El arte de contar cuentos

Por Margarita San Juan

Leer un cuento a un niño parece una tarea sencilla y de hecho lo es. Sin embargo contamos con un obstáculo estimable: ya no somos niños y hace mucho tiempo que dejamos de serlo. Ya no nos acordamos de lo que nos gustaba ni de lo que nos excitaba. Nuestros ojos han cambiado y ya no vemos las cosas con la inocencia suficiente como para ponernos en el lugar de nuestros hijos.

En resumen, necesitamos adaptarnos a las exigencias de la función que vamos a asumir: la de cuentacuentos.

En este artículo aportamos algunos consejos prácticos.

Leer en voz alta a los niños ayuda a crear una estimable corriente de comunicación y de complicidad entre los adultos y los niños. Entre sus evidentes beneficios están el de ayudar a ampliar el vocabulario de los niños y mejora en el futuro las técnicas tanto de lectura como de escritura. Además les ayuda a desarrollar la creatividad y la imaginación que, de esta manera, pueden construir sus propios mundos imaginarios donde ellos mismos se sientan los protagonistas de las más fantásticas historias.

La capacidad del ser humano para crear fantasías e imaginar nuevas metas y logros tiene mucho que ver con la idea de superación que debe inspirar a cada uno de nosotros.

Para poder aspirar a mejorar en nuestra vida primero debemos tener desarrollada la capacidad para visualizarnos en esa nueva situación y eso es imposible si no hemos potenciado nuestra imaginación.

Algunos estudios recientes incluso han asociado la lectura en voz alta de historias por parte de la madre durante el embarazo con el progreso de una mayor capacidad cerebral del futuro bebé.

Para leer un cuento a un niño es muy importante que nos desembaracemos de la prisa. Es demasiado frecuente querer “despachar” la lectura de una historia lo antes posible para poder ir a hacer otras cosas. Esto es un error, porque en esa prisa se perderá todo el sentido de nuestros actos. El niño no lo comprenderá y se aburrirá.

Antes de comenzar conviene introducir al niño en la historia creando el clima adecuado. A veces simplemente contando algo sobre el autor, o sobre algo relacionado con la historia. Otras veces animándoles a disfrazarse de personajes de la época, poniendo velas, música de fondo, etc…

No se debe leer, ni pasar las páginas demasiado deprisa. Ante todo mucha clama. Los niños deben disponer de tiempo para asimilar todo aquello que les estamos contando. Cada frase, cada palabra puede darnos pié a que la imaginación se desboque.

El contenido del texto no es demasiado importante, porque podemos tomar como base esa narración para luego variar lo que no nos guste. Incluso podemos cambiar personajes o escenas, que no consideremos apropiadas, por otros mejores. No olvidemos que el texto es sólo la base de la que partimos y que lo importante es lo que ayudemos a estimular en el cerebro.

En lo que sí debemos tener cuidado es en elegir historias que nos gusten a nosotros, por que de los contrario no podremos evitar transmitir nuestro disgusto o nuestro tedio a los niños.

Conviene poder enseñar a los niños las ilustraciones de los libros y, si no son de nuestro agrado, siempre podemos dibujar las nuestras propias o animarles a ellos a que las hagan.

Sin embargo, no debemos incurrir en el defecto de intentar ser demasiado pedagógicos e interrumpir la historia una y otra vez para aportar más datos prácticos cobre el tema.

El niño debe disponer de la suficiente libertad como para imaginarse las cosas como quiera sin necesidad de que sus padres se pongan pelmas.

La lectura de cuentos a los niños es una actividad tan gratificante para los hijos como para los padres. Crea adicción. Es un momento de intimidad y de disfrute en el que ambos, el niño y el adulto, se sienten muy cerca el uno del otro.

 


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