Tendemos a creer que una vez escrito el discurso, ya hemos hecho la más difícil, cuando en realidad no es así. La redacción supone simplemente una pequeña parte del trabajo de orador.
Una cosa es tener el texto plasmado en el papel y otra muy diferente sacar ese discurso del papel y hacérselo llegar a los oyentes de la forma más atrayente posible. Siempre con entrega y entusiasmo que se transmite más allá del mero papel.
Como bien hace cualquier actor una vez que recibe su papel lo práctica y ensaya durante muchas semanas y eso que son profesionales y en nuestro caso sin embargo pretendemos muchas veces que el discurso salga bien simplemente repasando lo escrito unos minutos antes de entrar.
Muchas veces la primera vez que pronunciamos en voz alta el discurso es cuando ya nos enfrentamos directamente al público, quizá lo hemos repasado mentalmente alguna vez pero en ningún caso lo hemos expuesto en voz alta.
Solo pronunciando el discurso repetidamente, mediante el ensayo, conseguiremos desarrollar los hábitos de la excelencia en este aspecto. El perfeccionamiento de esta técnica implica no solamente qué se dice sino sobre todo qué se dice y por qué se dice. Esto implica que de ese modo en el momento de la exposición oral el discurso ya forma parte de nosotros, casi ha llegado a ser como una segunda piel.
Al final lo que se busca es que nos sintamos y los demás nos perciban lo más naturales posibles en el estrado. Y por supuesto queremos conseguir que nuestros oyentes sean influenciados por lo que decimos y exponemos.
Los discursos no deben ser monólogos sino que más bien el objetivo inicial debe ser el encontrar y dar con un diálogo con el público. Se busca el interactuar con ellos y de ese modo llegar a influir mucho más fuertemente. Imponer la cuarta pared como forma de defensa les ayuda a algunos oradores a salir del paso pero realmente de ese modo no alcanza el verdadero objetivo de su exposición. Se pierde poder de convicción y empatía con los oyentes.
Al dar un discurso este debe ir adaptándose a las reacciones del público y para eso resulta imprescindible prestar atención a sus reacciones y respuestas.
Un discurso puede considerarse como exitoso cuando influya en los oyentes del modo en el que teníamos propósito de que ocurriera. De lo contrario, deberemos estar dispuestos a adaptarnos para alcanzarlo.
Así que olvídese de escribirlo y dejarlo en el cajón hasta el día del estreno y opte por una actitud mucho más activa, preparando el discurso como si se tratase del mejor papel de cine que ha representado en su vida.
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