ante situaciones que te producen dolor emocional y, por ende, generan dolor físico y enfermedades.

Si la respuesta es SÍ, entonces, por última vez, descansado y tranquilo como estás aquí y ahora, te voy a pedir que recuerdes una de las situaciones que te han hecho sentir muy mal emocionalmente. Las imágenes que te vengan a la mente estarán bien, puede ser un episodio reciente o que haya sucedido hace mucho mucho tiempo.

Mientras rememoras esto, utilizando el tiempo que precises, profundamente, recuerda qué escuchas. Las voces de otras personas. Tu propia voz, qué te dices a ti mismo. Cómo te ves. Cómo se ven las otras personas que están contigo. Si estás parado o sentado, la expresión de tu cara. Cómo te sientes. En qué lugar del cuerpo comienzas a sentir algo desagradable. Cómo es ese malestar. Tómate todo el tiempo que necesites para describir esto.

Una vez que tengas esta situación bien fresca, concéntrate en el lugar del cuerpo en el que sientes malestar, dolor, incomodidad. Percibe cómo esta parte de tu cuerpo está unida a la situación externa por medio de hilos. Date cuenta que está atada y ha llegado el momento de separarla y liberarla. Ve desatando uno por uno los hilos que unen esa parte de tu cuerpo con la situación de afuera que la generó. De la manera que lo desees: corta los hilos, desátalos, quémalos, como prefieras hacer, uno por uno o de a manojos, fíjate cómo lo que estaba unido queda separado, ya sin hilos se aleja, y la distancia entre tú y esa situación aumenta más y más…

¿Qué hacer con los pedacitos de hilos que te quedaron a ti en esa zona de tu cuerpo? Algo bien bonito: píntalos de colores vivos, ponles flores, caritas o cosas que te gusten. Con esta sensación de tranquilidad y de haberte sacado un gran peso de encima, ya puedes enfrentar el futuro con otros ojos.

Ricardo Ros – Cómo dejar de fumar en un día


Si estás leyendo este texto es porque tienes el deseo de dejar el tabaco y necesitas unas instrucciones para poder hacerlo sin pasarlo mal. Es muy importante esta idea: generalmente has oído decir que dejar de fumar es un proceso duro y doloroso. No tiene por qué serlo si sigues las instrucciones que te voy a dar y aceptas las herramientas que te voy a proporcionar
Más información

Etiquetas:

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies