Vencer la obesidad

Por Jim J.Rush

Los trastornos alimentarios es una de las lacras más evidentes de nuestra civilización occidental. Frente a una gran mayoría de la humanidad que lucha cada día contra el hambre, unos pocos tenemos el gran privilegio de tener nuestras tres comidas diarias prácticamente aseguradas. Esta minoría de la que formamos parte lucha precisamente contra todo lo contrario: la sobrealimentación. Mientras por la mañana la publicidad nos bombardea con sus mil y una ofertas para consumir productos de alimentación, por la tarde los medios de comunicación nos “venden” que la imagen realmente atractiva es la delgadez más extrema. Es cierto que podemos elegir aquello que queremos o no comer, de ahí la responsabilidad que hemos adquirido con nuestro propio cuerpo, con nuestro propio peso.

Más de 37 millones de estadounidenses tienen serios problemas de sobrepeso y no sólo es cuestión de comer excesivamente sino de comer aquello que no debemos, con un horario inadecuado y un régimen de vida sedentario.

El panorama no puede ser más desalentador. De cada 200 personas que inician una dieta para adelgazar sólo 10 lo consiguen, y de estas 9 recuperan su peso anterior al cabo de 5 años.

Podemos pensar que nosotros, si nos lo proponemos podemos ser esa persona de cada doscientas que realmente lo consiga, pero si nos regimos por las estadísticas es más probable superar con éxito un cáncer o la adicción a la cocaína que la obesidad.

Lo que debemos valorar es si ese sobrepeso es realmente un problema para nosotros, si no estamos contentos con nuestra imagen, si esa obesidad nos limita a la hora de movernos o nos priva de hacer alguna actividad que nos gustaría realizar, o si nos supone algún tipo de peligro para nuestra salud y nuestra vida.

Si estamos en alguno de estos casos , nuestro único camino posible es intentar como sea bajar ese sobrepeso.

Si, por el contrario, nos encontramos a gusto con nuestro peso y con nuestra imagen, a pesar de que no estemos precisamente en la misma línea que las modelos de pasarela, entonces no debemos preocuparnos mucho por el tema. Al fin y al cabo se trata de aceptarse cada uno tal y como es, y de sentirse feliz con uno mismo.

Muchos gordos felices han hecho dietas para bajar los kilos que les sobraban y lo único que han conseguido es disminuir sus autoestima y minar su salud.

Hay quien es constitucionalmente más “redondo” pero no por ello es menos hermoso que los estándares de delgadez que nos venden como cánones de belleza. No podemos olvidar que en la gordura hay igualmente un componente genético, pero tampoco podemos renunciar por ello a ser como deseamos. La genética no tiene por qué convertirse en la predestinación de nuestras vidas.

Los métodos y dietas para adelgazar nos acechan detrás de cada esquina. ¿Has probado la de la alcachofa, la de la manzana o la del tomate? Todas son extraordinarias y prometen resultados casi milagrosos y en muy poco tiempo.

La experiencia de quienes las han probado todas nos dice que únicamente con inteligencia y perseverancia puede vencerse a la báscula, y siempre bajo un estricto control médico.

Cualquier dieta pasa por algo tan sencillo como comer menos y mejor de lo que estábamos haciendo hasta ahora.

Como hemos apuntado, seguir una dieta para superar problemas de obesidad supone un sacrificio excepcional.

Como cualquier adicción al tabaco, al alcohol, al trabajo, al sexo o a cualquier droga, la dependencia psicológica de la comida sobre el individuo es en muchos casos superior a la dependencia puramente física.

Por esto se hace necesario un cambio en todas nuestras costumbres. Mantener la mente y el cuerpo ocupados en otras cuestiones se antoja primordial a la hora de distraer nuestra atención de la comida.

No obstante, comenzaremos por informarnos lo más posible sobre nutrición. Conocer los tipos de alimentos que existen, sus composiciones, como interactúan entre ellos, saber cuales son los más dañinos y los más inocuos, cuales son los que más engordan y los que menos, aquellos que sacian rápidamente nuestro apetito y los que nos provocan más hambre.

Otra buena idea es leer las etiquetas de los alimentos, su composición, sus calorías y elaborar nuestra propia lista de productos, de aquello que nos son beneficiosos y de los que sabemos que nos perjudican.

Ser unos expertos en la materia nos ayudará a identificar aquellos alimentos que debemos evitar, los que debemos comer con moderación y los que podemos consumir sin preocupación alguna… pero no podemos pararnos solo en eso.

No podemos ser simplemente unos teóricos. Hay muchas personas expertas en nutrición y que sin embargo son obesas. Debemos poner nuestros conocimientos en práctica.

Un dietista puede orientarnos sobre lo que debe contener una dieta sana y equilibrada y que nos haga perder peso, pero no debemos tener ninguna duda de que nadie como nosotros mismos sabemos aquello que nos sienta bien o mal, de lo que nos hace adelgazar o engordar.

Continuaremos por evitar aquellos lugares y situaciones en las cuales podamos vernos impulsados a romper nuestro régimen, al menos hasta que pensemos que ya lo tenemos dominado.

Es bien cierto que la comida se convierte en muchos casos en un acontecimiento de integración social. Solemos tener comidas de negocios con nuestros clientes o comidas de empresa con nuestros colegas o comidas familiares para celebrar cumpleaños, bodas o bautizos.

Nuestros compromisos sociales parecen interminables e ineludibles, pero con imaginación y buen humor podemos superar incluso estas embarazosas situaciones.

Podemos, por ejemplo, hacer partícipes a los demás de nuestros planes de mejora. Esto, sin duda, les hará comprendernos mejor, solidarizarnos con nosotros e incluso conseguiremos que se involucren más directamente con nuestros objetivos. Pueden, incluso, ayudarnos cuando nuestra voluntad flaquea.

Además, comunicar nuestros planes a los demás es una manera de que nosotros mismos nos sintamos obligados ante los demás a seguir con nuestro plan de acción. Con el resto del mundo como testigos no tendremos más remedio que ser más consecuentes con nosotros mismos y nuestros objetivos.

Indudablemente para conseguir un reto tan duro como es el de vencer la obesidad no tenemos más remedio que dedicar todo nuestro esfuerzo para conseguirlo.

Un peso adecuado es una cuestión de genética, de buenos hábitos, de disciplina, pero también es una cuestión mental, de determinación y de voluntad.

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