Sí o no

Por Sara Lindener

Nuestras vidas dependen siempre de cómo nos enfrentamos a los problemas cotidianos, a las bifurcaciones que se nos presentan y ante las que no nos queda otro remedio que decir que sí o que no. La psicología clásica y también la actual se han dedicado, en profundidad, a resolver esta dicotomía del ser humano.

Por un lado “Cuando digo no me siento culpable” (título del famoso libro de Manuel J. Smith y que en su propio título resume de manera envidiable este problema) y por otro lo difícil que es decir sí, saber comprometerse en otras ocasiones.

En general, nos gusta nadar a favor de corriente y nos resulta violento, desagradable plantarnos ante cualquier situación. Sin embargo, hacerlo nos da una satisfacción interior inmediata que difícilmente puede describirse. La persona se siente viva, dueña de su propio destino, de su propia vida.

Lo fácil, lo sencillo, es dejarse arrastrar por las circunstancias. Asentir cuando los demás esperan eso de ti o decir no cuando es fácil hacerlo. Sin embargo, los perjuicios posteriores nunca han sido descritos pormenorizadamente pero sí tratados cada día en nuestras consultas.

Saber decir sí o no puede suponer tomar el timón de nuestras vidas y dar un nuevo giro a cosas que no nos gustan de nuestra propia existencia. El cambio es posible y ese asentimiento o esa negación, contra corriente, pueden darnos muestra de ello.

Nuestro interlocutor, en cualquier situación, siempre espera de nosotros una respuesta favorable a sus propósitos y dependiendo de la fuerza su posición ( un padre ante su hijo, un jefe ante su subordinado, un rico ante un pobre, etc…) planteará las cosas de tal manera que sólo parece posible una única salida, la suya.

Decir no, no sólo exige carácter, sino como hemos dicho también un esfuerzo de imaginación y de inteligencia para encontrar otras posibles vías, otras alternativas.

Por otra parte, decir no, a veces es tan fácil…

¿Cuántas veces comenzamos nuestras frases y nuestras contestaciones por una negación? La mayoría de estas veces ni siquiera nos paramos a pensar en si estamos de acuerdo o no. Pero es tan sencillo negar.

Parece como si nuestro pensamiento se encontrara a la defensiva. Comencemos por negar. Luego ya me lo pensaré; ya habrá tiempo para negociar. Muchas veces ya es demasiado tarde.

Ante cualquier proposición que se nos hace, nos parece que se nos exige una respuesta inmediata y esta no es otra que el no. Pero es que normalmente esa urgencia no es real.

Contestar con una negación puede ser ya determinante para una relación o para un proyecto. La negación inmediata puede hacer fracasar cualquiera de las dos cosas.

“Señorita ¿quiere usted bailar conmigo?. Y la mujer sin volver la cabeza dijo: no. Quizás le hubiera interesado echar un vistazo antes de contestar- pensó el apuesto emir de Kulhbali mientras se montaba en su limousina-.”

El no no existe. Sólo somos capaces de articular nuestro pensamiento de manera positiva. El no es algo artificial, que posteriormente niega ese concepto positivo.

Nadie es capaz de pensar en un “no árbol” o un “no perro”. Pensamos en “un árbol” o “un perro”. La negación es una elaboración mental posterior.

Incluso la negación, decir no, debe ser formulado en sentido positivo, constructivo.


Las ranas hacen CHOP


Ricardo Ros – Las ranas hacen CHOP Cómo conseguir mis objetivos

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