Para responder a estas cuestiones emprendió el psicoterapeuta búlgaro Lozanov una serie de investigaciones y experiencias, encaminadas a utilizar la sugestión como medio pedagógico que estimula la inteligencia, la afectividad y la percepción del individuo. Se propuso como meta la elaboración de una pedagogía nueva: «la sugestopedagogía» o «sugestopedia».
El estudiante adulto llega a clase con su bagaje de conocimientos, experiencias, actitudes, bloqueos o traumatismos, de los que en la mayoría de los casos es consciente. Sus aptitudes para el aprendizaje están ligadas a factores genéticos, socioculturales o experienciales, pero dependen en muchos aspectos de la actitud que presenta frente a la situación de aprendizaje.
Pimsleur, Mosberg y Morrison han estudiado la relación entre la actitud o la motivación y los resultados de sus estudiantes de francés, su segunda lengua. Las investigaciones y los estudios de Gardner y Lambert concluyen que el factor actitud es más importante que el factor aptitud.
Según Lozanov, la «sugestión» constituye un poderoso medio en manos de un pedagogo avisado. La sugestión sirve para elaborar y mantener, en la mayoría de los estudiantes, una actitud positiva de cara a la enseñanza, a la materia enseñada, al profesor y al aprendizaje.
Ejercerá su acción en varios planos:
1. En primer lugar, tratará de «desugestionar» al estudiante de las anteriores sugestiones negativas y, sobre todo:
a) todo ser humano tiene aptitudes modestas;
b) al envejecer, las aptitudes se reducen;
c) el estudio (el aprendizaje) es difícil y exige mucho esfuerzo y concentración;
d) se llega a aprender, después de varias lecturas y repeticiones de la misma lección.
2. En segundo lugar, facilitará la relación profesor-estudiante, estudiante-estudiante, profesor-estudiantes.
3. En tercer lugar, entrará como componente multidimensional del entorno y ayudará a la creación de una atmósfera sugestiva.
4. Por último, estimulará la memorización y contribuirá de ese modo a dar al estudiante satisfacción y confianza en sí mismo. Podemos definir la sugestopedia como una pedagogía optimista.
Lozanov se propone crear algo nuevo dentro de la pedagogía existente y para ello procura construir una nueva teoría del aprendizaje. Aunque de inspiración psicofisiológica, toma también algunos datos de la teoría general de la información. Rechaza la antigua concepción pedagógica, basada en la teoría tomista, que daba el primer puesto al aprendizaje consciente, el del esfuerzo intelectual. En razón del secular contexto filosófico, se consideraba al hombre como representante del pensamiento, de la razón, de la inteligencia y se descuidaba hasta la existencia de sus «cualidades animales». La enseñanza tradicional intentaba sobre todo sacar partido de las «cualidades superiores» y desarrollarlas.
Utilizacion de las cualidades innatas
Para Lozanov, el hombre es ciertamente un animal pensante, pero precisamente la inteligencia y el razonamiento deben permitirle la utilización -la mejor utilización- de esas facultades innatas que le ha dado la naturaleza y que la civilización y la educación han embotado. ¿Cuáles son esas facultades? El movimiento, la vista, el tacto, el olfato, el gusto, todos los sentidos entreverados que forman la base del comportamiento y de la creatividad.
En el bebé, el aprendizaje se inicia con la sensación, la percepción, el movimiento, la experiencia corporal. En este estado elemental, el aprendizaje es más que otra cosa una conquista de la motricidad antes de convertirse en una conquista psicológica.
Los instintos, los automatismos, los reflejos, las emociones son casi siempre fruto de un aprendizaje inconsciente, visceral. Además, el pedagogo tampoco puede olvidar que el ser humano se aprovecha, desde su nacimiento, de la experiencia acumulada por el contacto de los excitantes subliminales y a través de las complejas relaciones sugestivas. Quien pase por alto esta experiencia, nunca podrá explicar la intuición, los sueños, la hipermnesia y otros hechos psíquicos fundamentales. La vida de todos los días rebosa de experiencia inconsciente y subliminal, cuyas internas relaciones pueden remontarse o no a la conciencia. Pero, aunque inconscientes, dichas experiencias enriquecen nuestra provisión de conocimientos. En condiciones especiales, pueden franquear el umbral y subir a la conciencia; la sugestión, en sus diversas formas de utilización, puede facilitar el paso a la conciencia del primer sistema de señalización al segundo.
De este modo, la sugestología arroja una luz especial sobre el proceso de aprendizaje, del que hace surgir el aspecto instintivo, inconsciente, natural y espontáneo. Los estudiantes aprenden con mayor facilidad y rapidez y de una manera más agradable, si la organización interna de la enseñanza llega a alcanzar las reservas de la actividad psíquica no consciente.
En la base de la teoría lozanoviana del aprendizaje hallamos los principios psicofisiológicos de Pavlov. Pavlov había definido la «conciencia» como un sector móvil de los grandes hemisferios, sector que posee una óptima sensibilidad. Ahí es donde se forman los reflejos condicionados y la diferenciación. En los demás sectores se sitúan las actividades no conscientes, los automatismos. El sector de máxima sensibilidad se sitúa, en el hombre, en las estructuras funcionales del segundo sistema de señalización, sin olvidar no obstante su interno vínculo con el primer sistema y las estructuras subcorticales e inferiores.
Antiguamente al primer sistema de señalización no se le consideraba como formando parte de la actividad nerviosa superior, lo mismo que a los sectores oprimidos del segundo sistema, que reaccionan a los excitantes exteriores, pero cuyas reacciones, provocadas por excitantes subliminales y débiles, no llegan a alcanzar al segundo sistema. Ahora bien, la ausencia de reacciones verbales o conscientes al nivel del segundo sistema no significa necesariamente que el reflejo se sitúe exclusivamente al nivel del primer sistema. Es muy posible que el segundo sistema perciba información fuera del sector de sensibilización óptima. Sería incluso lógico admitir con Lozanov que el segundo sistema de señalización participa en la recepción y programación de la información de un modo global y no a través tan sólo del «sector de sensibilidad máxima», sector de la conciencia. Al contrario (y las investigaciones de la psicología experimental avanzan en idéntico sentido), cabe admitir que todas las reacciones vegetativas que se desenvuelven en el plano funcional (por ejemplo, durante la hipnosis) han dejado rastros, información, en el segundo sistema. Si el tono cortical se encuentra en estado ordinario, los rastros de información no pueden pasar al «sector móvil de sensibilidad máxima». Pero, debido a que llegan a veces a manifestarse, a «salir del olvido», no podemos afirmar que no se sitúen en el plano del segundo sistema. Otro tanto sucede con todas las actividades organísmicas que pueden, a su vez, cambiar su curso mediante intervenciones sugestivas o verbales.
No nos es posible entender la naturaleza del trabajo de la corteza cerebral sin estudiar más a fondo los problemas relativos a las peculiaridades de la actividad psíquica no consciente. Esta constituye una de las formas de la actividad cognoscitiva del cerebro, mientras que la disposición interna individual, en cuanto manifestación de la actividad psíquica no consciente, representa el vínculo entre el aspecto informativo y el aspecto algorítmico de los conocimientos recibidos.
Si no otorgásemos la debida importancia a la función reguladora del inconsciente, no comprenderíamos ni los automatismos, ni el origen funcional de los actos del comportamiento, ni la naturaleza del sueño, ni los mecanismos fisiológicos de la resistencia a la enfermedad.
Segunda Parte
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