Como dijimos en otra ocasión (Ver "Un modelo integrativo en psicoterapia"), pareciera que estos profesionales se guiaran sabiamente por el principio cibernético del "requisito de la variedad", según el cual en todo sistema interconectado --y la relación terapéutica, el vínculo terapeuta-paciente es un sistema social--, aquel elemento de ese conjunto que manifieste mayor versatilidad y flexibilidad en su conducta terminará controlando el sistema.
Esto ha llevado a los terapeutas a no depender rígidamente de un método o procedimiento, ya que mientras menos dependan de un método o de un enfoque y más tiendan a concertar y reunir prácticas y movimientos convergentes, enriqueciendo su arsenal terapéutico con la mayor diversidad de recursos accesibles, más flexible y fluida será entonces su conducta y mayor su influencia en la relación de trabajo y su efectividad en la inducción de cambios.
En la forja de estas "alianzas sinérgicas", la asociación estratégica de enfoques como la terapia Gestalt y la Programación Neuro-Lingüística (PNL) puede resultar un interesante campo de exploración y aplicaciones. En efecto, desde hace unos cuantos años, y pesar de la oposición de Laura Perls a que la terapia Gestalt fuera vinculada a otras corrientes, ya Barry y John Stevens asomaron algunas posibilidades para el uso integrado de ambos enfoques.
Terapia Gestalt
La terapia Gestalt es un método de psicoterapia y de crecimiento personal, desarrollado por Fritz Perls y Laura Perls entre los años 50 y 70, a partir de la asimilación y aplicación de los principios de la antigua Psicología de la Forma a la complejidad del organismo humano. Este enfoque ha sido enriquecido posteriormente con los aportes de una variedad de autores y hoy representa aún un excelente recurso para el trabajo profesional.
Se trata de una herramienta para el cambio, que se basa en la experiencia actual de la persona, y su énfasis está puesto en el darse cuenta de la propia experiencia para utilizarla con fines de cambio o integración. En esa dirección, el trabajo terapéutico en Gestalt tiene como metas estimular el darse cuenta (de sí mismo, de los otros, del ambiente), desarrollar responsabilidad por la propia conducta (habilidad para responder), incrementar el contacto (consigo mismo, con otros, con el entorno) e identificar claramente los límites implícitos en ello, así como la integración de partes de la personalidad para el logro de maduración, que no es más que generar auto-apoyo. La tarea del terapeuta en este modelo es centrar a la persona, al grupo o a la organización, en su propio presente -en el ahora- y trabajar con el qué y el cómo de la experiencia, con la figura, la energía (o el bloqueo de esa energía), el "experimento" (acción versus verbalización) y con el lenguaje verbal y el cuerpo como fuentes de apoyo.
Aun cuando actualmente ha descendido en popularidad, la terapia Gestalt tiene gran vigencia hoy y sigue teniendo una enorme influencia en la práctica psicológica. Su influencia se evidencia también en enfoques como, por ejemplo, la terapia centrada en la persona (Rogers), la psicología del yo (psicodinámica), el análisis transaccional y otros abordajes humanísticos que buscan integrar a su práctica principios y técnicas gestálticas.
Programación Neuro-Lingüística
Aun cuando sus antecedentes son bastante remotos, la PNL como tal, es un enfoque de la psicología aplicada que surge en los Estados Unidos de Norteamérica a mediados de los años setenta, gracias a la fecunda asociación de un psicoterapeuta gestaltista, Richard Bandler, de un lingüista, John Grinder, y de otros autores ligados a las disciplinas del comportamiento. Es un enfoque que describe la forma cómo la mente o el cerebro funcionan para producir ciertos resultados, y estudia además cómo los sutiles aspectos verbales y no verbales de la comunicación humana están presentes en la relación entre las personas y contribuyen de alguna forma a producir cambios. Más concretamente, la PNL podría caracterizarse como una "metodología" y una "tecnología" que propone un modelo de comunicación y cambio de comportamiento para estudiar la forma cómo los seres humanos usamos el lenguaje verbal y no verbal para influirnos unos a otros y para influir sobre nosotros mismos. Este modelo atiende entonces a la manera cómo funciona la mente cuando las personas se comunican y se influyen entre sí y cómo se comunican consigo mismas, para usar sus recursos en forma óptima, para crear ciertas alternativas de conducta y obtener resultados deseables. El punto de partida de este planteamiento es el conocido axioma de la comunicación humana que reza: "no es posible no comunicarse", y del cual deriva otro postulado de interesantes implicaciones: "no es posible no influir"...
Armado con sus tres destrezas fundamentales: flexibilidad, observación y capacidad para escuchar, un profesional que utiliza la PNL en su labor busca, esencialmente, aproximarse al conocimiento de los "mapas" o "modelos mentales" de su interlocutor -cliente, paciente, alumno, entrevistado, supervisor, supervisado, contraparte en una negociación, etc.-. Para ello emplea variados instrumentos, tales como, la determinación de las modalidades de pensamiento -Visual, Auditiva y Kinestésica- y sus submodalidades, el trabajo con la complejidad del lenguaje verbal, la identificación de las estrategias que usa ese interlocutor para lograr resultados, los dinámicos procesos de modelado o modelamiento de conductas, el manejo de los planos temporales de la experiencia, a través de la línea del tiempo, y los procedimientos de anclaje y de reencuadre.
Con todo ese instrumental y con la preciosa herramienta del acompasamiento para establecer "rapport", el terapeuta en PNL es capaz de "aprender el lenguaje" de la persona con quien trabaja y "modelarla", como medio para conducirla o guiarla hacia una nueva opción y luego proponer y liderar el cambio.
Afinidades
Probablemente hay muchos aspectos afines entre la terapia Gestalt y la PNL que pueden constituir una plataforma estable para la eventual integración y colaboración de sus metodologías. Veamos apenas cinco de ellos que revisten especial interés.
1) Aun cuando podrían inscribirse dentro del amplio espectro de la psicología humanista, ninguna de estas dos aproximaciones son "teorías psicológicas" propiamente dichas. Son más bien "modelos" de trabajo psicológico, aplicable en diversas áreas de la conducta humana: en psicoterapia, educación, salud y organizaciones. En tal sentido, ambas son fuentes de herramientas y técnicas útiles que pueden ser muy efectivas en manos de un terapeuta capaz.
2) Como enfoques terapéuticos humanistas y sistémicos, la Gestalt y la PNL son métodos de integración personal que parten de un marco de referencia holístico. La terapia Gestalt utiliza un abordaje holístico cuando considera la conducta humana más allá del viejo paralelismo psico/físico, atendiendo a la totalidad de acciones, pensamientos, emociones, sentimientos, corporalidad, lenguaje, creencias, valores, poder, sueños, fantasías, experiencia presente, contexto de relaciones con el entorno, etc., en un constante proceso de intercambio e interacción y en permanente búsqueda de autoregulación y homeostasis. Por su parte, la PNL sostiene en uno de sus "principios" que la mente y el cuerpo constituyen una sola unidad en permanente recursividad.
3) Ambos modelos de trabajo ponen más énfasis sobre la estructura del proceso y menos sobre el contenido. De allí su interés compartido en profundizar en el qué y especialmente en el cómo de la experiencia subjetiva más que sobre la explicación del contenido de esa experiencia -el por qué-. Es decir, focalizan su acción sobre la forma como las personas interpretan, codifican, le dan estructura a su experiencia subjetiva, la comunican a otros mediante el lenguaje verbal y no verbal, y la reflejan finalmente en su comportamiento.
4) Los dos enfoques comparten también una aproximación comunicacional al proceso de terapia. Ambos son esencialmente modelos de comunicación y cambio que otorgan especial atención al lenguaje verbal y a las señales corporales o extraverbales.
5) Como la comunicación y la experiencia ocurren sólo en el presente, ambas posiciones concentran su acción en el ahora, en el momento actual de la conducta que se observa ahí, en el proceso que fluye en ese instante, utilizando esto más como un instrumento "práctico" de trabajo que como una consideración "teórica" o "epistemológica".
Alianzas
En ciertas áreas podría funcionar una integración convergente de la terapia Gestalt y la PNL. Veamos, como ejemplos, algunas posibilidades de acción conjunta:
1) El darse cuenta. Un concepto básico en la terapia Gestalt es el darse cuenta. El darse cuenta es un proceso sensorial. Va más allá del mero "insight" intelectual para constituirse en una toma de conciencia sensorial de la propia experiencia presente. En su propósito de incrementar el darse cuenta mediante el llamado "continuo de consciencia", un terapeuta puede apoyar su intervención justamente en los sistemas de representación o modalidades de pensamiento que aporta la PNL y hacer así más intensa la conciencia de los aspectos visuales, auditivos y de sensaciones asociados a un determinado proceso o situación.
Por otra parte, la terapia Gestalt ha sido considerada como una "filosofía de lo obvio". Trabaja con lo obvio -que muchas veces es lo más difícil de percibir-, es decir, con los aspectos sensoriales de la experiencia, con lo que entra por los sentidos. Aquí también la PNL pondría las modalidades y submodalidades del pensamiento al servicio del "descubrimiento de lo obvio", mediante el uso de la "calibración", o sea, de la observación fina de señales verbales y no verbales, muchas veces inconscientes, como medio para identificar estados internos en una persona.
2) El fluir con el proceso. El trabajo gestáltico se nutre grandemente de la posibilidad de que el terapeuta fluya con el proceso de su cliente, sin "empujar el río", sin imponer condiciones: estando allí, recogiendo pautas que utilizará posteriormente para diseñar sus intervenciones. Esta actitud puede ser potenciada por la PNL a través del "acompasar y guiar", es decir, el seguir a la persona, leyendo señales, "haciendo espejo" de su comportamiento verbal y corporal, para aprender y hablar su lenguaje, para modelar su conducta, como instrumento que le permitirá luego introducir una pauta distinta, la cual el cliente a su vez acompasará en la búsqueda de un cambio.
3) El lenguaje verbal. Se ha dicho que el lenguaje es la vida y que refleja la identidad, la historia y los modelos mentales de los seres humanos ("los seres humanos somos seres lingüísticos"). De hecho, la parte lingüística de la PNL es un poderoso instrumento de trabajo para llegar a aspectos muy importantes relacionados con los "mapas" personales, partiendo de la estructura superficial del lenguaje -nivel fonológico- y pasando luego por las estructuras profundas -nivel semántico-, la estructura de referencia y las fantasías o mitos (distorsiones) que la persona elabora en su búsqueda de balance vital. De hecho, John Stevens describió alguna vez la PNL como "un modelo detallado y explícito de la forma cómo el lenguaje puede utilizarse para evocar una representación verbal completa de la experiencia de una persona".
En un sentido similar, la terapia Gestalt hace hincapié en el trabajo con el lenguaje verbal mediante el uso de sus técnicas supresivas y expresivas para suprimir o minimizar evitaciones de la experiencia presente, enfrentar las formas en que el paciente boicotea su experiencia actual, confrontar los rodeos, manipulaciones y eufemismos y el lenguaje vago e incierto, y estimular el que la persona asuma responsabilidad por lo que dice.
Estas intervenciones en terapia Gestalt se fortalecerían significativamente si el terapeuta utiliza pertinente y oportunamente el "metamodelo" de la PNL para desafiar en forma precisa las omisiones, generalizaciones y distorsiones presentes en el lenguaje verbal del paciente. Asimismo, los aportes de la "PNL Remodelada", derivados del "Modelamiento Conductual Evolutivo" (DBM) de John McWhirter, tales como el "modelo fractal del lenguaje" y el modelo "investigar-saber-hacer", otorgan un gran valor agregado al trabajo gestáltico.
Más allá de esto, un terapeuta con el entrenamiento adecuado en técnicas ericksonianas puede también utilizar el lenguaje verbal para la inducción del trance hipnótico, área en que la terapia Gestalt y la PNL se superponen en sus alcances.
4) Metáforas. Las metáforas tienen un extraordinario poder terapéutico en terapia Gestalt y constituyen una valiosa herramienta de trabajo en la PNL. Los procedimientos gestálticos de trabajo con metáforas terapéuticas pueden integrarse entonces con los de la PNL, de modo que el terapeuta construya, presente y utilice metáforas (relatos, cuentos, historias, mitos, leyendas, parábolas, etc.) tomando como base y punto de partida los sistemas de representación -modalidades y submodalidades- de la persona con quien trabaja y a quien va dirigida la metáfora. Así, la situación que se enfoca puede ser comprendida, aceptada e integrada a un nivel "inconsciente" por el sujeto, quien dispondría ahora de una plataforma para introducir los cambios deseados.
5) Las "fantasías guiadas". En terapia Gestalt se recurre con frecuencia al uso de "fantasías guiadas". No es extraño que a veces una fantasía de ese tipo tenga muy poco efecto en el cliente o paciente debido a que le es presentada en el sistema de representación predominante del terapeuta. Por ello, es muy conveniente que al dirigir una fantasía, el terapeuta -usando PNL- conozca no solo su propia modalidad sensorial preferida sino también el sistema de representación primario de la persona con quien trabaja. En esta forma podrá guiar la fantasía del cliente "hablándole en su propio idioma". Si está trabajando con grupos, podría entonces usar términos asociados a todos los sistemas de representación. Así, haría más versátil, comprensible y efectiva la experiencia.
6) Las polaridades: Una de las áreas en que la terapia Gestalt muestra mayor efectividad es en el trabajo con la integración de polaridades, especialmente cuando la persona siente que es víctima de una dicotomía neurótica, caracterizada por el enfrentamiento de partes separadas y opuestas. En este trabajo, para intensificar y facilitar el proceso de diferenciación de esos opuestos, la PNL puede usarse en forma muy provechosa mediante la asociación de diversos anclajes de experiencias visuales, auditivas y kinestésicas con cada uno de los polos de la polaridad con la cual se trabaja. Luego, en el momento de la integración de polaridades aparentemente irreconciliables, el asesor puede apoyarse en anclas kinestésicas y aplicar el "colapsamiento" o "derrumbamiento" de anclajes, activando simultáneamente las anclas que había instalado anteriomente en cada polo de la polaridad. De esta manera, las técnicas gestálticas integrativas, de encuentro intrapersonal y de asimilación de proyecciones, adquieren mayor fuerza en la superación de conflictos internos.
Conclusión
La combinación e integración efectiva de intervenciones de la terapia Gestalt y de la PNL no se limita solamente a estos pocos ejemplos aludidos en esta nota. Es probable que un terapeuta inquieto, que cuente con una adecuada formación en ambos enfoques, encuentre nuevas zonas de confluencia de estos dos instrumentos terapéuticos para lograr en su práctica profesional una asociación sinérgica que constituya una interesante vía para potenciar su condición de "agente de cambio"...
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