Cristalero

Por Ricardo Ros

Metáfora. Era un invierno tan frio y helador, que cuando los cristales de las casas del pueblo comenzaron a romperse y los suministros de cristales nuevos, con las carreteras cortadas, empezaron  a fallar, el cristalero del pueblo no tuvo más remedio que cubrir los huecos de las ventanas con placas de hielo que iba cortando  en el estanque vecino. Los cristales de hielo, más duros que los de vidrio, aguantaban bien el invierno. Cuanto más frío hacía, más fuertes eran los cristales. Pero los lugareños se negaron a pagarle al cristalero, aduciendo que en realidad no eran cristales de verdad, sino unas simples láminas de agua helada sin valor. Cualquiera puede ir al estanque y recortarlas. El cristalero se entristeció y cuando llegó la primavera y los tímidos rayos del sol empezaron a calentar, los cristales de hielo se derritieron. Y el cristalero comprendió que las cosas tienen valor en la medida en que los demás no son capaces de hacerlas.

Llegó el verano y pasó el otoño. Cuando el nuevo invierno se dejó notar y la nieve cubrió aquella tierra y el viento helado invadió hasta el último rincón y los cristales empezaron a romperse y los caminos estaban intransitables y los repuestos de cristales no podian llegar, los vecinos del pueblo empezaron a recortar láminas de hielo del estanque, tal como habían visto hacer con soltura al cristalero el año anterior. Pero a unos se les rompían al cortarlas, a otros al colocarlas en las ventanas. Ninguno consiguió cubrir sus ventanas con el hielo. Primero fue un vecino. Después, poco a poco, todos acudieron al cristalero. El cristalero sonrió. Aquel verano había sido previsor. Su almacén estaba abarrotado de cristales de vidrio. Y los iba a vender a precio de oro.

El arte de hablar en publico

F. Scott – El arte de hablar en público y tener habilidades sociales

Aunque probablemente usted no se verá precisado a ser orador y ni siquiera tendrá ocasión para ello, sin duda se le presentará alguna vez la ocasión para dirigir la palabra a un grupo más o menos numeroso de personas en diferentes ocasiones que la vida puede ofrecer: un banquete, una boda, un homenaje, etc. ¿Quien no se ha encontrado en el trance de intervenir en una conversación entre amigos, compañeros o colegas? ¿Y que tendría de raro que usted, amigo lector, tuviera que dirigir la palabra a un grupo de personas reunidas en una cena u homenaje a algún amigo o conocido? En tales casos, ¿habrá algún lector que no desee saber expresarse de modo que acredite sus méritos personales, aspirando a convencer, a gustar, a destacar, en una palabra?
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