Mantener la boca cerrada

Por Miguel Borges

Todos nosotros conocemos a personas con las que resulta prácticamente imposible mantener una conversación en la que se preste atención a lo que nosotros aportamos, así como tampoco es posible que nos expresemos sobre un tema concreto sin que esa persona nos corte para expresar su experiencia en ese mismo sentido, sin dejar que terminemos  con nuestra exposición. Por otro lado también coincidimos con personas que saben escuchar y prestar atención a aquello que se les cuenta. Se nota que reacciona ante nuestras palabras, ríe nuestras bromas, y responde a nuestras alusiones, pero sin dejar de atender pensando en qué va a decir y no haciendo caso a aquello que le contamos.

Este segundo caso es el tipo de comunicación que todos deseamos tener, se trata de una comunicación efectiva y sana que impulsa las buenas y verdaderas relaciones tanto en la familia como entre amigos como en el trabajo.

Muchas veces nos resulta complicado mantener nuestra boquita cerrada y aún más complicado les resulta a las personas que tiene facilidad de palabra y costumbre de ponerle la puntilla a todo.

Con este sistema de permitir que los demás se expresen y esperar antes de soltar las primeras conclusiones que se nos ocurran, lograremos bastantes beneficios. Paso a enumerar alguno de ellos:

- evitaremos saltar con conclusiones infundadas tan rápidamente
- no nos precipitaremos a la hora de encasillar o valorar a una persona
- seremos mucho mejores oyentes
- aprenderemos a absorber mayor cantidad de información

Ese momento de silencio por nuestra parte nos permite recapacitar sobre aspectos y asuntos muy diversos, nos permite determinar si el significado y la valoración que atribuimos a la situación son válidos, si el acto que estamos a punto de ejecutar es prudente y si nuestro enfoque es el más adecuado en ese momento.

Haciendo caso a este pequeño consejo y retrasando nuestra intervención apenas unos pocos segundo o minutos en algunos casos obtendremos una perspectiva más centrada de la situación y en consecuencia de la respuesta que tenemos que dar ante esa situación concreta.

Empiece a tomar esta actitud desde ahora mismo, no lo retrase más ya que no le va a servir de nada. Por lo tanto no acepte ni rechace mi afirmación instantáneamente. Déjela reposar unos segundos y decida si esa forma es la que prefiere o por el contrario prefiere seguir siendo muy impulsivo y tomar las decisiones o dar nuestra opinión anteponiéndola a la de otros.

Este texto no debe quedarse en mera teoría, lo que debemos hacer es ponerla en práctica aplicándola a nuestra propia vida cotidiana.

Recuerde que del mismo modo que tenemos capacidad para abrir la boca también la tenemos para mantenerla cerrada unos segundos más que nos permitan no sacar conclusiones precipitadas.

 

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • Digg
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

1 Comentario

Email
Print