“Dime que me quieres” “¿Es que no ves que te quiero?”

Foto: Leon Oosthuizen(Licensed Under Creative Commons)

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Por Blas Roco

El concepto de la sexualidad que tiene cada pueblo está determinado en gran medida por su cultura. Cultura y sexualidad van irremediablemente unidos. Las creencias, mitos, gustos y preferencias de cada de esas culturas se transmiten de manera directa a su manera de entender el amor y la sexualidad.

Una prueba de ello lo encontramos en nuestra propia cultura, donde la influencia judeo-cristiana ha tenido una importancia innegable. Los dogmas y equívocos que rodean a la sexualidad en nuestra sociedad no son ajenos a la influencia de la religión en ella.

De la misma forma que la religión, otros condicionantes con respecto a la sexualidad son las necesidades económicas o políticas de un pueblo.

Así en el antiguo Egipto se fomentaron las relaciones incestuosas entre miembros de la familia real como medio de preservar una serie de privilegios y no relacionarse con otras personas que podían amenazar la hegemonía del Faraón. Algunos estudiosos ven también en esta costumbre un componente relacionado con la salud, pues manteniendo relaciones sexuales sólo entre ellos se aseguraban de no contraer ningún tipo de enfermedad de transmisión sexual, tan comunes en la época.

En otras culturas, como por ejemplo la nuestra, el incesto se ha visto como algo prohibido y negativo pues se ha contemplado con miedo al favorecer este tipo de relaciones la aparición de taras genéticas.

Estas diferencias se ven reflejadas en las diversas culturas, donde determinados rasgos pueden significar una cosa, y en otras todo lo contrario.

Para los mayas tener los ojos bizcos era lago bello y distinguido, lo mismo que para algunas tribus africanas tener los lóbulos de las orejas agigantados y deformados por incisiones de madera o cerámica. En nuestra cultura tanto una cosa como la otra no constituyen precisamente ningún rasgo de hermosura, ni despiertan (por lo menos a nadie que yo conozca) la menor atracción sexual.

Ese concepto de sexualidad que existe en nuestra cultura marca muchas veces una barrera infranqueable de incomunicación en la pareja, nos puede ayudar a franquear.

Clasifica a las personas en tres niveles de acceso y procesamiento de la información: el visual, el auditivo y el kinestésico o sensorial.

Todos participamos de estos tres niveles de comunicación con el exterior, pero siempre uno de ellos destacará sobre el resto. Así podemos decir de una persona que es básicamente visual cuando el mundo exterior le llega fundamentalmente a través de sus ojos. Para él las cosas son en cuanto son percibidas como algo visto.

La manera que tenemos de entender la vida se manifiesta en todas nuestras acciones y también en nuestra manera de expresarnos.

La persona visual habla en términos de: “mira aquello”, “observa cómo es”, “fíjate qué bonito”, “tiene una figura hermosa”, “¡qué feo es!”.

Una persona auditiva se fija más en la palabra: “escucha lo que te voy a decir”, “¿no me has oído?”, “me suena muy bien”, “necesito que me digas que me quieres”.

Una persona sensitiva, kinestésica, se referirá más a las sensaciones o emociones que le producen las cosas: “te siento muy cerca de mí”, “te noto alejado”, “nuestra relación es muy fría”, “¡qué dulce eres!”.

Evidentemente, todos participamos de todos estos estadios en mayor o menor medida pero, no obstante, siempre nos decantamos hacia una de estas tres maneras de percibir el mundo exterior. Además podemos afirmar que según nuestro estado de ánimo, la hora del día o la estación del año podemos también variar ese punto de vista.

Esto tiene mucho que ver con la sexualidad humana, puesto que definir el plano de comunicación con nuestra pareja puede ser determinante a la hora de dar al otro lo que realmente necesita de nosotros.

Normalmente pensamos, movidos por la cultura sexual en la que hemos crecido, que los demás piensan y sienten lo mismo y de la misma manera que nosotros y eso nos lleva a cometer errores.

Si yo soy una persona visual y pretendo hacerle saber a mi pareja que la amo, usando mi lógica le haré llegar ese mensaje de una manera visual: le regalaré flores y le mostraré mi mejor sonrisa. Esto será perfecto si mi pareja también es visual, pero si es auditiva posiblemente lo mejor que puedo hacer es decírselo, y si es kinestésica mostrárselo con un beso o una caricia.

Quizá no dar las cosas sentadas, y aprender a comprender el punto de vista de la pareja sea un buen principio hacia una sexualidad más completa y más sana.



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