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Los niveles lógicos del lenguaje (II) El lograr, el hacer y el tener, por José D. Puche

José Daniel Puche

          En este segundo artículo, José Daniel Puche sigue analizando los niveles lógicos.



El afán de logro y los sistemas de creencias y valores

En muchas sociedades contemporáneas se cultiva el afán de Lograr por encima de cualquier otra cosa en la vida. La capacidad de logro se ha convertido en una obsesión. Voy a poner unos ejemplos de lo que se aspira con una persona.

El siguiente es el "retrato" de alguien común y corriente con todas las expectativas de logro que tienen los demás y la misma persona a lo largo de la vida:

Ojalá el bebé logre pasar en el jardín infantil.
Ojalá el niño logre pasar en el colegio X.
Ojalá que el niño logre ser el mejor del curso.
Ojalá que el muchacho logre terminar el bachillerato con las mejores notas en las pruebas del estado.
Ojalá logre el joven pasar en X universidad Y carrera.
Ojalá logre conseguir un puesto bueno en esa empresa.
Ojalá logre casarme con esa muchacha.
Ojalá logre ascender de puesto este año.
Ojalá logremos tener hijos este año.
Ojalá logremos pagar la hipoteca de la casa.
Ojalá logremos pagar el colegio de los niños.
Ojalá logre dejar el cigarrillo este año.
Ojalá pueda hacer deporte en el gimnasio dos veces a la semana.
Ojalá logremos hacer el viaje el próximo año.
Ojalá adelgace lo 10 kilos que me sobran con esta dieta.
Ojalá logre obtener una buena pensión de jubilación.
Ojalá logre morir sin dolor.

Aunque pueda parecer un poco caricaturesco, el retrato anterior es una constante para muchas personas. Sus vidas se convierten en una competencia por el ser capaces de lograr muchas cosas.

Al final del camino, tras muchos o pocos logros, con el éxito o el fracaso definido por los demás, ¿cuál es el resultado?

La calidad de la respuesta a la pregunta anterior, es el mejor indicador de si ha o no valido la pena dedicar la vida al lograr.

Cuando alguien percibe que no ha podido cumplir con los logros o las expectativas personales, puede distorsionar o confundir los niveles lógicos y llegar a la desesperanza, influenciando negativamente el concepto, imagen o valoración que pueda tener de sí mismo, es decir, afectando directamente sus creencias y valores y, en última instancia, el nivel de identidad.

Algunos ejemplos:
Un abogado cercano a los sesenta años me comentaba con preocupación: "Hace diez años me separé y no he podido pasar los años de mayor importancia con mis hijos. A pesar de todo lo que he estudiado y trabajado no pude construir una familia como debería ser. Por momentos me siento como un fracaso de hombre."

Un bachiller que se había presentado cuatro veces a la universidad, sin buenos resultados, me dijo lo siguiente: "Estoy desesperado, voy a tener que trabajar en lo primero que me salga. Está demostrado que soy muy bruto para entrar en la universidad".

Se puede apreciar en los casos anteriores, cómo la no obtención de resultados lleva a una pobre evaluación de sí mismos, confundiéndose el nivel lógico de identidad con el de capacidades (o falta de ellas).
Cuando las personas viven experiencias desagradables con respecto al no poder lograr algo, buscan otras formas de lograr lo que desean. A través de esta experimentación se diversifica la creatividad por los diferentes caminos que se abordan. En muchas ocasiones los experimentos se disfrutan y en otras son dolorosos. Lo más importante no es el placer o dolor que se sienta sino el aprendizaje que se lleva a cabo durante el proceso.

El afán de logro se ha constituido en un interesante tema para los estudiosos de las dependencias. Cuando una persona vive en función del logro, se ha detectado que responde, después de cada evento o situación que logre terminar, con una especie de placer intenso muy semejante al que experimentan los adictos a sustancias psicoactivas. Cuando la persona no experimenta durante un tiempo la sensación de logro, empieza a presentar una reacción con ansiedad y depresión muy similares a la abstinencia de drogas o licor. Se le ha puesto un nombre a las personas que trabajan incansablemente, ocupadas de lograr y lograr, son "trabajólicos" o adictos al trabajo. En muchas ocasiones estas personas prefieren el trabajo a la vida familiar y se presentan rupturas matrimoniales por la falta de equilibrio entre el tiempo que se dedica a la familia y el tiempo que se dedica al trabajo.

Jorge, gerente de una empresa, me relató su historia: "Imagínese que yo empecé de cajero en un banco, estudiaba contabilidad por las noches y durante el día trabajaba. Al terminar mis estudios me nombraron asistente del gerente en una sucursal. Allá conocí mucha gente de negocios y mientras tanto hacía mi postgrado en finanzas internacionales. Al cabo del tiempo, con un socio, creé una firma que importa juguetes. Le voy a contar cómo yo hago mis cosas. Tengo una agenda que mi secretaria se encarga de organizar según lo urgente que se vaya presentando. Al finalizar la jornada usted no me va a creer la satisfacción que siento cuando he chuleado todo lo pendiente de mi agenda, ¡es increíble!. Hay épocas en que el trabajo está escaso y decido irme de vacaciones. Ahí comienzan mis problemas, después de tres días, ¡me hace falta lograr algo! entonces me invento disculpas y vuelvo a la oficina. Lo malo de todo esto es que mi esposa está cansada y dice que si la situación continúa así me va a pedir el divorcio".

Evaluación del nivel de capacidades o del lograr
¿Me he definido o me estoy definiendo por mi capacidad o incapacidad para lograr algo?
¿Qué cantidad de tiempo dedico a logros personales?
¿Cómo me siento cuando sé que he logrado algo?
¿Cómo me siento cuando noto que no estoy logrando cosas que me he propuesto?

Más allá del cómo lograr algo se encuentra el nivel de creencias y de valores. Aquí la cuestión que se plantea ya no es cómo lograr, sino por qué y para qué se hace algo. Es decir, nos involucramos con los permisos y las motivaciones profundas que nos llevan a dedicarnos a alguna actividad.

Las creencias son generalizaciones que nos hacemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea y representan uno de los marcos de referencia más profundos con respecto al comportamiento. Cuando alguien cree en algo de verdad, se comportará como si eso fuera cierto.
Una de las historias que mejor refleja lo anterior es la de dos jóvenes que discutían sobre la posibilidad de cruzar a nado un río cuyo caudal era muy impetuoso: "Yo digo que es imposible atravesar el río. Fuera de lo peligroso que es, ningún ser humano tiene la fuerza suficiente para soportar esa corriente tan poderosa", afirmaba uno de ellos con vehemencia.

"Nada de eso, observe que hay zonas donde el caudal del río es menor y uno puede seguir a favor de la corriente y en una postura determinada seguro que llega al otro lado", comentaba el otro. "Bueno vamos donde el maestro, que es una persona sabia y sabrá quién tiene la razón." El amigo estuvo de acuerdo y le plantearon su inquietud al maestro, quien con gran sabiduría les respondió: "Ambos tienen la razón: si tú crees que no puedes atravesar el río nadando, es mejor que no lo intentes. De lo contrario, para comprobar tu creencia, te ahogarás. Mientras que en el caso tuyo", señaló al otro joven, "puedes cruzar tranquilamente el río a nado, pues con tal de comprobar que sí se puede, harás cualquier cosa, por difícil que sea, para llegar al otro lado vivo y en buenas condiciones."

Esta historia es muy ilustrativa con respecto a lo importantes que son las creencias en la realidad de cada quién. Sobre todo en el sentido de actuar como "permisos" o "barreras" para llevar a cabo algunas conductas.
El poder de las creencias está absolutamente comprobado en la investigación médica, especialmente en lo relacionado con las medicaciones. Un interesante experimento se llevó a cabo con un grupo de personas al que se le informó que había un nuevo medicamento para reducir la presión arterial. Como el grupo de pacientes era hipertenso, accedieron con gusto a tomar parte en la investigación. Los resultados arrojaron que la nueva droga había funcionado con eficacia, reduciendo la presión arterial en el 78% de los pacientes: la parte interesante del experimento: La droga era una medicación para elevar la presión arterial en pacientes con presión arterial baja o hipotensos. Este experimento fue más allá del conocido "efecto placebo", el cual se realiza con una droga sin efectos bioquímicos.

Lo que se puso en evidencia en ese estudio, fue que la expectativa de respuesta, o creencia en el efecto positivo de la medicación, por parte de los pacientes, tenía una influencia mucho mayor que los aspectos químicos de la droga.

Los sistemas de creencias configuran lo que estamos en condiciones de aceptar, mientras lo que no podemos aceptar, simplemente ¡no existe!

A finales del siglo pasado, Charles Darwin inició un recorrido que se llamó "La expedición del origen de las especies". Viajó con un numeroso grupo de científicos, antropólogos, lingüistas, filósofos, geólogos y biólogos en un gigantesco buque a islas donde no había llegado la civilización. Unos días después de atracar cerca a una isla, el jefe de los nativos les preguntó de dónde habían llegado. La respuesta de los investigadores fue señalar el buque en el horizonte. Cuando los nativos le dijeron al traductor que sólo veían los pequeños botes en que llegaron a tierra, decidieron llevar a un grupo al inmenso navío. En el momento en que tocaron y subieron a la gran embarcación los nativos quedaron absolutamente extasiados, ¡pues sólo entonces empezó a ser real para ellos el barco!. En sus marcos de referencia o sistemas de creencias no podía existir un barco de esas dimensiones, ¡Nadie podía construir semejantes embarcaciones! Lo interesante de la anécdota relatada por Darwin, es que los nativos fueron ciegos para ver el buque mientras no llegaron a tocarlo y sentirlo.

El sistema de creencias demarca los límites de nuestra realidad perceptual. Por ello el refrán popular que dice "no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír" resulta tan elocuente ante la experiencia de Darwin.

Una de las principales creencias es la que tenemos sobre nosotros mismos, pues de ella depende directamente nuestro sentido de identidad.

Las creencias suelen ser generalizaciones que hacemos acerca de nosotros mismos y acerca de la vida. Las generalizaciones se detectan con palabras como "todo, nunca, nada, siempre, jamás, la gente, uno, los hombres, las mujeres", o al referirse a grupos específicos regionales o raciales, por la experiencia con pocas personas del mismo grupo. Muchas veces tenemos creencias que nos limitan poderosamente como cuando alguien dice "no puedo", o "es imposible", o "jamás podré". En estas situaciones la persona se pone un muro lingüístico y mental delante de sí misma, que resulta difícil de franquear.

Hace poco, durante un seminario, uno de los asistentes hizo la siguiente declaración: "Yo estoy muy viejo para aprender inglés, yo creo, como el dicho popular, que Loro viejo no aprende a hablar" Cuando lo interrogué sobre el tiempo literal que había dedicado al estudio del inglés en el colegio, la universidad y posteriormente, sumado en horas completas no llegaba a los treinta días. Como esta persona tenía en ese momento treinta y ocho años, le propuse que comparara treinta y ocho años con un mes y si valía la pena esa generalización acerca de sí mismo sobre su dificultad de aprendizaje.

Ejemplos como el anterior hay muchos. La mayor parte de las veces, las personas se limitan, sin mala intención, cuando admiten creencias que influyen sobre sí mismas de manera poco constructiva, comprobando en el camino "que tenían la razón".

Los valores se ubican al nivel de las creencias porque son el timón de nuestra vida. Nos impulsan a seguir en una dirección o cambiar a otra. Lo que es de verdadera importancia en nuestra vida, o lo que en verdad valoramos, es lo que nos llama la atención y nos motiva.

Hay dos maneras básicas de valorar para dirigirse en un sentido o en otro en el ser humano: acercarse a lo que le produce placer o alejarse de lo que le ocasiona dolor.

Desde pequeños empezamos a actuar de una manera inconsciente en alguna de las dos direcciones: evitando o alejándose del dolor. Esto lo hacen, por ejemplo, los niños que dejan de hacer o hacen algo para que el papá o la mamá "no los castigue"; o un alumno o alumna que hace las tareas para no sacar malas notas y no perder las materias; o los adolescentes que prefieren consumir sustancias para que no los saquen del grupo; o los trabajadores que se levantan temprano para no recibir amonestaciones por parte de los jefes.

Se acercan a los que les causa placer los niños que hacen algo que saben que sus padres van a aprobar; o los estudiantes que hacen las tareas pensando en lo bien que les va a ir al final de los exámenes; o los adolescentes que dejan de consumir sustancias porque saben que así van a mantenerse saludables y podrán disfrutar a consciencia lo que están viviendo; o los trabajadores que acuden temprano a su trabajo pensando en las oportunidades de aprendizaje, compañía o logro que tendrán a lo largo del día.

Cada persona filtra la dirección en que dirige sus actos de una manera muy personal y va valorando las situaciones de acuerdo con sus motivaciones más profundas.

Hay veces que las personas no se dedican en la vida a lo que en el fondo les interesa y se equivocan al plantearse metas que no se acompañan de sus motivaciones profundas.

En una oportunidad un individuo decidió hacer mucho dinero en el curso de ese año. Literalmente se planteó conseguir muchos millones para el final del año. Trabajó día y noche y al final del año obtuvo los millones que se había propuesto. Al final de ese mismo año la esposa le pidió el divorcio, pues ya no le dedicaba tiempo a la relación ni a los hijos, y únicamente pensaba en el negocio y el dinero que deseaba conseguir.

La anterior historia propone una revisión de lo que es verdaderamente valioso para uno y actuar posteriormente en consecuencia. Revisar periódicamente lo que es valioso en la vida personal es una excelente herramienta para saber si el curso de la vida de uno está en la dirección deseada o no.

Evaluación del nivel de creencias y valores
¿Cuáles son las principales convicciones que tengo acerca de mí mismo?
¿Funcionan mis creencias básicas sobre la vida, sobre las personas, sobre lo que hago como "permisos" (me abren puertas) o como "barreras" (me cierran puertas).
¿Cuáles son mis principales creencias limitantes? Lista de "no puedos" y otras generalizaciones
¿Porqué hago o dejo de hacer X?
¿Qué es lo que está en primer lugar en mi vida? Hacer lista, en orden de importancia de las veinte primeras personas, cosas o situaciones.
Si me quedara sólo un año de vida ¿a qué me dedicaría y con quienes estaría?
A lo que estoy dedicando mi tiempo en la actualidad ¿es lo que ocupa el primer lugar en mi vida?
¿Me estoy dirigiendo a lo que valoro?
¿Para qué hago Y?



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