Aprender para recordarlo

Por Sagrario Morales

La cuestión es tan obvia que parece absurdo intentar explicarlo, pero lo cierto es que para recordar algo lo primero que hemos debido hacer es haberlo aprendido. La mayoría de las personas culpan a su memoria de algo de lo que esta no es en absoluto responsable.

Suelen decir “no lo recuerdo”, cuando deberían decir “nunca lo he sabido”, porque el primer paso para aprender algo es haberlo comprendido, y este es un paso que no acostumbramos a valorar.

Para comprender algo previamente hemos debido ser conscientes de ello y haber hecho un esfuerzo, por pequeño que sea, por interiorizarlo.

“-¿Cuál es el nombre de los doce hijos de Jacob que dieron lugar a las tribus de Israel?
– Bueno sí: Ruben, Simeón….Levi, Juda, José… Benjamín. Realmente no lo recuerdo.
– No es que no lo recuerdes. Lo más exacto sería decir que nunca lo has sabido.”

Otro ejemplo: ¿Qué presidente de los EEUU aparece en los billetes de 10 USD? Posiblemente hayan pasado muchos por nuestras manos pero nunca hemos reparado en ello. Simplemente no nos hemos fijado. No hemos hecho el esfuerzo por aprenderlo, por lo que la respuesta más exacta a esta pregunta no sería que no lo recordamos, sino que debería ser que nunca lo hemos sabido.

Esto es algo frecuente en todos los ámbitos de la vida. Recibimos tanta información a través de nuestros sentidos que realmente somos capaces de procesar y aprender muy poca. De hecho solo somos capaces de prestar atención a una sola cosa al mismo tiempo.

Podemos ver una película en la televisión mientras leemos la información económica en el periódico, pero lo hacemos prestando y retirando sucesivamente nuestra atención de una y otra cosa.

Cuando los estudiantes se quejan de que no recuerdan las cosas que han estudiado, pueden referirse a que no han aprendido suficientemente esa materia, no la han hecho suya, no han hecho el esfuerzo suficiente para interiorizarla.

La falta de atención es normalmente el primer fallo para conseguir aprender algo. Por eso cuando nos presentan a alguien por primera vez raramente conseguimos “quedarnos” con su nombre a la primera. Normalmente estamos más preocupados en fijarnos en el aspecto de nuestro interlocutor, o en que se mencione correctamente nuestro propio nombre, o en lo que vamos a decir a continuación, que en aprender correctamente su nombre, por lo que una vez solventadas estas primeras impresiones, solemos solicitar que nos lo repitan acompañándolo con la mejor de nuestras sonrisas.”Perdón, ¿su nombre era…?”

Solemos olvidar el paraguas en cualquier sitio porque no lo valoramos lo suficiente y no somos conscientes de donde lo dejamos. También se nos olvida por la misma razón donde hemos aparcado el coche o donde nos hemos dejado las gafas o el bolígrafo.

Posiblemente si se trataran de un coche último modelo que acabamos de comprar con un gran esfuerzo económico, o de un bolígrafo de oro que nos regaló nuestro bisabuelo en su lecho de muerte, prestaríamos más atención y no se nos olvidaría donde los hemos dejado.

Aprender a ser conscientes de cada uno de nuestros movimientos y de cada uno de nuestros pasos es también algo que puede ejercitarse y aprenderse.

Además de sernos muy útil, también aprenderemos a ser más conscientes de nuestros actos y de nuestra propia existencia.

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