Ejercitar la genialidad en uno mismo

azulPor Rosetta Forner

Muchas veces cuando leo artículos de otros colegas me siento animada indirectamente a escribir más en profundidad a cerca de la práctica profesional que me ocupa, siendo ésta el coaching basado en la PNL y otras disciplinas (las cuales proceden de mi práctica profesional anterior: directiva en agencias de publicidad, investigación de mercados y desarrollo de estrategias marketing-publicitarias).

Hubo un tiempo en que florecieron los expertos en PNL, ahora le toca al coaching, y de repente hay “cientos de expertos”, personas que con mejor o peor (ganar dinero) intención ofrecen “soluciones milagrosas” en dosis de sesiones. Nada más lejos de la realidad. Unos y otros basan la bondad de sus métodos y resultados en ellos mismos, esto es, en el profesional del método no diciendo nada del “paciente”. Ningún mérito ni responsabilidad alguna parece recaer sobre el paciente o áquel/la que acude a la consulta de un profesional del sector que sea en busca de una solución a sus males. Cuando lo primero que le digo yo a la gente que acude a mi consulta es que sin su colaboración y voluntad yo no podré hacer nada, pues por mejor “entrenadora que yo sea, el que tiene que tirarse a la piscina y aprender a nadar es el otro”, utilizando un símil que todos pueden asimilar. Nada ni nadie puede hacer nada por nosotros si nosotros no hacemos nuestra parte. Y, entre nuestras obligaciones o responsabilidades está el darnos cuenta o tratar de averiguar si esa persona está capacitada o no, esto es, es competente en grado suficiente como para ocuparse de nuestro caso.

Cuando me preguntan qué es el coaching, respondo que en mi caso se trata de “enseñarle a la gente a pensar por sí misma”. Y, pareciendo esto banal y solo referido al área intelectual de la persona, nada más lejos de la realidad: aprender a pensar significa entre otras cosas aprender a disociarse de los acontecimientos, ideas, cosas, personas, emociones, conductas y creencias para poderlas evaluar desde una perspectiva desapegada que contiene suficiente espacio como para “ver, observar, sentir” lo qué se produce en nosotros y es nuestro frente a lo qué pueda provocar en nosotros “el otro, lo otro”. Una disociación nos conduce al referente interno, siendo ahí donde reside la realidad de nosotros mismos y tal y como la experimentamos. He visto a muchas personas “asociarse” con las opiniones, ideas, creencias y posturas de otras personas sin acertar a darse cuenta ni tan siquiera a haberse planteado mínimamente ni por asomo si eso era conveniente para ellos, si eso se ajustaba a su escala de valores, si era o no prejudicial o beneficioso para ellos, o si, en última instancia, querían adoptar tal o cual postura, opinión o lo qué fuese.

Si usted “cree ciegamente” en algo o alguien, si es de los que se fía de lo qué le dicen los demás, si vive su vida basándose en la “referencia externa” (lo qué piensan otros, cómo viven otros, lo qué hacen otros) sin disociarse, sin filtrarlo por su propia personalidad, escala de valores, creencias y alma, a buen seguro que no se apercibirá de cuando alguien “se la esté dando con queso”, esto es, le esté engañando. No dejo de asombrarme, sinceramente, de la ceguera, tal vez basada en que uno no quiere asumir la responsabilidad de la libertad de decidir, opinar y actuar, que muchas personas exhiben. Se me hace harto difícil entender como una persona adulta puede aceptar que una esteticien, por poner un ejemplo, pueda ser una buena profesional de la PNL, simplemente porque dicha esteticien le haga cree que “una cosa incluye a la otra” (la gimnasia y la magnesia no tienen nada en común, excepto la fonética…) Obviamente, dicha persona podría haberse formado en PNL (pero, ¿con quién? ¿Qué método, esto es, de qué PNL estaríamos hablando? ¿Se leyó unos libros de PNL, hizo un pseudo cursillo de PNL con un pseudo entrenador de PNL? ¿Está psicoanalizada esa persona? ¿Cómo y por qué llegó a la PNL y/o Coaching?) Desafortunadamente muchas personas acaban por opinar que “la PNL no funciona.” No me extraña que opinen esto, pero lo que no les funciona es su capacidad de la discriminación, del discernimiento, del más básico análisis, la PNL como disciplina no funciona ni deja de funcionar, depende del vehículo (el profesional).

Animo a la gente a que practique el coaching personal, esto es, a que se conviertan en una suerte de asesor personal para ellos mismos, animándose a pensar, a disociarse de las situaciones para así poder reflexionar. Asumir la responsabilidad de vivir es algo que no todos están dispuestos a hacer, pero si uno no asume que sanar, evolucionar, aprender, conseguir una meta, etc., pasa por un esfuerzo personal, una implicación, un compromiso, sacrificios varios y tiempo, paciencia, perseverancia, fe y persistencia… seríamos siempre presa de los pseudoprofesionales del mundo que prometen “soluciones milagrosas sin implicación de responsabilidad por parte del paciente o aprendiz de la vida.” La próxima vez que quiera sanar algo en usted, pregúntese si está dispuesto a comprometerse consigo mismo. Recuerde que “no se pasa de cero a cien en cinco segundos”, eso solamente sucede en los spots publicitarios de coches, ni tan siquiera en la realidad real es posible acelerar de cero a cien en cinco segundos, excepto que esté usted en una autopista y en inmejorables condiciones, y contando, obviamente, con que lleve un coche de carreras, tal vez un Ferrari. “No se la dé con queso usted a sí mismo.” Nadie nos engaña si nosotros no lo propiciamos. Dicen que el agua y la estima encuentran su nivel. Por consiguiente, si usted acude a terapeutas que no le proponen arremangarse, que como toda solución le dicen que “usted tienen cualidades maravillosas y que ha de escribir pues tiene mucho que contar”, si en vez de recomendarle una terapia de verdad le animan a “echarse las cartas” como toda solución para sus males, o a darse sesiones de Reiki -yo misma soy maestra de Reiki, y no obstante, le cuento a la gente que el “reiki” no le hace los deberes a nadie, que si uno ha de aprender tal o cual cosa, modificar tal o cual conducta, etc., así habrá de hacerlo. No espere que dándose/recibiendo sesiones de reiki lo va a solucionar, porque uno ha de hacer sus propios deberes, y el reiki proporciona “luz, energía, ánimos, motivación…” pero nunca nos hace los deberes-. Olvídese de encontrar a un buen profesional serio y competente si usted no asume la responsabilidad sobre su propia vida. Suelo poner como ejemplo el ballet para explicar que si uno estuviese haciendo una audición para contratar a bailarines profesionales para su propia compañía de ballet, lo qué haría sería pedirles que bailasen una determinada pieza para poder así mostrar con su movimiento su grado de profesionalidad. A ningún profesional-director de una compañía de ballet se le ocurriría contratar a nadie sin haberle pedido que le mostrase “la patita por debajo de la puerta”, ni tampoco contrataría como primera figura a nadie que no levantase la pierna más de 10 centímetros. Si eso, le parece sensato y cabal, ¿cómo es que contrata para solucionar problemas del alma, de la suya, a personas que no saben ni dónde está la suya ni pretenden saberlo, esto es, que no caminan lo que hablan? Recuerde: “el agua y la estima encuentran su nivel.” Hay mucha gente que se autocalifica de espiritual simplemente porque les gustan las piedras (los cuarzos), hacen Yoga, practican Reiki o Tai Chi, excluyendo a los que se dedican al aeróbic, a correr, a bailar salsa o ballet clásico… ¡esos no son espirituales! Pregúntese a sí mismo qué entiende usted por espiritual. Atrévase a confeccionarse sus propias opiniones y mapa de la realidad. Su vida es suya y usted tiene derecho a vivirla como mejor le plazca, por ello, vívala con responsabilidad, asuma tanto sus derechos como sus obligaciones. Si solo asume sus derechos caerá en el síndrome de la víctima, esto es, la persona que espera que los demás le resuelvan las cosas, o le faciliten lo que necesita en cada momento, pues ella, al carecer de responsabilidades y obligaciones, no tiene por qué asumir la responsabilidad sobre nada razón por la cual deja en manos de los demás el que “le solucionen esto o lo otro”. Nadie nos engaña si nosotros no se lo permitimos. “Nadie nos regala duros a cuatro pesetas”, solía decir mi abuela.

Sea su propio mentor, coach, esponsorizador, maestro y desde ahí podrá contratar verdaderos y honestos profesionales de cualquier disciplina, porque haberlos haylos, como las meigas. Los mejores profesionales no “se dan bombo y platillo”, simplemente son, y no prometen el cielo (en el pueblo de mi abuela había un cura, años 50, que “vendía parcelas del cielo” a los feligreses de la parroquia).

Si usted se decide a ejercitar sus capacidades maravillosas de análisis, discernimiento, sentido común, responsabilidad, amor, esfuerzo y alma, a buen seguro que sabrá distinguir lo falso de lo bueno. Es como la metáfora de la piedra preciosa. Se la cuento.

La metáfora-cuento: Érase una vez una gran maestra a la que un aprendiz de maestro acusaba de charlatanería y psicología baratas. Ante tales acusaciones, la gran maestra, como única respuesta, rebuscó en sus bolsillos y sacó una bolsita de tela de cual extrajo una piedra preciosa. Entregándosela al aprendiz de maestro, le dijo: “Ve a aquellos bazares, y pide que te ofrezcan cien monedas de oro por ella.” El aprendiz de maestro fue a los bazares y, enseñando la piedra preciosa, pidió que le dieran cien monedas de oro por ella. Los comerciantes se rieron ante semejante osadía. El aprendiz de maestro regresó junto a la gran maestra, y le relató lo qué había sucedido. La gran maestra le comentó: “Ahora ve a aquella joyería de la esquina y muestra la piedra.” El aprendiz de maestro fue, y al enseñársela al joyero, éste, sin darle tiempo a nada, le ofreció cien monedas de oro. El aprendiz de maestro no salía de su asombro. Regresó rápidamente al lado de la gran maestra para decirle que ella tenía razón: alguien le había ofrecido cien monedas de oro por la piedra.

La gran maestra le respondió: “Para poder apreciar una piedra preciosa, hay que ser joyero. Sólo cuando seas un joyero podrás mis palabras apreciar.”

Ya sabe, sólo un joyero distingue diamantes. Por consiguiente, si usted se considera joya, querrá un profesional joyero para que le ayude a evolucionar. Como puede ver, para ser “coacheado” por otro, primero ha de aprender a “ser su propio coach”.

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