Nos sorprende comprobar como gente que considerábamos triunfadora no era feliz con su vida. Nos coge por sorpresa que Marilyn se drogara o que el cantante de moda se tirase desde la terraza de un rascacielos.
Lo tenían todo y sin embargo no eran felices. Eran unos perdedores.
Al tendero de la esquina le tocó la lotería y durante unos días fue el hombre más admirado y al mismo tiempo más envidiado y odiado del barrio. No le quedó más remedio que mudarse a otra zona de "más nivel", pero allí no pasó de ser durante el resto de sus días un advenedizo.
El fracaso es algo inherente al ser humano.
Raúl ha conseguido docenas de goles importantísimos en su vida, pero siempre será recordado por un penalti fallado.
Sergei Bubka, el gran saltador de pértiga consiguió a lo largo de su carrera batir muchísimos records, pero en nuestra memoria siempre perdurará aquel listón que nunca llegó a batir.
El éxito es un soplo, los gritos de ánimo y de triunfo se disipan con los rayos del nuevo día.
Siempre hay una tarde en que Napoleón, vencedor de cien batallas, cabalga hacia su Waterloo.
Algunas grandes figuras de la Historia, grandes perdedores todos ellos, fueron celebrados, poderosos y ricos durante su vida, para luego ser vilipendiados y escarnecidos después de muertos, desde Nerón, Julio Cesar o Felipe II.
Lucharon con saña contra sus enemigos, por imponer su voluntad por encima de todas las cosas. Fueron temidos y odiados en vida, pero a su muerte sus actos nobles y sus horrores fueron borrados por el implacable viento de la Historia.
Otros, si cabe más desgraciados, fueron vapuleados en vida y celebrados como grandiosos después de muertos. Van Gogh no vendió un solo cuadro en toda su vida. El autor de "La Conjura de los necios" se suicidó antes de ver publicada su obra, de la cual luego se han vendido miles y miles de ejemplares en todo el mundo. Menuda ironía...
El Almirante Nelson, vencedor de Trafalgar, murió por las heridas sufridas durante la batalla, y Alejandro Magno...
Todos tenemos un poco de quijotes enfrentándonos contra un imposible.
Los poetas cantan las hazañas de los héroes que han dado su vida desinteresadamente por hermosas causas, pero no nos engañemos el hedor de la muerte no es plato de gusto para nadie.
El gladiador romano levanta su espada ante el júbilo del populacho que lo aclama como un héroe. Es su día de gloria y por ello disfrutará de la compañía de los personajes más ilustres que querrán estar a su lado, de las más bellas mujeres y del mejor vino. Mañana o quizás pasado, sin duda, no tendrá tanta suerte. Sólo es cuestión de esperar.
El delantero centro cabecea el balón al fondo de la red. El estadio en pié celebra su gol, mientras él "improvisa" un baile junto al banderín del corner. Al día siguiente será portada de todos los periódicos para, dentro de un tiempo diluirse de nuevo en el anonimato de una vida vulgar.
El éxito es algo circunstancial, momentáneo. Un momento de gloria, una burla a nuestro ingrato destino que ya está escrito. Nadie ha logrado nunca burlar a su destino final.
Por eso se hace tan importante saber aceptar nuestra propia naturaleza.
Por cada pequeño momento de éxito o de gloria que podamos vivir en nuestras vidas habrá cientos de sinsabores y de fracasos que debemos saber superar. De cómo sepamos "disfrutar" y aprovechar esos momentos dependerá nuestra felicidad.
Aprendamos a disfrutar de nuestros fracasos y de nuestros errores ya que son ellos los nos van a acompañar incansablemente durante nuestra existencia.
Otros artículos de John MacGuiness en ¡Chasquido!
|